Era un movimiento arriesgado, sobre todo teniendo en cuenta que Camilla Parker Bowles siempre ha sido alérgica a las cámaras y, sobre todo, a las preguntas de los periodistas. Pero le ha salido bien, muy bien desde el punto de vista de las Relaciones Públicas: Camilla Parker-Bowles, duquesa de Cornualles y futura reina consorte de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, ha accedido a posar para las cámaras del Vogue británico y ha protagonizado su portada. Una portada, desde luego, histórica. A pesar de que lleva ya 17 años casada con el heredero al trono de Inglaterra, Camilla aún no había protagonizado su portada del Vogue, algo que ya habían hecho todas las demás royals británicas.

Pero debió pensar, ¿por qué no? Al fin y al cabo, Camilla está de celebración este año por muchos lados. Para empezar, dentro de poco, el 17 de julio, cumplirá 75 años. Hace pocos días, el 13 de junio, la reina Isabel II la hizo Royal Lady de la Más Noble Orden de la Jarretera, la máxima distinción heráldica del país. Por no decir, claro está, que en febrero la soberana dio la campanada y, aprovechando un mensaje para conmemorar sus 70 años en el trono, anunció que «es mi deseo sincero que, cuando llegue el momento, Camilla sea conocida como Reina Consorte», un gesto que hace tan sólo diez años hubiese sido, sencillamente, impensable.

Pero el tiempo pasa y ahora las cosas son radicalmente distintas a la década de los noventa, cuando Diana de Gales era una estrella indiscutible despechada por su marido y Camilla era la mala del cuento. Fue vilipendiada y odiada a niveles tóxicos. Una vez, incluso, una mujer le arrojó verduras a la cabeza en medio de un supermercado.

El último paso de una cuidada campaña de marqueting

Hizo falta una estudiadísima campaña de marqueting orquestada al milímetro para que Camilla fuera aceptada por el pueblo como esposa de Carlos de Inglaterra. Ganarse a la familia fue otro percal: no es ningún secreto que Isabel II, al principio, no quería ni verla. Aunque la relación entre la reina y Diana de Gales fue turbulenta, Isabel también veía a Camilla como una adúltera que había ayudado a provocar uno de los mayores quebraderos de cabeza de su reinado.

Camilla Parker-Bowles, desde luego, no lo tuvo fácil para levantar la cabeza. Pero lo hizo. Por muchos defectos que tenga, también tiene virtudes incólumes: tiene una disciplina de hierro, es muy discreta y sabe como no meter la pata. Siguiendo el manual de la alta aristocracia británica, jamás se quejó en público ni puso mala cara. Sonrió, trabajó y siguió adelante. El tiempo la ha recompensado: no sólo lleva más de una década casada con el heredero al trono, sino que un día será coronada en la abadía de Westminster.

Posar para Vogue, aunque parezca una nimiedad, es otro gran paso. Es una muestra del reconocimiento creciente que está teniendo. Por lo que se ha podido saber, Camilla posó para el fotógrafo Jamie Hawkesworth en abril. La sesión se desarrolló en Clarence House, la residencia oficial del príncipe de Gales y su esposa. La sala escogida fue la llamada «Garden Room», una de las más elegantes con sus tapices antiguos y sus antigüedades rodeando mullidos sofás. Es una sala con muchos libros (Camilla Parker-Bowles es una adicta a la lectura, lanzó ha ce poco su propio club de lectura online y su trabajo como duquesa está muy centrado en fomentar los hábitos lectores y la pasión por los libros). También hay muchas fotografías familiares, sobre todo de los príncipes Guillermo y Enrique, hijos de Carlos. A nadie se le escapó que también había un gran retrato de los duques de Sussex, Meghan y Enrique, en un lugar de honor. ¿Una rama de olivo que Camilla quería lanzar a los Sussex? Todo apunta a que sí…

Con vestidos del diseñador de Diana

Camilla apareció en la sesión de fotos con un traje largo azul marino de Bruce Oldfield Couture, un movimiento también arriesgado: el tal Bruce Oldfield fue uno de los diseñadores de cabecera de la malograda Diana de Gales. Pero la (alargadísima) sombra de Diana ya va quedando atrás y lo que antes hubiese sido un insulto mayúsculo (usurpar un diseño) ahora ha quedado en simple anécdota. Es lo que tiene el paso de los años: de la muerte de Diana en aquel fatídico accidente debajo del Pont d’Alma de París ya han pasado décadas y muchos, sobre todo los más jóvenes, sólo recuerdan a la mítica princesa de Gales a través de The Crown, de Netflix.

Camilla reconoció en la entrevista que es una adicta al Wordle, pero sobre todo habló de su trabajo apoyando a causas en las que cree firmemente. Una es la lectura; la otra es ayudar a mujeres que han sido violadas o han sufrido violencia de género. No es un tema sencillo, pero Camilla se ha volcado en este último ámbito y ha dado unos cuantos discursos muy valientes al respecto. Recientemente, además, se ha convertido en patrona del Mirabel Centre, el primer centro específico en Nigeria para ayudar a mujeres que han sufrido violencia sexual.

Cómo ha sido ser «la otra»

Obviamente, en la entrevista de Vogue también se habló de lo que Camilla tuvo que pasar por ser «la otra» o, como la llamaba Diana, «la tercera del matrimonio». «No fue fácil», reconoció la duquesa de Cornualles. «Me escudriñaron durante un periodo de tiempo tan largo que tuve que hallar una manera de vivir con ello. A nadie le gusta que te miren todo el rato y que te critiquen, pero al final, conseguí reponerme y seguir con mi vida».

¿Cómo es su vida con Carlos? Entretenida, vino a decir ella. Los dos tienen agendas muy apretadas (sobre todo él) y apenas tienen tiempo para verse, pero intentan sacar momentos del día para estar juntos. Generalmente es por la tarde, delante de una taza de té. La jardinería también es una pasión compartida.

Inexplicablemente, quedó una pregunta en el aire. ¿Cómo se ve de reina consorte? Vogue no entró en esos berenjenales y Camilla tampoco debía tener una respuesta. El tiempo, eso sí, lo dirá cuando pase.