Un niño alemán se va de campamento. Hasta ahí parece una película de lo más normal, pero todo cambia al saber que ese pequeño vive en los últimos momentos de la II Guerra Mundial, que acude a un campo de instrucción nazi y que su amigo imaginario es nada menos que Adolf Hitler.

Surrealismo y drama se dan la mano en Jojo Rabbit, una insólita película del director neozelandés Taika Waititi (Thor: Ragnarok, 2017) que llega hoy a los cines de Estados Unidos con un fabuloso reparto en el que aparecen Scarlett Johansson, Sam Rockwell, Rebel Wilson, Stephen Merchant y el propio Waititi en la piel de un hilarante, invisible y patético Hitler.

Aunque ya era conocido por su peculiar sentido del humor, como demostró sobre todo en What We Do in the Shadows (2014), Waititi (Wellington, 1975) ha dedicado gran parte de la promoción de Jojo Rabbit a argumentar por qué es legítimo, y hasta saludable, emplear la comedia frente al horror del nazismo.

«Este año se cumplen 80 años de que Chaplin hizo El gran dictador (se estrenó en 1940). Así que no diría que es demasiado pronto», reflexionó el cineasta en una rueda de prensa en Los Ángeles (EE.UU.) previa al estreno de la película en EE.UU.

«Sigue la tradición de gente muy inteligente que tuvo algo que decir y usó la comedia, que en mi opinión es una de las herramientas más poderosas frente a la intolerancia, los regímenes y los dictadores», agregó.

La cinta se centra en un niño (Roman Griffin Davis) tan embriagado por las ideas nazis que su amigo imaginario es Hitler (Waititi) y que ve cómo su mundo da un vuelco cuando descubre que su madre (Johansson) esconde en casa a una joven judía (Thomasin McKenzie).

Una de las grandes vencedoras de los premios del Sindicatos de Guionistas fue precisamente Jojo Rabbit, que se hizo con el premio al mejor guion adaptado de una película al derrotar al resto de candidatas.