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Freddie Mercury, el gran fingidor

El 24 de noviembre de 1991 el cantante de Queen dejó este mundo, un día después de confirmar lo que todos sospechaban

Freddie Mercury de la banda de rock británica Queen actuando en CNE Grandstand en Toronto

Freddie Mercury de la banda de rock británica Queen actuando en CNE Grandstand en Toronto EP

El 23 de noviembre de 1991, Freddie Mercury puso fin al secretismo y las especulaciones sobre su delicado estado de salud, el cantante de Queen confirmó que tenía sida. Una enfermedad que lo mataba en silencio, dejando indefenso a quien durante tanto tiempo había luchado consigo mismo y contra los rumores que lo perseguían.

Su última aparición en público había sido el 18 de febrero de 1990, durante la entrega de los Brit Awards. Macilento y sin bigote, con un traje cruzado gris que cubría más hueso que carne y luciendo una palidez enfermiza. «Gracias, buenas noches», fueron sus únicas palabras durante la gala. La prensa sentenció: Mercury estaba muy enfermo, mientras Brian May y Roger Taylor echaron un capote sobre su compañero: «Freddie no tiene sida. Sólo está pagando momentáneamente la salvaje vida de rockero».

Intenso, elocuente y poderoso sobre el escenario, la realidad es que Freddie Mercury era una persona tímida y muy celosa respecto a su vida privada. Incluso hoy en día sigue sin estar clara la fecha exacta en la que la voz de Queen supo que era seropositivo. Barbara Valentin, pareja de Mercury entre 1983 y 1985, dijo que había recibido el diagnóstico seis años antes de su muerte. Sin embargo, la biografía Mercury & me escrita por Jim Hutton (última pareja del músico), establece dicha fecha en la Pascua de 1987.

Lo que sí se sabe a ciencia cierta sobre ese año, es que Mercury alcanzó el número cuatro en las listas británicas con el lanzamiento del single en solitario: The Great Pretender (el gran fingidor), un tema grabado originalmente por el grupo doo wop, The Platters. Una canción que habla de la soledad de aquel que oculta su dolor fingiendo que todo va bien.

Soy el gran fingidor, fingiendo que me va bien, mi necesidad es tal que finjo demasiado, me siento solo pero nadie podría decirlo

Traducción de The Great Pretender

Y es que el artista que escribió Bohemian Rhapsody se pasó gran parte de su vida fingiendo ser alguien que no era por el miedo al estigma. Erigido como icono LGTBI y símbolo de la visibilidad del VIH, su ejemplo no fue tan admirado mientras vivió. Desde el activismo homosexual fue duramente criticado por ser ambiguo a la hora de admitir su sexualidad y por esconder su condición de portador del virus de la inmunodeficiencia humana.

El VIH ha sido y es una de las enfermedades con más prejuicios del planeta. De aquella epidemia de los ochenta se culpabilizó a colectivos marginales como drogadictos, homosexuales y prostitutas, provocando un estigma social tan profundo y difícil de borrar, que aún hoy en día, con toda la información que se tiene sobre la enfermedad, continúa arrastrando.

Al miedo a morir de una enfermedad incurable, se sumaba el miedo al rechazo de toda una sociedad. Pues, a pesar de la apariencia aperturista y edulcorada que se tiene de la década de los ochenta, la realidad era bien distinta, incluso en un país tan avanzado como se puede pensar que era Reino Unido. De hecho, en 1986 el gobierno de Margaret Thatcher la polémica sección 28, que obligaba a las autoridades locales a no «promocionar intencionadamente la homosexualidad o publicar material con la intención de promocionar la homosexualidad» o «promocionar la enseñanza de la aceptabilidad de la homosexualidad como una supuesta relación familiar en cualquier escuela subvencionada»; una ley que estuvo vigente hasta 2003.

Mercury introducía los medicamentos en su mansión con total secretismo, para evitar las sospechas. Negaba por activa y por pasiva su enfermedad, mientras lidiaba con la prensa por la repercusión de su vida licenciosa y su condición de homosexual. El amarillismo sensacionalista lo acosaba, tratando de buscar una exclusiva, cuanto más se encerraba era el búnker, más curiosidad provocaba a los periodistas. La ausencia de actuaciones desde 1986, el esmero con el que ocultaba su intimidad y el evidente deterioro de su salud hacían de la enfermedad de Freddie Mercury un secreto a voces difícil de ocultar hasta que llegó el día de la confirmación.

«Siguiendo la enorme conjetura de la prensa de las últimas dos semanas, es mi deseo confirmar que padezco sida. Sentí que era correcto mantener esta información en privado hasta el día de la fecha para proteger la privacidad de los que me rodean. Sin embargo, ha llegado la hora de que mis amigos y seguidores conozcan la verdad y espero que todos se unan a mí y a mis médicos para combatir esta terrible enfermedad. Mi privacidad ha sido siempre muy importante para mí y soy famoso porque prácticamente no doy entrevistas. Esta política continuará», rezaba el comunicado de aquel 24 de noviembre de 1991.

Farrokh Bulsara, popularmente conocido como Freddy Mercury, pasaba a engrosar una lista de famosos con sida a la que antes habían pertenecido Rock Hudson, Anthony Perkins o Gia Carangi. El icono del rock dejaba de fingir para dar visibilidad mundial a una enfermedad tan estigmatizada como peligrosa. Sin embargo, poco duraría la satisfacción tras haber realizado este acto de valentía. Al día siguiente de redactar la nota informativa, el 24 de noviembre de 1991, Mercury moría a la edad de 45 años. La causa oficial de su muerte fue bronconeumonía complicada por el sida.

A pesar de lo que muchos pueden pensar, el anuncio de su enfermedad no fue en vano y originó una solidaridad generalizada en torno al problema del sida. En abril de 1992, sus compañeros de Queen fundaron la Mercury Phoenix Trust y organizaron el concierto tributo a Freddie Mercury para la concienciación del sida.​ El concierto, que tuvo lugar en el estadio de Wembley, incluyó actuaciones en directo de Metallica, George Michael, Lisa Stansfield, Def Leppard, Guns N Roses o Liza Minnelli entre otros. Un concierto retransmitido por la televisión pública para todo el mundo con quinientos millones de espectadores que, aunque quizá no fueran totalmente conscientes de ello, estaban contribuyendo a desestigmatizar el sida en nombre de Freddy Mercury, el fingidor que pudo despedirse del mundo contando su verdad.

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