«La revolución es la única solución», espeta Fred Hampton ante un público ensimismado con su presencia. Como líder de la Black Panther Party (Partido Panteras Negras) en Chicago, y tras su salida de la cárcel, su mensaje está más vivo que nunca. La brutalidad policial no cesaba y la lucha armada contra el racismo en la Estados Unidos de finales de los 60 se convertía en la única respuesta plausible para sus miembros ante la constante e injustificada vigilancia de los policías sobre las comunidades negras.

Los Panteras Negras (partido que estuvo activo desde 1966 hasta 1982 y que fue conformado por Huey P. Newton y Bobby Seale) nacen con la necesidad de aunar fuerzas para formar una organización antirracista, anticapitalista, antifascista, antiimperialista, socialista y revolucionara que ampare a la comunidad afroamericana.

Además de luchar contra su opresor, las Panteras Negras buscaban reforzar su compromiso con sus hermanos de sangre: ya fuera por medio de ayudas educativas, sociales, a través de comedores sociales que proporcionaban alimentos a los más jóvenes o paliando y tratando enfermedades como el VIH.

Inspirados por líderes como el Che Guevara, que afirmaba que “las palabras son hermosas, pero la acción es suprema”, y alentados por los asesinatos de Malcolm X por una fanático islamista en 1966 y Martin Luther King en 1968, las Panteras Negras luchaban por unos derechos que no tenían asegurados ni se les quería proporcionar. Su premisa principal era que si la policía empleaba las armas para frenarles, ellos debían replicar con la misma fuente de poder. Así, Newton empleó su altavoz para animar a sus hermanos a coger sus pistolas y frenar la violencia:

Malcolm, implacable hasta el extremo, ofreció a las masas negras la liberación de las cadenas del opresor y el abrazo traicionero de los portavoces [negros] avalados. Sólo con el arma se les negó a las masas negras esta victoria. Pero aprendieron de Malcolm que con el arma pueden recuperar sus sueños y hacerlos realidad”.

Ante el aumento de vigilancia de las Panteras a las patrullas policiales, Ronald Reagan aprobó un proyecto de ley conocido como Mulford Act: presentado en primera instancia por la legislatura de California y que consistía en la derogación de una ley previa que autorizaba el empleo de armas de fuego en público.

La traición y su falta de referentes

El cine de Hollywood ha virado en el último lustro hacia temáticas que se acercan cada vez más a las preocupaciones sociales, principalmente tras la ebullición el pasado año del movimiento Black Lives Matter, tremendamente pacifista si se compara con el de sus antecesores. El asesinato de Breonna Taylor o George Floyd instigó al planeta a denunciar la brutalidad policial hacia la comunidad no-blanca de Estados Unidos, un guion que se repite desde hacía décadas y que ni el supuesto “progreso” ha conseguido exterminar del todo.

Moonlight se atrevió con la homosexualidad afroamericana en un gueto de Miami (y arrebató el Óscar a la ensoñación musical de Damien Chazelle, La La Land, en 2017), Green Book habló del palpable racismo en la sociedad estadounidense de los años 60 (ganando también la estatuilla en la edición de 2019), los Parásitos de Bong Joon-ho se alzaron con un histórico triunfo en el año posterior, un filme que cautivó al mundo y que habló del clasismo en la sociedad coreana. También cambió el rumbo la Pantera Negra (2018) del universo Marvel, con un elenco formado en mayor porcentaje por actores no-blancos.

Tráiler de Judas y el Mesías Negro, nominada en la próxima edición de los Osca

Entre críticas a la falta de representación racial y de diversidad en las nominaciones y ganadores, los Óscars quieren revertir la tendencia. Chloé Zhao es la candidata principal a hacerlo con su Nomadland, pero entre las nominadas a ‘Mejor película’ encontramos una joya en una roca: Judas y el Mesías Negro (2021), el primer largometraje de Shaka King (Nueva York, 1980) que recopila la historia de las Panteras Negras en Chicago y el relato personal de dos líderes con ambiciones opuestas: las de Fred Hampton (interpretado por Daniel Kaluuya) y las de William ‘Bill’ O’Neal (llevado a cabo por Lakeith Stanfield), uno buscando redimir a su pueblo del racismo y el otro delatando a los de su raza al colaborar como infiltrado dentro del FBI.

El debut de King no solo cuenta con la nominación al largometraje, pues ambos actores tendrán la opción de recoger su estatuilla en el Dolby Theatre bajo la categoría de ‘Mejor actor de reparto’. Basada en hechos reales, la película se centra en la traición que se produjo por parte de O’Neal a Fred Hampton, tratando la temática de la deslealtad desde la inseguridad e inferioridad.

Daniel Kaluuya interpreta a Fred Hampton en Judas y el Mesías Negro. Warner Media.

William O’Neal no tenía referentes no-blancos en el FBI. Él quiso ser el pionero y ponerse la capa de héroe. Así, y de forma completamente voluntaria, entra en un bucle de culpabilidad que arranca con su infiltración como miembro de las Panteras Negras, y que culmina con la participación en el asesinato en 1969 de Fred Hampton, una de las principales dianas del cuerpo policial estadounidense junto con la de los líderes Seal y Newton.

O’Neal fue cazado robando un coche en 1966 cuando tenía 17 años por el agente Roy Martin Mitchell. Para evitar salir de la comisaría con cargos por delitos graves, terminó aceptando colaborar con el agente del FBI para dinamitar desde dentro a las Panteras, convirtiéndose así en el líder de seguridad de la pandilla que Fred Hampton lideraba desde Chicago.

Lakeith Stanfield y Jesse Plemons interpretan a William O’Neal y Roy Mitchell en Judas y el Mesías Negro. Warner Media.

Para O’Neal, Roy Mitchell (interpretado en la cinta de Shaka King por Jesse Plemons) era una inspiración: es un hombre de familia asentado, con hijos, con una pletórica casa y una colección envidiable de whiskies. Pensando que si ayudaba a los magnates que conspiraban contra los suyos optaría a un mejor futuro, O’Neal no espeta nunca el ‘no’ en la misión. Consigue ganarse la confianza de Hampton y de sus cercanos para seguir destripando los planes del partido.

99 contra uno

El FBI empleaba cualquier excusa para ponerle la esposas a un Fred Hampton que ganaba aliados con cada mitin que daba y cada palabra que recitaba en sus apariciones públicas y privadas. Sin embargo, la cárcel no fue suficiente para los federales, que en 1969 planeaban asesinar al líder a sangre fría.

O’Neal, que comenzaba a notar la presión de ser descubierto después de casi tres años como topo, dejó constancia a sus superiores supremacistas de que ya no quería seguir colaborando con ellos, pero las presiones y amenazas de ser descubierto terminaron involucrándole en el asesinato de Hampton: el objetivo era que O’Neal introdujese un sedante en su bebida que le impediría actuar cuando los policías redaran la sede de los revolucionaros a las cuatro de la mañana.

William O’Neal (Stanfield) mirando a su líder Fred Hampton (Kaluuya). Warner Media.

La redada causó dos muertes, la del militante Mark Clark y la de Hampton, principal objetivo. En enero de 1970, un jurado forense promovió una investigación, dictaminando que las muertes de Hampton y Clark fueron homicidio justificado. La investigación balística del asalto determinó que la policía de Chicago lanzó hasta 99 tiros frente a un solo disparo realizado por los Panthers (y que terminó rebotando en el techo).

En 1973 se reveló la participación en la redada de O’Neal, que había pasado por el programa de protección de testigos del FBI y no retornó a Chicago hasta 1984. Sus únicas declaraciones públicas acerca del caso y el mortífero plan en el que participó se produjeron en abril de 1989, en el documental Eyes on the Prize para la PBS (Public Broadcasting Service, la cadena de televisión pública de Estados Unidos).

William O’Neal habla para PBS en el documental Eyes on the prize.

Se dice que la culpabilidad le recorrió al verse retratado y que ello provocó su suicidio el 15 de enero de 1990 en un accidente de tráfico. Fue atropellado por un vehículo en la Interestatal 290 de Illinois. Tenía 40 años.

Unas Panteras oscarizadas

El juicio de los 7 de Chicago de Aaron Sorkin (disponible en Netflix y nominada, entre muchas otras categorías, a ‘Mejor película’ en la próxima edición de los premios más codiciados del séptimo arte) también presenta en su guion a las Panteras Negras con una pequeña aparición de Fred Hampton (esta vez interpretado por Kelvin Harrison Jr.) en dicho juicio.

El líder del partido en Chicago fue a defender a Bobby Seale, creador de las Panteras junto a Huey Newton, que estaba siendo investigado por haber “incitado” una batalla campal contra la policía en la Convención Nacional Demócrata de 1968 en la ciudad de Illinois junto con otros siete miembros pertenecientes a otros partidos e ideologías.

La cinta de Sorkin sigue, así, a los conocidos como Chicago Eight, un grupo de opositores a la guerra de Vietnam a quienes acusaron de conspiración y de generar disturbios policiales en dicha Convención de 1968. Los Chicago Eight pasaron a ser los Seven después de que el juez apartara del caso a Seale el 5 de noviembre de 1969, condenado a cuatro años de cárcel por 16 cargos de desacato debido a sus arrebatos durante la prosecución judicial (además de acusar al juez Julius Hoffman de racista, Seale consideraba que su inclusión en el juicio estaba injustificada, pues únicamente había pasado unas horas en Chicago y no había pactado ninguna marcha con los otros siete miembros).

Mientras estaba en prisión, Seale declaró que “ser revolucionario es ser un enemigo del estado, ser arrestado por esta lucha es ser un preso político”.