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Expandir a Munch o retar a Dalí: los artistas de la IA abren un nuevo horizonte para la creatividad

'El caminante sobre el mar de las nubes' de Caspar Friedrich David ampliando con Wall-E 2. Instagram / @ainterestingaf

A finales del siglo XIX, con la consolidación de las nuevas formas que la tecnología dotó al hombre para capturar imágenes de la naturaleza, como fueron la fotografía o el vídeo; el arte experimentó una profunda transformación que cambió radicalmente la trayectoria hacia la que tradicionalmente se había dirigido hasta formar la ecléctica idea que tenemos de él en la actualidad.

Es imposible explicar el desarrollo de movimientos como Impresionismo y Expresionismo, abstracción o Vanguardias, sin tener en cuenta el impacto que ha tenido la imagen capturada en la formas de representación modernas.

Charles Baudelaire que, además de ser un excelente poeta fue uno de los primeros críticos de arte, marcó las pautas de cómo tenía que ser el artista moderno y fue muy vehemente en su defensa del componente humano en la creación artística. En aquel momento de crisis en el que el realismo perdió parte de su razón de ser, no dudó en ningún momento en reivindicar el papel del artista como creador.

Hoy en día términos como creación, técnica u originalidad se encuentran de nuevo en plena reconfiguración por causa de la tecnología. En este caso, «la culpa» la tienen innovaciones como los NFT o la Inteligencia Artificial (IA).

Creaciones de la IA en Craiyon, de Dall-E mini, escribiendo la palabra ‘Art’. Craiyon

Una vez superado el trauma que provocó la imagen capturada y que ha supuesto la consideración de ramas artísticas como el cine o la fotografía; el desarrollo imparable de la IA llega con un nuevo dilema, pues ahora mismo es posible formar imágenes totalmente nuevas con solo imaginarlas.

Aunque existen varias formas de acceder a este tipo de herramientas, uno de los ejemplos más conocidos es Dall-E, una IA nacida en 2021, que pertenece a Open IA: una compañía sin ánimo de lucro cofundada por Elon Musk y Sam Altman en 2015 que desarrolla la inteligencia artificial.

Dall-E fue bautizada con un juego de palabras entre el robot WALL·E de Pixar y el pintor surrealista Salvador Dalí. Su propósito es impulsar la capacidad creativa de esta tecnología, aprendiendo a construir imágenes a partir de simples frases en lenguaje natural.

«Puede crear obras de arte originales y combinar conceptos, atributos y estilos, puede ampliar las imágenes más allá de lo que hay en el lienzo original, creando nuevas y amplias composiciones, puede tomar una imagen y crear diferentes variaciones de la misma inspiradas en el original», explican sus creadores.

Es decir, las posibilidades de creación apenas ponen límites a la imaginación. La última versión, Dall-E 2, es capaz de reinterpretar grandes obras de la historia del arte, expandiendo sus fondos, ampliando su composición y copiando el estilo de una forma increíblemente verosímil.

Podemos encontrar la respuesta a cómo serían el pueblo que aparece en La noche estrellada de Van Gogh, o el alegórico paisaje al que se enfrenta El caminante sobre el mar de nubes de Caspar Friedrich David; magnificar la angustia en El grito de Munch, o ampliar la dilatación del tiempo en La persistencia de la memoria de Dalí.

Las posibilidades de la Inteligencia Artificial ofrecen una nueva forma de dar rienda suelta a sus fantasías a aquellos cuya destreza técnica no es capaz de equipararse a su imaginación. Por eso, su aplicación en ámbitos como la ilustración o el storytelling parece inevitable.

De hecho, en junio de este año, Dall-E ilustró la portada de Cosmpolitan, para introducir precisamente el tema de la IA en el arte. Con el texto: «Descubra la primera portada de revista hecha con Inteligencia Artificial del mundo», marcaban un precedente a la hora de encontrar una utilidad comercial y artística para la IA, «y sólo ha tardado 20 segundos en hacerse», apostillaban.

Los usuarios de DALL-E tienen además todos los derechos para utilizar comercialmente las imágenes creadas, incluido el derecho de reimpresión y venta de las mismas. Esto incluye imágenes que generaron durante las pruebas cerradas.

Es muy difícil que la IA acabe emulando la entropía impredecible del creador humano, o más poéticamente denominada por Baudelaire, «el alma del artista». Pero está claro que el actual momento coyuntural del arte deberá afrontar una crisis parecida a la que sufrió hace más de un siglo para encontrar un nuevo rumbo en el que la aplicación y desarrollo IA va a ser muy determinante.

Por ello, en estos momentos de incertidumbre conviene recordar, ante agoreros y tremendistas, que el arte tiene la necesidad de reinventarse, adaptarse y transformarse, y que la aparición de nuevos medios y tecnologías no tienen por qué ser vistas como una amenaza. Ya lo explicó el gran poeta francés cuando se discutía si acaso la fotografía podría suplantar al artista: «Es necesario que cumpla con su verdadero deber, que es el de ser la sirvienta de las ciencias y de las artes, pero la muy humilde sirvienta, lo mismo que la imprenta y la estenografía, que ni han creado ni suplido a la literatura».

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