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Neon Spidertag: «La interacción en el arte actual es imprescindible desde el punto de vista de la rabiosa modernidad»

Neon Spidertag junto a su obra Interactive Neon Mural #10 INM#10 (en Lyon, Francia 2020) para el Festival Peinture Fraiche

Neon Spidertag junto a su obra Interactive Neon Mural #10 INM#10 (en Lyon, Francia 2020) para el Festival Peinture Fraiche Neon Spidertag

De espaldas o con la cara tapada por una gorra, una mascarilla y sus características gafas de luces LED. De él, poco más se conoce, además de que es un artista español que esconde su identidad bajo el pseudónimo de Neon Spidertag. 

Un creador que, desde sus inicios en el arte urbano, ha logrado convertirse en una de las figuras emergentes actuales dentro del muralismo a nivel internacional. Su incursión en la experimentación con las luces de neón, que son el buque insignia del misterioso personaje, le han convertido en el Mejor Artista Urbano en 2018 y le ha permitido exponer, además de en España, en EE.UU., Canadá, Suecia, Noruega, Francia, Portugal y Finlandia. 

Interactive Neon Mural #6 -INM#6– (Iisalmi, Finlandia, 2019) para el festival Upeart

Ahora, tras apagarse a finales de septiembre su trabajo Interactive Neon Mural#11 en el madrileño Edificio Plaza España – presentado en la exposición colectiva Art Battalion V – Spidertag continúa afrontando nuevos retos artísticos, como el recién estrenado encendido de su Interactive Neon Mural #12 en la ciudad de las luces por excelencia: Las Vegas.

Pregunta- En el 2008 comienzas a dar tus primeros pasos en el arte callejero a través del graffiti. ¿Qué te llevó a querer hacerte un hueco dentro de este mundo?

Respuesta –
Fue una búsqueda espontánea, una improvisación premeditada. Nunca quise hacerme un hueco porque para mí fue, durante mucho tiempo, un juego que tenía el sabor a desafío, a la aventura de crear en la calle, sin permiso. Eso me resultaba muy atractivo y divertido. Y fui probando muchas técnicas -nunca hice graffiti de letras tradicional-, muchos estilos; siempre con la idea de hacer algo diferente, ya fuera pintando – con spray, con brocha, con pértiga – o realizando intervenciones efímeras, esculturas, probando materiales y un largo etcétera. El arte urbano, como escuela alternativa. Para mí, ahí había una libertad creativa, un fulgor que me atrapó.

P- Sin embargo, ese trabajo inicial difiere de los grandes murales de neón en los que hoy pones principalmente tu atención. ¿Cómo ha sido la transición de tu trabajo a lo largo de los 13 años que llevas en activo?

R
Tiene que ver con la necesidad de experimentación, del aprendizaje… el ensayo y error. Al final, es un proceso, el arte, de vida. Empiezas por un lugar y luego vas cambiando, vas probando otras cosas y vas descubriendo tu lugar, lo que te hace más feliz, lo que se te da mejor, lo que te gusta menos… Y así se va configurando una carrera. Soy una persona muy inquieta…

P- A día de hoy las luces de neón son parte fundamental de tus proyectos, tanto es así que lo has incorporado a tu pseudónimo. ¿Cómo se te ocurrió comenzar a trabajar con ellas?

R
Del año 2013 al 2015 se produjo en mí un momento de quiebre personal y artístico. Necesitaba un cambio y dar un paso adelante. Tal vez fue el momento de encauzar mi carrera hacia la profesionalización total. Quería renovarme y desarrollar algo que fuera personal, único y que me posicionara en el mundo del arte urbano a nivel global. Es una sensación muy bonita y también muy estresante, porque es un deseo que lleva mucho sacrificio; más en el mundo del arte y de la cultura, que son tan frágiles y funambulistas.

Interactive Neon Mural #12 -INM#12– (Las Vegas, Estados Unidos) para Life is Beautiful / Foto de Justkids


Había trabajado con luz ultravioleta varias veces, me fascina Dan Flavin y entre muchas pruebas y errores, descubrí unos nuevos elementos que se usaban para iluminación: decoración de jardines, exterior… Ahí vi que había una posibilidad increíble de tomar esos materiales y reconfigurarlos en otra dirección: el muralismo actual.

P – ¿Cómo es el proceso de creación de los murales?

Siempre hay un diálogo con el especio, con el edificio

Neon Spidertag



R –
Todo empieza con la selección de la pared correcta. Es fundamental porque trabajo con la arquitectura, con el espacio y también con el entorno. Y ahí planteo un boceto, una idea, unos colores. Es un proceso que lleva tiempo hasta que se concreta y donde participan desde instituciones públicas y privadas a varias personas que realizan distintas tareas: organización, curadores, asistentes, electricistas…

A pesar de que cada vez expones con más asiduidad en lugares de bastante tránsito (como ha sido el caso de los últimos murales expuestos en Las Vegas o en Madrid), comenzaste a presentar tu trabajo en neón en lugares algo más apartados. ¿Qué aporta el espacio a cada obra en la que se expone?

R –
Siempre hay un diálogo con el espacio, con el edificio. Las paredes son muy distintas en cada proyecto y eso también es un desafío. Me paso a veces un día entero probando tornillos hasta dar con los apropiados para realizar el anclaje de los neones. Y es un trabajo muy, muy físico. Un mural grande pueden ser más de 1000 agujeros en una pared -calculo por el tamaño el tiempo que necesito-.

Alguna vez me tocó hacer un techo gigante y acabé con problemas de cuello, espalda y hombros bastante serio. Es un trabajo tedioso, exhaustivo -porque por lo general hay pocos días para el montaje- pero cuando está terminado, es lo más parecido a la felicidad que he experimentado.

P – Tus influencias van desde el constructivismo ruso hasta los videojuegos, pasando por la música y la ciencia ficción. ¿Cómo quedan reflejadas en la obra?

R –
En la ciencia ficción, creo que la influencia se nota en esa sensación al estilo Blade Runner, el monolito de 2001 o Tron. En la música, diría que es como una canción de Daft Punk y en los videojuegos, el Tetris de 8bits. En la literatura, el ciber punk y el constructivismo ruso queda impregnado por las formas, la composición…

P- En las últimas obras también ha cobrado fuerza la simbología y el lenguaje, lo que ha dado lugar a un concepto a través del que defines tu obra: el “primitivismo futurista”. ¿En qué consiste este estilo propio?

R-
La definición suele venir a resultado puesto. Fui investigando, probando y pensando y de ahí se me ocurrió esa dicotomía para definir mi trabajo y también mis intenciones: unas formas muy ancestrales, como de la época de las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad entremezclado con un nuevo material que da la sensación de vanguardia, más la idea del smartphone con la APP para modificarlo.

P – A través de elementos como esta APP de la que hablas permites al espectador modificar parte de los murales. Y es que en tus creaciones das una gran importancia a la participación de quien disfruta de tu obra. ¿Por qué consideras tan relevante que el espectador forme parte de tu trabajo?

R –
Para mí eso fue fundamental y fundacional de mi trabajo actual, de ahí que forme parte del concepto que ideé con esas dos palabras para definir mi trabajo. Creo que la interacción en el arte actual es imprescindible desde el punto de vista de la rabiosa modernidad, desde una apuesta por dar un paso más en el arte urbano.

Me siento muy orgulloso de haber desarrollado un nuevo tipo de muralismo donde con una APP, la gente puede interactuar con la obra. Me encanta y, por las reacciones que he experimentado en muchas ciudades, a la gente le suele flipar.

Interactive Neon Mural #4 INM#4 (Montreal, Canadá, 2019) para Mural Festival / Foto de Jonathan Desrosiers

P – Comenzaste a trabajar en este tipo de arte en España, pero a lo largo de tu carrera has tenido la posibilidad de presentar tus proyectos en EE.UU., Canadá o Francia. ¿Cómo fue dar el salto hacia la esfera internacional?

R –
Fue y es – aunque la Covid-19 frenó in extremis mi proyección- un sueño. Soy feliz viajando, conociendo culturas y personas y llevando mi trabajo por todo el planeta. Es un desafío y una expansión personal que me llena de orgullo y en la que aprendo en cada nuevo desafío.

Este año, siguiendo con el tema pandémico, viajé a realizar un intervención inmersiva en Timisoara (Rumanía), y de paso, me terminé vacunando allí, bastante meses antes de lo que me hubiera tocado aquí. Me resultó muy divertido que Drácula me inyectase la monodosis, allí la juventud estaba ya toda vacunada. Estaba yo sólo en el ‘vacunatorio’, donde me pasé un rato hablando con las enfermeras y médicas, contando historias de aquí y de allá. Y después de todo el sufrimiento que pasé como persona y como sociedad, fue muy esperanzador aquello.

P – Teniendo en cuenta tu experiencia tanto a nivel nacional como mundial, ¿crees que se valora de la misma forma el trabajo de los artistas en España como en el resto del mundo?

R –
Aquí hay un talento excepcional que en algunos casos se valora muchísimo a nivel mundial y, en otros casos, no tanto. Hay gran cantidad de artistas urbanos del pasado y presente que son muy interesantes y que tienen proyección internacional. A algunos se los promociona y valora localmente y a otros menos…

A mí se me ha hecho más fácil trabajar fuera de España que dentro. Me entendieron más afuera. Trabajando con “lo nuevo” a veces pasa. Me hubiera gustado que fuera distinto, pero lo importante es siempre seguir la propia intuición y visión. No hay que quedarse esperando nada, ni a nadie.

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