Empezó un poco tarde y murió demasiado pronto. Las apenas dos décadas en las que pudo dedicarse a la fotografía lo hizo, además, ajeno a cualquier corriente establecida y a todo color, cuando este era exclusivo de los anuncios y de las fotografías «malas» . Pero Luigi Ghirri (Italia, 1943-1992) no sabía de seriedad, sino de arte, y quería mostrar la realidad del mundo y «el mundo real es en color».

Aunque se trata de un fotógrafo desconocido para el público español, su influencia en Italia y en el resto de Europa lo han traído hasta el Museo Reina Sofía. El mapa y el territorio, que se puede visitar hasta el 7 de enero, es la muestra que engloba las grandes temáticas de su obra, unas 250 imágenes que datan de la década de los setenta y que le llevaron de ser un fotógrafo «hortera» a convertirse en uno de los narradores más importantes de su país.

Sus obras muestran objetos cotidianos, tan comunes que algunos los consideraban de «mal gusto». En sus palabras: «Estoy interesado en la arquitectura, en el mundo de provincias, en los objetos que habitualmente se consideran de mal gusto y que yo jamás he contemplado de ese modo, porque los considero objetos cargados de deseos, de sueños, de memorias colectivas».

‘Cartografías’ de la vida moderna

'Brest', 1972. Luigi Ghirri.

‘Brest’, 1972. Luigi Ghirri.

Además, como bien explica el comisario de esta muestra, James Lingwood, su obra es neutral en cuento «carece de dramas, de movimientos y de emociones». «Se trata de cartografías de la vida moderna de una Italia que vacilaba entre lo viejo y lo nuevo», asegura.

De su Italia. Ghirri se movía en un radio de pocos kilómetros. Vivía en Módena y realizaba lo que él llamaba «viajes mínimos» a zonas rurales cercanas a su ciudad. Era lo más parecido a un fotógrafo de fin de semana, al tipo que saca la cámara porque el sábado se va con su familia de excursión o porque hay una comida de amigos. Ghirri, incluso, revelaba su trabajo en un laboratorio comercial. «Con esta decisión de optar por un planteamiento no pretencioso respecto a las posibilidades técnica que tenía a su disposición, ligó su trabajo más a la fotografía amateur y al arte conceptual que a la fotografía documental de corte social o a la fotografía artística expresiva», añade Lingwood.

Gran parte de su enfoque, de «sus cortes» vienen de su profesión anterior. El italiano había sido topógrafo, algo que marcaría su obra a la hora de medir y delimitar el territorio. Su trabajo le llevó a ser uno de los Descubrimientos de la revista Time Life en 1975  y a ser proclamado como uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX.

Murió a los 49, donde siempre, en Italia. El corazón se le paró, quizás antes de tiempo. «Su fotografía hoy es una invitación para reflexionar. No sé que pensaría él  sobre la experiencia mediática en un mundo saturado por las imágenes protagonizado por el narcisismo de Instragram», sentencia el comisario.