Conservar los tomates frescos a lo largo de semanas resulta un proceso complicado, sobre todo cuando se ablandan rápidamente o comienzan a perder sabor desde el momento mismo en el que llegamos a casa. Pero existe un método sencillo, muy práctico que nos permitirá aumentar su duración hasta 30 días sin moho o ningún tipo de deterioro. Hay que seguir unos pasos sencillos y saber por qué este método funciona con tan buenos resultados dentro del frigorífico en cualquier época del año.

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El método para conservar tomates

La forma en que se colocan tienen un efecto directo en su durabilidad o durabilidad. Almacenar los tomates con la parte del tallo hacia abajo ayuda a sellar de forma natural la parte más delicada del tomate. Al hacerlo, favorecemos que haya menor entrada de aire y microorganismos, ayudamos a mantener la firmeza durante más tiempo y evitamos que pierdan jugosidad de manera prematura. En el caso de una humedad controlada, sólo así la resistencia de los tomates al ablandamiento y a la conservación de los sabores originales será posible.

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El papel de cocina y el recipiente hermético

La utilización de un envase hermético es el aspecto determinante para evitar que el frío del frigorífico los reseque antes de su consumo o acelere su deterioro. En el fondo, así como en la parte superior del envase, será conveniente introducir papel de cocina limpio. Esto servirá para eliminar el exceso de humedad y a proteger la superficie del fruto. Si se apilan tomates, se puede introducir un nuevo papel entre las filas, de todos modos, los tomates se cubren entre ellos presentando capas con un control del aire homogéneo.

Cómo guardar los tomates

Para que el método no falle, el envase debería estar perfectamente limpio y totalmente seco. Así, bastaba cubrir el fondo con una capa de papel de cocina que hiciera de sustrato que absorbe el líquido. Después se podían colocar los tomates sin lavar, siempre con la parte de la parte del pedúnculo hacia abajo. En esa posición eran favorecidos en su conservación, y a la vez con la posición se conseguía que la humedad interna no se escape demasiado rápido, lo que permitía que el tomate durase notablemente más de lo que de otro modo podría haber durado.

Organización dentro del frigorífico

Una vez que se coloca el papel de cocina, se coloca otra capa de papel de cocina por encima. El cierre de la caja debe ser hermético de manera que no entre aire frío en exceso. Si la tapa no cierra bien, una capa de film alimentario ayuda a cerrar completamente. Guardar el recipiente en una zona del frigorífico que mantenga la temperatura estable puede dar un extra de protección. También puede ser interesante revisar los tomates cada cinco o siete días y cambiar el papel de cocina llegado el caso de que haya acumulación de humedad.

Así funciona este método para conservar los tomates

El frío retrasa la maduración del fruto, pero el papel de cocina y el recipiente hermético previenen la pérdida de textura. Este balance provoca que la pulpa se mantenga firme y retrasa los hongos en la maduración. Los tomates firmes y sin estar apretados son especialmente buenos con este método, y se conservan de veinte a treinta días en las óptimas condiciones gracias a la maduración.

Ventajas frente a otros métodos caseros

Otras técnicas pueden ser responsables de la pérdida de sabor o bien, de provocar un exceso de condensación. En cambio, al colocar los tomates en posición invertida, junto con un control de la humedad, creamos un entorno seguro y muy estable. Es así que los tomates se mantendrán frescos semanas y estarán listos para comer sin que jamás se alcancen a ablandar ni a perder su calidad original.