La historia de Oscar Claud Monet empieza y termina en su jardín. El pintor impresionista más famoso de Francia culminó allí su obra observando la superficie del lago cubierto de nenúfares. Su pasión era pintar la luz, el agua y el aire a pesar de que sabía de una u otra manera que éste era un objetivo inalcanzable.

Nació en París y se trasladó a El Havre a los cinco años, se saltaba las clases para sentarse frente al mar. Empezó pintando caricaturas de los habitantes de la ciudad hasta que conoció a Boudin con el que descubrió la pintura de paisajes. Así decidió vivir toda su vida a orillas del río Sena en Normandía. Tanto amó el mar que quiso que sus restos permanecieran en una boya para flotar eternamente.

El pintor al aire libre se movía continuamente, sobre todo por problemas financieros, pero siempre terminaba viviendo a orillas del Sena. El río se convirtió en el epicentro de la vida del artista. Solía sumergirse en él puesto que consideraba necesario integrarse con la naturaleza para poderla transmitir como quería. Este fue el motivo por el que Monet instaló su estudio en un barco para poder elegir en cada momento el lugar y la perspectiva que quería pintar y estando más cerca del agua.

El Sena se convirtió en el epicentro de la vida del artista

Utilizó la naturaleza como un espejo para expresar lo que vivía en su interior. Se mudó a Francia en Argenteuil donde vivió con Camille con quien tuvo a su hijo Jean. Esta pasión por la naturaleza, la luz y el agua pronto le atormentó. Los cambios del clima y el mal tiempo le impedían trabajar al aire libro, lo que le provocaba episodios de ira y frustración.

Ross King, historiador y escritor, explica que “en la década de 1870 fue muy productivo pero era incapaz de vender sus cuadros por lo que tenía bastantes problemas económicos.” Nunca estaba contento con el tiempo que hacía, siempre había algo que no estaba bien, tenía un mal carácter permanente. Lo único que crecía en él era su obsesión por pintar. Así sobrellevó la muerte de su esposa al punto de pintarla ya no como a su esposa acabada de fallecer sino como a un objeto provisto de luz y sombras.

Nunca estaba contento con el tiempo que hacía, tenía un mal carácter permanente

También unió sinergias con artistas contemporáneos para hacer exposiciones lo que supuso un cambio frente al arte tradicional. En una exposición de la Sociedad Anónima de Artistas que incluía a Renoir, Degas y Cézanne, Monet expuso por primera vez Impresión, Sol Naciente, un cuadro que atrajo el interés de los críticos tanto para bien como para mal, lo que daría origen al nombre del Movimiento Impresionista.

El intelectual y político francés, Georges Clemenceau, se convirtió en el mayor defensor de Monet porque creía que él era el único que podía dar la nueva visión del mundo que él mismo necesitaba.

Con 40 años se mudó asu ciudad natal, Giverny, con una familia de 10 miembros en un pueblo de 200 habitantes, lo que llamaba la atención de los locales. También porque vivía con una viuda, Alice. Después de pasar toda su vida en busca de la naturaleza, Monet quiso acercar la naturaleza a él construyendo su propio jardín, una arquitectura vegetal en Giverny, su refugio.

Cuando llegó se encontró con un terreno, una parcela que con el tiempo convertiría en un gran y precioso jardín al que cultivaba a diario, realizaba injertos y se preocupaba por mantenerlo siempre limpio, verde y florido. Cosa poco habitual en una época en la que las personas sembraban para comer y no con un fin decorativo. Por eso algunos de sus vecinos lo tildaron de salvaje y surgieron conflictos incluso llegando a obligar a Monet a pagar por la naturaleza que pintaba para asegurarse de que podría acabar de pintar los almiares o antes de que talaran los árboles.

Hubo testigos de cómo Monet se deshacía de sus propios lienzos pisoteándolos o haciendo una hoguera con ellos

La obsesión por la pintura le causaba tal sufrimiento que llegó a lamentarse de ello. Pintaba bajo cualquier estado climático y hubo quién fue testigo de cómo Monet se deshacía de sus propios lienzos pisoteándolos o haciendo una hoguera con ellos. Intentaba una y otra vez capturar cosas intangibles como los reflejos del agua, las nubes en el cielo, los destellos del sol, o el paso de una estación a otra de las flores, lo que finalmente le llevó a admitir que era algo francamente imposible.

El jardín de Monet, un lugar absolutamente pensado y creado por él, siguiendo una escala de colores de los más fríos a los más cálidos, era una gran colección de luces. Sin embargo, había un elemento que hacía incompleto a este jardín para un hombre que siempre había vivido a orillas del Sena, el agua. Era capaz de ver la belleza debajo de la superficie, según decía su amigo Clemenceau, una visión prodigiosa.

Quería poner nenúfares sobre el agua y se encontró con la resistencia de los agricultores que pensaron en que ésto contaminaría las aguas y afectaría a la agricultura. Pero él estaba firme en su propósito. Entonces en la década de 1890, empezó a trabajar en el estanque de los nenúfares, lo que le llevaría más de 10 años. Los nenúfares eran su musa: una flor que podía aunar agua y luz. Era el inicio de una historia de amor que le acompañó hasta la muerte.

Los nenúfares eran su musa: una flor que podía aunar agua y luz

En 1909 expuso en París 48 cuadros que había pintado en el estanque de los nenúfares y causaron sensación. Era el resultado de un paisaje que él mismo había pensado, creado y posteriormente pintado. Entonces, era el pintor más famoso de Francia, conocido como el pintor de la felicidad. Pero pronto cambiaría.

La belleza requería tiempo y esfuerzo para mantenerla, y con el éxito que Monet había alcanzado todo se desvaneció. Un inesperado desbordamiento del Sena en 1910, provocado por una gran tormenta al norte de Francia, hizo que el estanque de los nenúfares quedará anegado bajo una gran capa de barro.

Alice, su segunda mujer, murió de leucemia quedando Monet viudo por segunda vez. La muerte de su hijo Jean, tras un largo sufrimiento, fue su golpe final. Como siempre, intentó sobrellevar el dolor a través de la pintura pero se dio cuenta que su valiosa herramienta, sus ojos, empezaban a fallar. Y dejó de pintar.

En 1914 Francia vivió unas elecciones claves para el país y los reporteros buscaban al político Clemenceau pero no daban con su paradero, estaba llevando a cabo un plan para conseguir que su amigo volviera a pintar. Monet no sólo volvió a pintar sino que inició uno de los proyectos más grandes y ambiciosos de su vida. Al mismo tiempo que sucedía esto, Francia entraba en la Primera Guerra Mundial y Clemenceau fue nombrado Ministro de Guerra.

Todos los franceses fueron llamados a las filas y Monet podía escuchar desde su jardín a los heridos agonizando, todos los jardineros fueron llevados a la guerra y sin embargo Monet no dio su brazo a torcer, “si los bárbaros quieren matarme, que lo hagan ante mis lienzos”, dijo.

Muchas de las obras de Monet reflejan plenamente su visión sobre la guerra

A menudo se piensa que las obras de Monet reflejan la felicidad pero lo cierto es que muchas de ellas reflejan plenamente su visión sobre la guerra. Irónicamente, el deterioro de su vista, que seguía empeorando, le permitió ver y expresar el mundo de “otra forma”, borroso. Lo que se convertiría en una fortaleza, en un valor añadido para la obra del pintor.

Los sauces llorones se convirtieron en el nuevo símbolo de un anciano apesadumbrado por el dolor de la guerra. Cuanto más intensa se volvía la guerra más profunda era su forma de pintar. La violencia del mundo que le rodeaba se le hacía insoportable y su respuesta fue un acto de paz. Llamó a este proyecto La Grande Décoration, su testamento artístico, la culminación de la larga búsqueda de su vida.

Estreno en cines

El próximo estreno de Los Grandes del Arte en el Cine ofrece una mirada única a la obra de uno de los artistas más influyentes de la Historia del Arte: Claude Monet.

Los Nenúfares de Monet, que se estrenará los próximos 14 y 15 de enero en más de 100 cines de toda España, ofrece un viaje a través de las obras y obsesiones personales del genio del Impresionismo. Desde la ciudad natal del artista, Giverny (Francia), pasando por el Musée D’Orsay, hasta adentrarnos en el Museo Orangerie y el Museo Marmottan Monet, santuarios de la obra de Monet en Francia.

El documental cuenta con la participación de la actriz Elisa Lasowski (Juego de Tronos, Promesas del Este), la renombrada fotográfa Sanne de Wilde y la responsable de los jardines en la Fundación Monet en Giverny, Claire Hélène Marron.

El film, dirigido y guionizado  por Giovanni Troilo, nos descubre cómo Claude Monet consiguió superar la depresión que le apartó temporalmente de la pintura, para finalmente emerger de su ostracismo artístico. Un resurgir que le llevaría a entregarse en cuerpo y alma a su obra más colosal: la Grande Décoration. Una serie de enormes paneles representando sus nenúfares en el lago, tan envolventes que el espectador no puede más que perderse en esta atmósfera de serenidad y paz.”