Durante veinte años, Francisca Artigues, madre de Miquel Barceló, ha bordado sobre manteles, edredones, cortinas o servilletas los dibujos del pintor mallorquín, que cobran otra dimensión en la exposición Vivarium, donde, desde hoy, queda expuesto el «hilo» que les une, más allá de lo familiar.

«Cada uno de estos bordados tenía una función y todos eran para alguien, para una mesa concreta o una cama concreta. Ni siquiera pensamos que eran obras de arte, pero creo que está bien enseñarlos con esta humildad, sin más pretensiones», ha subrayado Barceló esta mañana durante la presentación de la muestra, que permanecerá en el Jardín Botánico hasta el 6 de enero.

Francisca Artigues bordando

Francisca Artigues bordando

Junto a él ha acudido su madre, ilusionada por ver cómo sus horas de trabajo dedicadas a decorar objetos funcionales con punto mallorquín se entienden ahora como un proceso artístico: «Siempre fue divertido y diferente, pero duro», confiesa.

Así, Artigues (Felanitx, 1926) ha explicado a los medios de comunicación la forma en la que trabajó mano a mano con su hijo: «Él me traía los papeles con dibujos y yo los calcaba con papel transparente. Para mí era como pintar bordando y me realizaba también», ha apuntado delante de la pieza que da nombre a la exposición, Vivarium, y que se entiende como «un contenedor de seres vivos».

«Con este Vivarium estuvo tres años bordando y seguíamos añadiendo imágenes. Podría haber sido infinito, ya paramos por agotamiento», ha añadido en tono bromista el pintor, que ve reflejado en los bordados de su madre todo su universo pictórico, en el que no faltan los animales ni las plantas.

La primera tela que Artigues bordó es la de un mantel blanco y azul que se expone sobre una mesa de madera: «Se me ocurrió hacerle un mantel con los colores del mar y los pececitos mediterráneos», relata la madre del artista, que terminó hace pocos días de bordar una de las trece piezas de gran tamaño que se exponen.

Hacer público algo tan cotidiano y familiar todavía les resulta algo «raro», revelan, pero a Barceló también le motivó la idea de mostrar una parte de su arte alejada de la «grandilocuencia», como esos cuadros que están en el taller y que todavía no tienen «estatus».

Se trataba, al mismo tiempo, de mostrar otro «hilo» que les une y que, más allá de lo familiar, representa una pasión común por el arte.  Coincidiendo con esta exposición se ha editado el libro Vivarium, que contiene alrededor de 50 fotografías de Jean Marie de Moral en las que se muestra el trabajo de Artigues y Barceló en su residencia familiar y en el taller del pintor en Mallorca.