Javier Giner (Barakaldo, 1977), titular de Yo, adicto (el libro, la serie), dirige y coescribe la película Esta soledad, en salas de cine desde el pasado viernes 30 de octubre. Es su debut como director y guionista de un largometraje. Al igual que Ricardo Gómez. Al igual que Jaime Lorente. Los intérpretes Oriol Pla y Marina Salas, también titulares de Yo, adicto (la serie de Disney+), son los protagonistas de Esta soledad. Aquí son Leo y Lorea, una ex-pareja que sigue con su vida. Sus vidas. Des-cuidándose. Cuidando a otros.

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P.- En Yo, adicto te adaptas a ti mismo y en Esta soledad adaptas a otra persona. En términos de responsabilidad y de 'traición', ¿es más difícil adaptar la obra de uno mismo o adaptar la de otra persona?

R.- Esta soledad es la adaptación de una obra de María Velasco. Yo ya había ocupado ese sitio de ser adaptado [por mí mismo]. Antes de empezar a trabajar el guión con la co-guionista Luisa Matienzo, tuve varias conversaciones con María, con quien tengo mucha confianza; nos entendemos muy bien. Digamos que me dio su bendición: "Este es el material, haz con él lo que quieras". Además, aunque el teatro y el cine parezcan primos hermanos, tienen funcionamientos completamente distintos. Realmente, lo que queda de la obra de teatro original escrita por María es, más que una trama, la emoción y la sensación de esa estructura de esas dos vidas avanzando en paralelo.

P.- Como dirían los ingleses, loosely based on o inspired by.

R.- Es una cosa muy extraña. Muchas veces tienes que cambiar cosas para llegar al mismo lugar. La experiencia de ver teatro en vivo es muy distinta a la experiencia de ver [una película] en pantalla. Tú puedes asistir a una obra de teatro de dos horas y media que transcurre dentro de un salón; eso, en una pantalla, te querrías matar. Al final, no cambias cosas para separarte, sino que tomas desvíos para llegar al mismo sitio.

P.- ¿Cómo llegas a esta obra?

R.- Es una obra que escribe María [Velasco], de la cual yo hago una lectura dramatizada en el Centro Dramático Nacional. De repente, un día, surge una chispa, una epifanía. Como yo había estado en el lugar de la persona que va a ser adaptada, entendí que había que hacer ocho mil cambios. En un momento dado tomé la decisión de trasladar la acción de Madrid a Bilbao. Yo, para poder hacer Yo, adicto, tuve que separar el material de mí. Era mi vida. El personaje principal se llamaba como yo. Pero, para poder hacerlo, necesitaba hablar del personaje y de la historia como si fuese ficción. Hice ese esfuerzo. Oriol [Pla] y yo nos referíamos a Javier como un personaje. Nunca hubo direcciones tipo "Para que me entiendas", "Yo sentí"... El 'yo' estaba fuera de eso.

Créditos: David Herranz

Sin embargo, en Esta soledad, el viaje ha sido lo opuesto completamente. He acercado todo lo posible una ficción muy alejada de mí. ¿Qué es más autobiográfico? ¿Yo, adicto o Esta soledad? No lo sé. Las siento igual de autobiográficas. Esta soledad no cuenta mi vida, no me ha ocurrido a mí en primera persona. Sin embargo; los sentimientos, las sensaciones, las emociones, esas calles de Bilbao… Las decoraciones del piso del personaje de Marina Salas [Lorea] son de mi casa. Estoy escondido en cada fotograma.

P.- Almodóvar metió su casa en Dolor y gloria.

R.- Hay muchas cosas, evidentemente, que le debo a Pedro, y que he aprendido de Pedro. Una de ellas es que todo lo que cuentas y haces es personal. Yo no llevo el pelo de Marina Salas, ni hago teatro como el personaje de Oriol Pla [Leo]. Sí sé lo que es ser abandonado, romper, estar perdido. Por eso, Pedro es un maestro: antes de ponerlo en pantalla, tú necesitas haberlo experimentado para poder realmente hablar de ello

P.- Si uno va a ciegas al cine a ver Esta soledad, pensará que, en algún momento, estos dos se van a reencontrar. Pero, a medida que avanza la película, uno se va dando cuenta de que no se va a producir ese cruce.

R.- No sólo hubo la tentación, sino que existe una secuencia rodada y montada que terminamos sacando de montaje. Mi obsesión a la hora de hacer Esta soledad era intentar que el espectador, al ver la película, pasara por los mismos sentimientos que los personajes pasan en pantalla. El espectador está esperando a que se encuentren, que hablen; hay una frustración paralela a la de ellos. La película empieza con gente haciendo cosas. No sabes quiénes son, ni entiendes muy bien por qué las están haciendo. La desorientación que sienten los espectadores es la misma que sienten los personajes. Es cierto que existía esa secuencia. Había un encuentro entre ellos. Es una secuencia superbonita; ellos dos estaban maravillosos. Pero en montaje [con Roberto Bra], dijimos: o todo o nada. Y fuimos con todo.

P.- ¿Por qué dices que te ha salido una película rumana?

R.- Yo,adicto era mucho más explosiva. Había muchísima más fanfarria, más emoción. Era más fácil de acceder. Y de repente me sale una película vasco-rumana. Es muchísimo más áspera, más exigente para el espectador (en el buen sentido). Habrá gente que simplemente desconecte. Es un poco de choteo lo de 'vasco-rumana'. Es una forma de definir la emoción. No es una película en la que intente capturar la vida. Estaba intentando acercarme lo más posible a lo que es la vida a través del cine. El ejemplo más claro, sin hacer ningún espóiler, es la última secuencia.

En el cine, esa última secuencia sería de otra manera: alguien entra en un sitio, hay una conversación, suena una orquesta sinfónica, la cámara se eleva en una grúa… Pero en la vida no es así. Intento tratar al espectador de manera madura y adulta. Recuerdo, a nivel de guion, que nos peleábamos mucho en la última secuencia. Yo sé que tengo las herramientas cinematográficas para meter el dedo en la llaga y que llores, pero la vida no es así, tío [sic].

P.- Si nos quedamos en la superficie, Esta soledad es una película sobre la ruptura de una pareja. Tampoco se dan muchos detalles sobre la misma.

R.- Yo quería dejar 'lugares' sin explicar. Me gustaba la idea de que cada espectador trajese algo de su vida a la película. Para ti, han roto por 'x' razón; para la persona que tienes al lado, igual es otra. Esto volvió a pasar en las primeras versiones de guion, trabajando mucho la relación de Leo y Lorea con sus intérpretes Marina Salas y Oriol Pla, en montaje… Nosotros sabíamos por qué rompían; no había interrogantes en ese sentido. Pero a mí me motivaba dejar al espectador rellenar los huecos. No son marcianos yendo a la luna; es la vida, realmente. ¿Quién no ha atravesado una ruptura? ¿Quién no ha estado ahí?

Oriol Pla y Javier Giner
Marina Salas y Javier Giner | Créditos: David Herranz

P.- Leí una reseña muy interesante que señalaba que, en vez de explorar el duelo que ocasiona la ruptura con tu pareja entregándote a otras personas o a través de relaciones-liana, tú ibas por otro camino. No podemos decir que Esta soledad sea un drama romántico.

R. No, no, no, no. Nunca intentó serlo. Podría haber sido una película sobre la reconstrucción emocional de dos personas 'agarrándose' a otras. Esto es una traslación de mi experiencia propia en la vida. Cuando he tenido una ruptura, hay de repente algo en la vida que se desmonta. Puede ser una ruptura, un problema laboral… Hay ciertas estructuras que nos dan sentido y nos mantienen a flote.

Cuando tienes una ruptura o una gran pérdida, como la muerte de un ser querido, te empiezas a hacer estas grandísimas preguntas. ¿Qué hago aquí? ¿Adónde voy? ¿Me va bien en la vida? ¿He cumplido los sueños? De repente nos convertimos casi en filósofos de nuestra propia vida. Hay millones de dramas románticos; muchos de ellos están perfectamente contados, y no hay nada más que añadir. A mí me interesaba mucho más la reconstrucción de la identidad.

P.- Hay gente que, tras una ruptura, se da cuenta de que no sabe quién es: "He sido pareja de".

R.- De eso va la película [Esta soledad]. Es el corazón absoluto de la película: la pérdida de la identidad. La pareja en sí misma es un todo. Cuando esa pareja se desmembra, aparecen dos vidas. Hay una recolocación vital. La película intenta contar ese periodo de no saber quién eres, de tomar decisiones que igual ni siquiera sabes por qué las estás tomando, de estar desorientado, desamparado; de repente vuelven fantasmas del pasado o heridas anestesiadas. La vida se desordena. La forma de la película tiene ese desorden: va de un lado a otro.

P.- No me digas que, como Almodóvar [Amarga navidad], has hecho adrede una mala película para que el tercer acto sea bueno.

R.- En Yo, adicto; estaba muy preocupado por contar una historia. Por contarla bien, que todo el mundo la entendiese y conectarse con ella. Y en Esta soledad me he dado cuenta de la cantidad de herramientas que tiene un cineasta para llegar a lugares distintos. Esto del desorden es una conversación que yo tenía con el montador: ¿cómo podemos hacer que la experiencia del espectador se parezca a la de los personajes? Parece que estoy descubriendo América y es una cosa más obvia que una alpargata: la cantidad de elementos que tú tienes para jugar, como la música, la luz o el encuadre.

P.- Última pregunta. Hay también una exploración de los padres y las madres.

R.- La familia como temática, al igual que el cine, no te lo acabas. El amor, la familia… Hay ciertos temas sobre los que venimos hablando desde los griegos, y vamos a seguir hablando hasta que nos caiga una bomba nuclear y desaparezcamos todos. Ingmar Bergman hizo carrera hablando de la familia. La familia, por presencia o por ausencia, por desamparo o por sobreprotección, hace quienes somos de alguna manera. Mi experiencia personal es que la reconstrucción de la identidad [tras una ruptura] tiene mucho que ver con entender el origen. Para mí era muy importante que no sólo sanasen las heridas propias de esa relación, sino las heridas que vienen de mucho más atrás.

P.- Y ese triple salto mortal, ¿venía de fábrica o era algo que tú decidiste integrar?

R.- Apareció de manera orgánica en la historia. Intenté capturar la vida, y eso que ocurre en la película es una historia que no me ha pasado a mí, pero conozco a una persona que le pasó algo parecido a eso. Era una forma muy bonita de capturar la vida. En el recorrido vital de las personas pasan esas cosas. Para mí era muy importante que ese "triple salto mortal" no llamase la atención por sí mismo: se cuenta y se explica con naturalidad y cotidianeidad. Además, esa historia en concreto no tiene nada que ver con la identidad de la persona. Para él, el problema es el abandono.