Carlota Corredera representa, sin ninguna duda, uno de los ejemplos de éxito televisivo más significativos de los últimos años. Periodista, pasó de ser redactora a directora de programas y de directora de programas a presentadora del existoso y mediático Sálvame. Ahora, también es escritora. Es el camino que ha seguido Carlota Corredera, un camino lleno de éxito, trabajo, esfuerzo y capacidad de reinventarse constantemente. A sus 45 años y tras publicar su último libro, la periodista ha decidido dar voz al feminismo que siempre ha llevado dentro y por el cual ha luchado en Hablemos de nosotras (Grijalbo Ilustrados), libro que acabo de leer y que sorprende por su lenguaje directo, llano y lleno de optimismo y sentido común.

El libro es un conjunto de entrevistas donde no sólo ha dado cabida al testimonio de cinco mujeres sino que también ha dado voz a dos hombres, porque aunque el protagonismo de la lucha por la igualdad de la mujer les corresponde a ellas, la gallega lo tiene claro: «Si vosotros, los hombres, no vais de la mano de las mujeres y os ponéis a nuestro lado, no hay nada que hacer». Su sonrisa es contagiosa, su determinación es tan fuerte como su dulzura, su ambición se une a la capacidad de trabajo, esfuerzo y mantener los pies en el suelo.

He decidido sentarme con la presentadora de ‘Sálvame’ porqué, a pesar del tipo de programa y de las críticas que se han vertido a este tipo de entretenimiento, tengo muy claro que tiene un valor enorme mantener en la parrilla durante doce años un programa en directo que dura horas y donde los protagonistas son gente ‘normal’ que se interpreta todos los días. 

P.- ¿Qué es hoy el feminismo, Carlota? Tú hablas mucho sobre ello en Hablemos de Nosotras, por el que aprovecho para darte la enhorabuena, y por ello te invito a que ofrezcas tu visión a los lectores de El Independiente.

R.- El feminismo, hoy y siempre, es lo mismo; buscar la igualdad. Como en este país todo lo que acabe en ‘ismo’ suele estigmatizarse, se equipara al machismo. Ahí hay un problema de pedagogía para explicar que machismo es supremacía, pero el feminismo es igualdad, que cuando tú defiendes el feminismo, defiendes la igualdad. Hay mucha gente que no lo dice en voz alta pero que piensan que el feminismo es como otros ‘ismos’, un extremismo. A través del libro ejerzo la responsabilidad que tengo porque soy una persona muy conocida que llega a muchísimo público, sobre todo femenino, e incido en esto: hay que hacer muchísima pedagogía, con las mujeres y con los hombres también; explicarles que al feminismo no hay que tenerle miedo y que es solo igualdad. 

No sé qué hay de ‘sucio’ o de ‘feo’ en lo que transmite mi libro como para que se le cierren puertas de promoción en medios que, muchos de ellos, se declaran feministas»

P.- Usted sabe que yo soy feminista; así me declaro en mi perfil de Twitter y colaboro con diferentes asociaciones de mujeres que están luchando por la igualdad. Una lucha que se da en el ámbito político, empresarial o institucional. Hace poco que tuve oportunidad de estar en uno de estos eventos y critiqué el hecho de que se están consiguiendo muchos resultados, no se puede negar, en las empresas, o también en las instituciones públicas, en la política… pero apenas se ha avanzado en el mundo rural, donde no llegan voces como la tuya, por ejemplo. Dicho de otra forma: toda esta igualdad por la que trabajamos y de la que hablamos está quedando circunscrita a un ámbito muy elitista. ¿Qué podemos hacer?

R.- Estoy totalmente de acuerdo. No sé si es solo elitismo, pero yo sí que lo vivo, también en cuanto al tratamiento que se da al libro. Te puedo contar que me han entrevistado cuando estaba en Barcelona las dos principales cabeceras que hay Cataluña y sin embargo no me ha entrevistado todavía ningún periódico de interés general de los llamados ‘serios’, de la prensa general. El País, El Mundo, La Razón… no han querido entrevistarme. A mí eso, no por una cuestión de ego pero sí de prejuicio, me molesta especialmente porque no creo que mi mensaje sea más negativo que el de cualquier otra compañera que ha escrito un libro sobre feminismo.

P.- ¿Por qué este prejuicio Carota? ¿Está relacionado con el tipo de programa que presentas?

R.- Sí. Hay, en parte, prejuicio por el programa que presento. Me encuentro en la ‘promo’ con gente que no cuestiona mi trabajo y con gente que sí lo cuestiona y que incluso dice que es incompatible presentar Sálvame y ser feminista. Me encuentro con cosas muy sorprendentes cuando salgo de mi entorno y salgo de mi universo Sálvame, me encuentro con este tipo de clasismos que me llaman mucho la atención porque yo creo que al final, el mensaje de la igualdad, lo importante es que llegue. El libro no lo he escrito porque quiera ganar dinero con él, ni le he dedicado nueve meses porque necesitase este libro para ‘limpiar’ mi imagen por trabajar en Sálvame. Este libro lo he escrito porque creo firmemente en la causa y porque voy a poder ayudar a muchos huérfanos de la violencia de género a través de la Fundación Mujeres. No sé qué hay de ‘sucio’ o de ‘feo’ en lo que transmite Hablemos de Nosotras como para que se le cierren puertas de promoción en medios que, muchos de ellos, se declaran feministas. 

P.- ¿No te parece feo, ya en sí mismo, el prejuicio hacia algunos programas? Tú sabes que yo me dedico al periodismo político y que he dicho, claramente, en una de mis pizarras, en El Programa de Ana Rosa, que yo obligo a los políticos a los que entreno y con los que trabajo a ver Sálvame y Supervivientes porque si sale Isabel Pantoja y hace un 40 por ciento de ‘share’ sería de imbéciles ignorar que ese porcentaje te puede votar a ti.

R.- Te entiendo perfectamente porque a mí, cuando critican Sálvame, no me indigna que no les guste mi trabajo. Yo no le tengo que gustar a todo el mundo ni me levanto por las mañanas con el objetivo de gustarle a todos; sería una tontería y propio de una persona inmadura. Pero me dan mucha rabia las faltas de respeto a los espectadores de Sálvame porque votan, consumen, tienen criterio, van al cine, compran libros… ¡Son personas que están en el mundo real! Parece que a nosotros solo nos ve gente mayor o que está sola en su casa, que hay un grupo de personas, de seguidores de Sálvame que tiene ese perfil, pero llevamos casi once años, hacemos cinco horas, hay gente que nos ve y no lo dice… a mí me da morbo esto y me ha pasado alguna vez. Yo vivo en una zona residencial de Madrid que es Aravaca-Pozuelo y hay gente a la que ‘le da cosa’ decir que me conoce, por este clasismo del que hablo, pero que me dice en bajito: ‘Yo también veo ‘Sálvame’, y me encanta porque es ese punto de algo secreto, de algo clandestino. 

Sálvame apareció en plena crisis. La gente veía el programa y se olvidaba de sus problemas. El día que se acabe, se van a colapsar los centros de salud»

P.- Pero eso es un poco ‘de paletos’, perdona si soy tan directo.

R.- Me parece una tontería no reconocer que ves un programa que es de entretenimiento y que no tiene la responsabilidad de arreglar los problemas de este país. ¡Ojalá pudiésemos! Sin embargo, y a mí me gusta resaltarlo, Sálvame apareció en un momento en el que estábamos en plena crisis y yo defiendo que Sálvame contribuyó a la paz social en este país porque cuando la gente lo estaba pasando peor, con más carencias, cuando no se llegaba a fin de mes a pesar de tener trabajo, cosa que sigue sucediendo aunque hubo una época más dura, con tantísimo paro… de pronto la gente veía Sálvame y se olvidaba de sus problemas. Yo defiendo que el día que se acabe el programa, se van a colapsar los centros de salud. 

P.- Estoy de acuerdo. La televisión es entretenimiento, y yo defiendo el entretenimiento en todos los ámbitos. Incluso en la política defiendo también que se hable con cierto sentido del humor y no tomándose tan en serio como, aparentemente, hacen algunos políticos.

R.- Te voy a decir una cosa, Euprepio; hay muchos políticos que dicen que no ven el programa y te puedo asegurar que lo ven porque me consta. Me ha llegado, a través de varias fuentes, que también está interesando mucho el libro en el mundo político porque al final es llegar con un mensaje de feminismo a una cantidad de gente que a lo mejor no consume otro tipo de libros o de programas y que vive al margen de lo que es la igualdad y de lo que es el feminismo, y para mí eso es superbonito.

P.- Antes hablábamos de élite y para mí esto es superar los prejuicios; una forma de hacerlo, por ejemplo, es hablar de política de una forma ‘súperllana’, al igual que yo intento hacer en mis pizarras, probablemente porque soy italiano y allí tenemos una visión diferente del lenguaje político y televisivo y creo que hay que hablar con el lenguaje de la gente. Tú no puedes hablar de política, o de entretenimiento, o de pareja, o de sentimiento, solo para una élite… tienes que hablar para el cien por cien. Volviendo a tu libro. ¿Qué es lo que más te ha indignado en tu vida en referencia a la igualdad?  

R.- Las mujeres que aparecen en el libro no son las mujeres que más hayan sufrido discriminación. Creo que muchas lectoras, muchas mujeres que me han escrito cartas o me hacen llegar mensajes a través de las redes, sí se han dado cuenta con la lectura del libro de muchas discriminaciones de las que no eran conscientes. Hay un sexismo, un ruido de fondo que como hemos aprendido a convivir con él no nos molesta, como una piedrita pequeña en el zapato, con la que puedes ir caminando y hasta que acaba el día no te la quitas. Sucede un poco eso. No es mi caso; yo tengo un marido feminista, tuve un padre feminista, he sufrido discriminación como cualquier mujer de mi época, y la que no diga que la ha sufrido es porque no ha sido consciente, porque nos pasan cosas todos los días que son estereotipos de género y que son discriminatorios. Todos los días. Tanto a mujeres anónimas como a mujeres famosas. Pero me llama la atención esa capacidad que tenemos en España de tirar abajo a esas mujeres que llegan lejos. Por ejemplo, Rosalía. Es un fenómeno mundial, una mujer que canta y baila bien, es un orgullo. Pero cuando una mujer como ella o Penélope Cruz llegan lejos, siempre las bajamos y no les reconocemos lo que consiguen. Lo dice Christine Lagarde en la entrevista a Yo Donna que yo nombro en el libro: ‘A las mujeres no se nos perdona nada’… y menos el éxito, que no es más que esa capacidad de alegrarse cuando a los demás les va bien y que a mí me parece que es más grave que la envidia, porque la envidia al final, uff… está ahí, ¿no?, y yo creo que son sentimientos tan primarios que nadie los puede controlar, pero no alegrarte cuando a alguien le va bien… te he puesto el ejemplo de Rosalía, que es muy joven, pero mira Penélope Cruz adónde ha llegado y todavía dicen aquí que no es buena actriz. Es increíble. Y piensas: ¿Si fuese un tío? ¿Le ha pasado eso a Javier Bardem? No, no le ha pasado. Esas discriminaciones no son quizá las más graves, pero sí las más llamativas y hablan un poco de todo el machismo que tenemos que superar en este país. Es muy importante dar un paso adelante todos y reconocer que somos machistas de nacimiento y por educación y lo que tenemos que hacer es corregir lo que hemos sufrido en este país para no repetirlo con los que vienen. Soy superoptimista con las nuevas generaciones. Estoy en contacto con niños y segura de que se está criando otra nueva generación a la que les va a parecer, de otro siglo no, de otro milenio, que asesinaban a mujeres por el hecho de ser mujeres, o que violaban en manada a las niñas menores. Estoy segura de que, cuando mi hija tenga mi edad eso va a ser pasado y, sobre todo, un pasado que no le va a entrar a nadie en la cabeza, como las cosas que pasaron en España en la Edad Media.

P.- ¿Cómo estás viviendo tu éxito? Llevas años ya presentando Sálvame que, independientemente de los prejuicios de algunos, es un programa de gran éxito, las cifras lo dicen. ¿Cómo vives tu éxito profesional? Porque a veces dices que fue inesperado.

Hay que ser muy consciente de que no le puedes gustar a todo el mundo. Gestionar todo eso no es fácil. Pero he tenido la suerte de que me ha pasado con 40 años y que mi entorno es muy sano»

R.- Totalmente inesperado. Yo no estudié periodismo para ser presentadora. Yo quería escribir, era mi vocación real. También hice algo de radio y me pasé 19 años detrás de las cámaras y claro, nunca pensé que esto me fuera a pasar. Hay sueños que suceden y que ni siquiera los habías soñado. Lo vivo como algo absolutamente efímero. Yo he estado tanto tiempo detrás de las cámaras y he visto subir a tanta gente que luego ha bajado, que lo vivo con total naturalidad. Soy consciente de que tengo una responsabilidad porque me ve mucha gente y que hay que tener mucho cuidado con lo que dices y con cómo lo dices, y en eso la prensa tenemos mucho que hablar con el tema del feminismo, pero lo vivo, de verdad, con mucha naturalidad. Ha sido un aprendizaje y no es fácil pasarte a este lado y ver cómo se revuelve contra ti mucha gente y te critican en las redes… Hay que ser muy consciente de que no le puedes gustar a todo el mundo y que hay gente que no te soporta. Gestionar todo eso no es fácil. Pero he tenido una gran suerte, o dos: que me ha pasado con 40 años y que tengo un entorno muy sano. Tengo un entorno igual de normal que yo. No es gente que calienten la cabeza y que te estén reclamando continuamente: ‘¡Venga, más’.

P.- Llegas con la madurez, en un sector donde se dice que, si no eres delgada, si no eres guapa, si no eres la persona más espectacular del mundo… al fin y al cabo tú has defendido también una mujer, permíteme, tú eres muy guapa, pero normal… creo que en la ‘tele’ necesitamos defender la normalidad y no la excepcionalidad.

R.- A mí me lo dice mucha gente por la calle; que les encanta ver a alguien como yo en la tele, con todas las evoluciones físicas que he tenido, porque mi cambio físico también se ha retransmitido por televisión y no solo no lo oculto, sino que he escrito un libro sobre él, para ayudar a la gente. Creo que soy un ejemplo, Telecinco es un ejemplo de diversidad. Hay mujeres de todos los tipos presentando… como hay hombres. No pondré ningún ejemplo para que no se enfaden, pero tenemos físicos muy dispares. La diversidad hay que defenderla, pero predicando con el ejemplo. Para mí es un honor representar a la diversidad porque a la gente que estudia periodismo y a la que le gustaría estar un día en mi lugar tienen que saber que el físico no es un impedimento y que al final el talento, aunque no siempre sucede, está por delante del físico.

P.- Escríbeme para terminar una pequeña carta a los Reyes Magos. ¿Qué te gustaría para ti y para tú familia? ¿Qué estás añorando? ¿Qué te gustaría que ocurriera?

R: Les pediría salud, porque he vivido de cerca lo que supone que el que alguien a quien quieres no la tiene. Nada está por encima de la salud. En lo profesional, solo puedo dar las gracias todos los días porque vivo de lo que me gusta, esté delante o detrás de las cámaras vivo de lo que me gusta y eso no lo puede decir todo el mundo, y así espero seguir. Y ojalá vengan más proyectos como Hablemos de Nosotras. Y para este país, que tengamos un gobierno estable y que tome las medidas que tenga que tomar donde más hagan falta pero que no se olvide de las mujeres porque creo que podemos salir a la calle cada 8 de marzo, hacer muchas manifestaciones contra ‘las manadas’, pero si desde la Administración no se toman medidas para que no se penalice laboralmente la maternidad a las mujeres, para que no seamos siempre nosotras las que tengamos que coger las excedencias… hay un trabajo en cada familia y en cada casa, pero si no hay medidas, no hacemos nada. Por último, un país en el que los mejores expedientes sean de niñas, pero en el que hay tan pocas niñas en carreras ‘STEM’ (Science, technology, engineering, mathematics), debe cuidar más la meritocracia. Si fuera por méritos, estaríamos todas las mujeres en las cúpulas de decisión y sin embargo somos las que menos poder tenemos. Ahí hay algo que falla y tiene que dejar de ser así.