Las caras más desconocidas del cine español se han cansado de que les hagan entrar en las alfombras rojas «por la puerta de atrás». Ellos son los creadores de historias, los que adaptan la narración al contexto de la pantalla, la esencia de cualquier película.

Los guionistas de algunas de las películas nominadas a los Goya 202o se reunieron en un encuentro organizado por el Sindicatos de Guionistas ALMA la pasada semana. Participaron Isabel Peña, por la película Madre, Eligio Montero y Salvador Simó, por Buñuel en el laberinto de las tortugas, Pablo Remón y Daniel Remón, por Intemperie, Pedro Rivero, por El Hoyo, José Mari Goenaga, por La trinchera infinita y Alejandro Hernández por Mientras dure la guerra.

Cuando escuchamos la palabra guión pensamos en la trama, la historia, aquello que está escrito en el papel para que más tarde puede representarse. Aquello que contiene la obra de arte. El espacio creado para que el gran público pueda ver las historias, que inventadas o no, consigan captar su atención.

Los guionistas, parece ser, están un poco tristes en lo que a su oficio se refiere. Crear es un arte y no entiende de tiempos, fechas ni contratos. La libertad para escribir es un must have del guionista, aunque esto no sea siempre posible. ¿Cómo son las condiciones de estos maestros de la industria del cine? ¿Tienen el reconocimiento, público y privado, que se merecen?

Pedro Rivero es el presidente del Gremio de Guionistas Vascos: «Llevamos años peleando, no solo por una proyección pública de la figura del guionista, sino por las condiciones laborales, por ejemplo. En las películas que están aquí representadas, la nuestra (El Hoyo) es la única que está escrita sin la figura del director o sin ser a partir de un libro. Esto significa que el caso que se les hace a los guionistas sigue siendo poquito. No se hacen muchas películas que las propuestas sean por parte del guionista, en el cine no se ha llegado a ese reconocimiento aún».

Alejandro Fernández ha escrito junto a Amenábar este año por primera vez, nada más y nada menos que una película sobre la Guerra Civil Española que tiene por protagonista a Miguel de Unamuno. Este guionista cubano afirma que: «Los guionistas cultivamos esa faceta de introvertidos y de empollones, algunos poco agraciados para el photocall, yo creo que por eso nos mandan por la puerta de atrás. A mi alguna puerta ni siquiera me la han abierto en algún festival, pero como se decía en el ejército -bájame el grado y súbeme el sueldo-«.

Los hermanos Remón no faltaron a la cita, escriben juntos y lo hacen muy bien. Cine y teatro, de todo. Pablo Remón añadía que: «Escribir guiones es una parte muy diferente y distinta a la de toda la industria, muchas veces se arranca de cero, estás sacando algo de donde, a priori, no hay nada. A un montador le llega el material y a partir de ahí hace algo. Es cierto que es duro escribir guiones, pero también es algo maravilloso poder inventar».

Pero al parecer, parece que algo está cambiando en la industria y parece ser la consecuencia de otra industria, la de la televisión.

Eligio Montero: «Yo he notado un gran cambio en la televisión, por ejemplo en la época de Farmacia de Guardia la presencia de los guionistas era muy ‘de segundas’. Los guionistas de series como esta y la aparición de los showrunners ha hecho que tengamos más peso a nivel de equipo.Yo el dinero lo gano en la tele. El dinero es imprescindible para poder vivir. Hacemos arte, intentamos contar nuestras historias, estamos todos aquí porqué nos gusta escuchar y contar historias. Está muy bien que te reconozcan y digan -¡qué bien está esto!-, es muy bonito. Pero evidentemente necesitamos que esto forme parte de una industria».

¿Los veremos en la alfombra roja de los Goya de este año? ¿Comenzaremos a perseguir a estos maestros de la escritura por las calles? De lo que podemos estar seguros es que sin ellos podemos despedirnos de ver, escuchar y disfrutar, las buenas historias de la vida.