¿Con qué vara medimos Torrente presidente? ¿La estrictamente cinematográfica? Si durara una hora, y no 102 minutos, Torrente presidente hubiera sido una película corta, correcta, suficiente. Desternillante, incluso, para muchos muy probablemente. Pero su director y guionista, Santiago Segura, inunda la previsible historia con cameos de sus 'amiguetes'; las apariciones estelares, con traca final, funcionan simplemente por acumulación. Ver en acción a Josele Román, Mari Cielo Pajares, Yola Berrocal o Christina Rapado satisfará a un reducido sector de la audiencia. ¿Cómo sentará a la audiencia ver a personajes como el Pequeño Nicolás o Vito Quiles? Otro contar es que media plantilla de Atresmedia (¡¿Pilar Vidal?!) aparezca en pantalla. Hasta Gonzalo Miró y Marta Flich salen. ¡Y Ana Rosa Quintana! Falta Sarah Santaolalla.
¿Y con qué ojos vemos Torrente presidente? ¿Los de 1998, año en que Santiago Segura debutó en el largometraje con Torrente, el brazo tonto de la ley, igual de reivindicable que Los bingueros de Pajares y Esteso? ¿O los de 2026, año en que otra película española, Aída y vuelta, demostró que el humor salvaje no está muerto?
España ha cambiado mucho en 28 años (habrá quien piense que para peor), pero Torrente sigue siendo el mismo; un tipo que no necesita presentación, pues pasó a formar parte, entre siglo y siglo, del imaginario colectivo. Casi todo el mundo sabe quién es Torrente, y sobre todo cómo es Torrente, aunque no haya visto completa ninguna de sus películas (la primera es… buena). Torrente es un gañán, un garrulo, un baboso, en busca siempre del lucro personal. Torrente es la corrupción en persona. Pero también, y he aquí su mayor atractivo en 2026, es un reducto de la incorrección política.
Mariquitas y moros
Porque Torrente presidente, en salas de cine a partir de este viernes 13 de marzo, desactiva rápidamente la idea de que ya no se puede reír nadie de nada. 28 años después de Torrente, el brazo tonto de la ley; Santiago Segura sigue haciendo chistes sobre mariquitas (sólo le funciona una), chinos –un clásico de la saga– y moros (con la estimable ayuda de Omar Montes).
Y quien creyera que Santiago Segura solo iba a 'disparar' contra la derecha pecó de iluso. He ahí Bertín Osborne, en una decisión de casting inigualable, como Pedro –no– Sánchez, presidente del Gobierno. Es, además, un chiste que no se alarga, por lo que funciona como un tiro. Sin embargo, al 'disparar' contra todo y contra todos, se producen situaciones violentas como travestir a Aníbal Gómez, integrante del grupo musical Ojete Calor, como miembro de un partido cuyas siglas parecen, pero no son, PSOE. Sumar, en la ficción, es Restar.
Torrente, al menos la primera película, era un juego de equilibrios, entre reírse del protagonista y reírle las gracias; entre rendir homenaje a las comedias costumbristas que el cine español produjo en los sesenta, setenta y ochenta, y meter secuencias de acción más propias de Hollywood. Es por ello que, aunque le hacía falta una reescritura, hay una secuencia iluminadora con Antonio Recio (Jordi Sánchez) y Mauricio Colmenero (Mariano Peña). Ni ellos votarían a Torrente.
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