Cómo le gusta lo que le encanta al señor Christopher Nolan (Londres, Inglaterra, 1970). El director y guionista de filmes como Oppenheimer –su mayor éxito de taquilla desde que cerró en 2012 la trilogía de Batman–, Interstellar, Origen y Memento vuelve a las andadas. O sea, a las salas de cine. Esta vez, con la adaptación de La Odisea de Homero a la gran pantalla; una expresión al borde de la extinción que Nolan, como James Cameron, revitaliza.

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Si Nolan se atrevió con el hombre murciélago (perdón, el caballero oscuro), cómo no va a hacerlo con los textos sagrados. De momento, el cineasta inglés no se ha atrevido con la Biblia, aunque en sus últimas películas sí explore, siempre a su manera, el concepto de deidad. Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, jugó a ser Dios. He ahí el mito de Prometeo, aquel titán que robó el fuego a los Dioses.

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Grecia, la cuna de la civilización occidental

Porque la mitología griega –y romana– ha sido, es y será, a buen recaudo, fuente de inspiración para la ficción occidental. No diremos que Hollywood, mayor escaparate de los Estados Unidos de América, rapiña de Europa –capricho de Zeus– hasta el relato. Los relatos. Clásicos del siglo XX como El Padrino –el mito de la sucesión– y Centauros del desierto –John Ford trasladó La Ilíada y La Odisea al wéstern– tienen raíces griegas.

Y en La Odisea, Nolan, poco amigo del subtexto (y de los personajes femeninos y del silencio), adapta directa y derechamente la obra atribuída al poeta Homero, cuya existencia, o autoría (individual, colectiva), continúa siendo objeto de debate 28 siglos después de su 'publicación'.

Nolan desordena y ordena La Odisea

Digamos que Nolan, muy amigo de la fragmentación del relato (espacio-tiempo), recurre inevitablemente en La Odisea, la película, al in medias res, pues esta técnica literaria es el esqueleto de La Odisea, el libro. No sólo por la historia que Nolan despliega –el viaje de vuelta a Ítaca de Ulises tras la guerra de Troya, con su mujer Penélope y su hijo Telémaco en una encrucijada–, sino porque La Odisea se ubica entre La Ilíada (la caída de Troya) y La Eneida (la fundación de Roma).

¿Hace falta tener unas nociones mínimas, como sí ocurriera con Dunkerque, de esta trilogía épica? No necesariamente, pues Nolan, a pesar de hacer trampas al solitario, desordena los eventos de La Odisea en su justa medida. El inicio, un vigoroso homenaje al icónico final de El planeta de los simios, es la ofrenda del caballo a los troyanos.

Al fin y al cabo, La Odisea funciona como una ficción seriada, capitular, con Ulises –u Odiseo– y sus hombres sorteando todo tipo de inclemencias. Naturales o sobrenaturales. ¿O acaso no es lo mismo? Porque Dios existe en esta "época de supuesta magia" (con esta frase empieza La Odisea, la película). Así y todo, en su primer largometraje de corte fantástico –el número 13 de una inmaculada filmografía que empezó en 1998–, Nolan juega al suspense y al misterio. ¡Cómo no!

De su vasto elenco, solamente Zendaya y Samantha Morton interpretan, en principio (esperen hasta el final, una vez se contempla la secuencia del asalto a Troya), a Atenea y a Circe. Otro contar es que Poseidón –su cólera– y Zeus –su ley; Xenia– polinicen esta historia sobre un mortal, Ulises/Odiseo (Matt Damon), que tarda, voluntaria o involuntariamente, veinte años en volver a su casa. ¡Ay, pillín!

De Troya a La Odisea de Nolan

Por el camino, Nolan, que estuvo a punto de dirigir la película de 2004 Troya, hace notar cada céntimo, aunque la técnica (formato IMAX 70mm) pueda echar por tierra la emoción. El momento cumbre de la obra –el protagonista, de incógnito, ya está en Ítaca; como Bruce Wayne en Gotham City durante Batman Begins – cumple con creces, y las variaciones –esos caballeros gigantes procedentes del futuro, la Edad Media– harán las delicias del público, conocedor o no del lore.

Nolan nolanea: 173 minutos de videoclip –el Oscar a mejor montaje ya lo tiene– con una banda sonora machacona a cargo de Ludwig Göransson (cuya mejor partitura hasta la fecha está en Oppenheimer). Los tambores de guerra no cesan.

Sí da la sensación de que La Odisea, una vez el mago descubre su truco (final), es una película que se disfruta más en un segundo visionado. Como Dunkerque, que también acaba con un fuego, un incendio, tras el periplo de un sinfín de hombres a las orillas del norte de Francia.

Si aquella, aunque basada en hechos reales, podía interpretarse como una fantasía post Brexit con Churchill como faro (¡viva Inglaterra!); ¿qué hay detrás de La Odisea de Christopher Nolan, un hombre profundamente enamorado de su mujer, la productora de cine Emma Thomas? ¿Ha perdido Nolan la fe en la humanidad? ¿En su Reino Unido? No tendrán que leer... entre líneas.

Demos por acabado este comentario de texto de La Odisea de Nolan con una cita de la serie de televisión Battlestar Galactica: "Todo esto ha pasado antes, y volverá a pasar".