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Cine

'Destello Bravío': actrices que no lo son, aferro a lo tradicional y deseo sexual

Es una mezcla entre el deseo sexual, la nostalgia y el empoderamiento femenino, o «la historia de un pueblo anclado en sus tradiciones y suspendido en el tiempo». Es ambas cosas, una u otra, o un algo «inclasificable», detalla la directora, productora y guionista de cine Ainhoa Rodríguez a El Independiente.

Destello Bravío, el primer largometraje de la directora extremeña, se sitúa entre la ficción y el reflejo de cómo pasa el tiempo en calles en las que reina el silencio y habitaciones en las que lo hacen mujeres que invitan a una reflexión manejada desde lo cómico a lo oscuro, de lo absurdo a lo atávico y de lo sugerente a la pulsión más primitiva. «Destello Bravío habla de un pueblo anclado en sus tradiciones que se está deshaciendo a la vez que se aferra a la vida que conoce y enfrenta a la pérdida del alma que supone la desaparición de lo que es tradicional. Es una metáfora o no. La película se mueve entre una dualidad de lo tradicional y lo psicodélico, entre el realismo y la reinvención de la realidad. Me gusta la idea de ‘Destello’ como algo mágico y ‘Bravío’ como algo castizo».

En el sistema que vivimos, un pueblo alejado de los núcleos de acción y un acento extremeño no interesa»

ainhoa rodríguez

Mágica ficción para castiza realidad. Porque la película ahonda en la perplejidad que arrastran varias generaciones de españoles condenados a un entorno de creciente decadencia y grietas de ensoñación que nunca son. Ahonda en eso de la misma forma que lo hace en la intención o necesidad subjetiva de documentar y testimoniar lo trascendentemente silenciado: «En la atracción está la intención. Busco retratar aquello que me interesa y construir un juego de actrices y actores naturales que no interesa a una hegemonía sistemática», señala Ainhoa. «Es evidente que en el sistema que vivimos, un pueblo alejado de los núcleos de acción, trabajar con un acento extremeño tan marcado, por ejemplo, con actrices naturales, rostros reales y de una determinada edad, está invisibilizado. Está invisibilizado en el audiovisual en general y en el cine en particular. Pero a mi me interesa. Y lo muestro. Porque como autora detesto lo estándar».

El filme, seleccionado por el internacional Festival de Rotterdam y ganador del premio Especial del Jurado y la Biznaga al Mejor Montaje en el Festival de cine de Málaga, trata lo que otros eluden, y lejos de ser un largometraje común, es referencia al cine de Buñuel, con un ‘algo’ del imaginario de David Lynch, y sumado al más costumbrismo excéntrico de la Carmina de Paco León. Y si algo lo hace especialmente especial, valga la redundancia, es ser una película de actrices y actores que no lo son. Y de más ‘no’ actrices que ‘no’ actores.

Las mujeres de pueblos están invisibilizadas por los medios y relatos audiovisuales»

AINHOA RODRÍGUEZ

Destello Bravío está protagonizado por no actrices y no actores «naturales» de la Comarca de Tierra de Barros (Badajoz, España) y alrededores, elegidos tras numerosos castings que la propia Ainhoa llevó a cabo. Las protagonistas son principalmente mujeres reales alejadas de cánones normativos que aportan a la obra su verdad desnuda, y es que además de desmontar los géneros cinematográficos y romper con el relato tradicional, el largometraje repara en diversas cotidianeidades para describir un estado anímico: el sentimiento de los habitantes de un lugar en vías de despoblación, centrándose en sus mujeres y su sexualidad, en la búsqueda de la ‘otra’ belleza y el anhelo de la infancia, el sistema patriarcal y la llegada de la globalización.

«Son mujeres bravas, con una fuerza inmensa y experiencias vitales crudas que requieren de una fortaleza y un coraje ante la vida extraordinarios. Son humildes y soñadoras, y han tenido que renunciar a muchos de sus sueños porque la vida se les ha puesto por delante. En todas ellas hay raza y autenticidad, y es la verdad que tienen lo que las hace únicas. Me deje inspirar por su materia prima que es sustancial, sus fantasías y sus momentos de esoterismo, que también los tienen. Lo que me ponen delante los actores y actrices naturales es la vida misma. La labor de casting fue intensa y agotadora. Iban las mujeres y se daban consejos unas a otras. «Tú, ve al casting», se decían entre ellas, «que aunque no te cojan te va a venir muy bien». ¿Por qué mujeres? Cuando me lo preguntan me pregunto a mí misma si se pregunta el por qué hombres cuando se da el caso. Las mujeres de pueblos están invisibilizadas por los medios y relatos audiovisuales».

Hacer cine y construir un relato es una elección política, quien diga que no miente»

ainhoa rodríguez

Rodríguez confiesa que pese a los aires reivindicativos de la película no pretende hacer política, aunque cree «hacer cine, expresarse artística, colectiva y socialmente, en la forma de construir un relato es una elección política, se ejerce ahí un punto de vista política, y quienes digan que no, mienten. Incluso dar la espalda a lo que sucede en la sociedad, girarse a esa metáfora de lo que está pasando, es también un posicionamiento político. Elegir a mujeres maduras que están invisibilizadas es colocarte en un lugar. Quería elegir seres humanos con cuerpos que no fueran normativos, paisajes que no han salido en el cine español, acentos que estén fuera de la órbita y rodar donde no pasa nada, fuera del ruido. Para mí eso forma parte de una idea y de una estética. Al igual que hablar de la sexualidad femenina y representarla como algo normal ¿Cuántas veces hemos visto a señores en el cine tratando su sexualidad? ¿Por qué no tratar la sexualidad de ellas? Me parece importantísimo hacerlo porque forma parte de la experiencia vital. Y en la película, por ejemplo, que habla de la necesidad de fuga, está la búsqueda del placer».

Fotograma del largometraje de la directora Ainhoa Rodríguez, ‘Destello Bravío’. Filmin Filmin

Como relato universal que invita al espectador a dialogar con el filme, Destello Bravío, ha traspasado desde su estreno pantallas nacionales e internacionales. Y más allá de Málaga o Rotterdam, ha logrado resistir en cine hasta cuatro semanas consecutivas, pasado por el Moscow International Film Festival y hasta tener su premier asiática en el Shangai International Film Festival. Todo en un momento, dice Ainhoa, «terrible para el cine por la pandemia, y por los gustos de la gente por socializar».

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