Es arte hecho con palabras, con ideas y reflexiones. Textos invitando a la agitación social callejera ante los problemas del mundo, de la humanidad y, en particular, de las mujeres. Jenny Holzer (Gallipolis, Ohio, 1950) descubrió su fuerza en la calle. Fue ahí donde inició una carrera de casi cuarenta años con posters pegados a escondidas en las calles de Nueva York. Cada uno encerraba una reflexion, una apelación al viandante a hacerlo con ella. Después llegaron las camisetas con sus frases, la piedras convertidas en ‘libros pétreos’ sobre los que analizar o los bancos de mármol transformados en rincones para pensar. En muchos casos, su habilidad está en la síntesis de conceptos complejos y discutidos en ideas sencillas, «las frases cortas son mi hábitat», asegura.

La trayectoria de Holzer es una sucesión de preguntas y reflexiones. «Al caer la noche tranquiliza ver a una chica acercarse o seguir tus pasos. Así es mucho menos problable que se asalten», dice uno de su textos. «Hay días que te despiertas y ya empiezas a inquietarte. No hay nada en concreto preocupante. Sólo la sospecha de que hay fuerzas preparándose en silencio y que habrá conflicto», dice otro.

Holzer asegura que «las frases cortas son mi hábitat»

Su trayectoria está plagada de reflexiones sobre la existencia humana, el poder, la violencia, el amor, el sexo o la muerte. Es uno de los referentes del movimeinto ‘Me Too’ impulsado por mujeres de todo el planeta y con las que ella se siente identificada, «soy artista y feminista», apunta convencida, «no sé si artista-feminista, pero lo que seguro que no hago es pedir disculpas ni minimizar los problemas de las mujeres».

Aliviar el sufrimiento

Asegura que su trabajo es una invitacion a reflexionar y, en el mejor de los casos, a actuar. «Yo no voy a salvar el mundo, pero uno debe haer lo que es capaz de hacer, si puede aliviar el sufrimiento del prójimo ya habrá hecho algo concreto». Reconoce que su infancia no fue sencilla sino más bien «difícil»: «Por eso creo que tengo ese sentimiento de ayudar donde pueda». Rechaza la indiferencia y la falta de acción ante una injusticia o un abuso, «son terribles».

Jenny Holzer (Gallipolis, Ohio, 1950)

Desde esta semana el Museo Guggenheim de Bilbao le dedica una exposicion, que permanecerá hasta el 9 de septiembre, titulada ‘Jenny Holzer. Lo indescriptible’ en la que a lo largo de casi 150 obras de la artista norteamericana se descubre el poder de su apuesta por hacer del texto un arma combativa y artística al mismo tiempo. La pinacoteca bilbaína da la bienvenida a los visitantes con otra de las modalidades artísticas empleadas por Holzer, las proyecciones de sus reflexiones. En este caso, el Guggenheim Bilbao lo hace proyectando en una de sus fachadas algunas de sus frases más relevantes, así como poesías de más de una docena de poetas en varios idiomas. «La poesía puede ser algo amable o devastador», asegura Holzer.

La indiferencia y la falta de acción ante una injusticia me parecen algo terrible»

En el interior, una de las salas del museo se ha dedicado exclusivamente a exponer cientos de sus manifiestos. Varios de ellos son los que Holzer denominó ‘Truismos’, declaraciones compuestas por una sola frase y que la artista escribió entre 1977 y 1979. Se trata de 250 manifiestos en los que se incluyen afirmaciones similares a aforismos, máximas o clichés en torno a planteamientos filosóficos, teóricos o políticos. Los ‘Truismos’ de Holzer se convierten en frases capaces de reducir una idea compleja y controvertida en afirmaciones sencillas. Aparecieron por primera vez en Manhattan en forma de posters callejeros anónimos pegados con engrudo en las calles de la ciudad. Tiempo después alos plasmó en gorras, camisetas, letreros electrónicos, bancos, suelos de piedra.

‘Truismos’ y ‘Ensayos incendiarios’

Considera que un letrero o poster callejero brinda al artista el tiempo que un viandante tarda en recorrer unos pocos metros al pasar por su manifiesto: «Con ‘Truismos’ ofrezco lo que funciona en cuestión de segundos o en periodos de tiempo ligeramente más largos para aquellas personas que quieran y puedan concentrarse».

En esta sala, en la que los posters en blanco y negro se funden en otros multicolor, y todos ellos en varios idiomas -se han traducido muchos al castellano y al euskera- también se exhiben los llamados ‘Ensayos incendiarios’ que Honzel creó entre 1979 y 1982. La particularidad y diferencia respeto a los ‘Truismos’ es que los ‘Ensayos incendiarios’ se limitan a textos de cien palabras y veinte líneas de extensión. También en ellos se propugna una ideología, un punto de vista sobre una cuestión actual con el fin de impulsar al espectador a un cambio social, y concienciarle del poder de la propaganda como herramienta de manipulación de la opinion pública y las condiciones para conducir hacia una revoluacion.

La aparición del Sida acentuó sus reflexiones sobre la muerte, plasmadas en sarcófagos

Holzer ha reflexionado mucho sobre la muerte. Lo plasmó en sarcófagos de piedra, escritos durante los años más duros del SIDA. Obras con las que describe la muerte con frases de ‘hablantes anónimos’, entre los que sitúa a niños, hombres y mujeres. «Cuando las palabras están grabadas en piedra se pueden tocar, leer con la mano y quizá percibirse de forma distinta a cuando están escritas en papel. El mármol y el granito congelan el tiempo, mientras que los letreros eletrónicos y las proyecciones comunican de modo diferente», asegura la autora.

Las mujeres y la guerra

En otra de las salas se exhiben varios bancos con frases de Holzer, pero también otros soportes como los letreros esmaltados. Holzer recurre a ellos sabedora de que estos soportes traen a la memoria del espectador «los modos oficiales de presentación y alocuación pública, tales como los letreros de las calles que vemos en áreas urbanas». Un soporte para el «lenguaje institucionalizado» que Holzer emplea para decir algo que no se espera en un soporte así.

La guerra y sus abusos es otro de los temas que incluye la muestra del Guggenheim. En una de las salas un led robotizado completa una instalacion de bancos de piedra para escenificar el caos y la destruccion. En ‘There Was a War’ (Hubo una guerra)  se incluyen 131 relatos de testigos presenciales de la crisis de los refugiados. En la muestra aparecen pinturas que Holzer ha realizado incluyendo como fuentes de inspiración material sereto desclasificado de las operaciones militares en Afganistán e Irak y empleando para ello documentos del FBI relativos a amenazas terroristas.

La violencia contra las mujeres y las agresiones sexuales contra ellas centran otro de los espacios de la muestra. La instalacion ‘I woke up naked’ (Me desperté desnuda) ofrece testimonios de víctimas de agresiones sexuales y violaciones. Algunos de los testimonios corresponden a mujeres vascas y otras de testimonios recabados por diversas organizaciones internacionales