La historia reciente de Francia se puede contar a través de Notre-Dame. Sus paredes han coronado reyes, han sido las protagonistas de una de las novelas más célebres de Victor Hugo, las que sobrevivió a la Revolución Francesa cuando era difícil hacerlo. También es su historia la que se llevó al cine infantil con El jorobado de Notre Dame.

Pero sobre todo se puede contar a través de sus gárgolas. Siempre relacionadas con el mal, con el demonio, eran consideradas por algunos como las protectoras del templo católico. Eran las que cuando a Juana de Arco la quemaron en la hoguera en 1431, despertaron y aterrorizaran a la ciudad, las protagonistas de Nuestra Señora de París (1831), del antes mencionado Victor Hugo, obra en la que se basa la película de Disney, y centro de todo tipo de leyendas.

Pero no son estas las primeras gárgolas que se colocaron en la catedral. Las que vieron coronarse a Enrique VI o la de Napoleón Bonaparte. Ni las que según el mito fueron colocadas por el propio diablo después de que un cerrajero, encargado de realizar una de las puertas laterales, le vendiera su alma a cambio del talento necesario para realizar la mejor puerta de todo Notre-Dame.

Stryge, la más famosa de las 54

Aquellas esculturas fueron arrasadas, en parte, durante la Revolución Francesa y a mediados de 1800, con la restauración del arquitecto Eugéne Viollet-le-Duc y el escultor Victor Pyanet, se instalaron las actuales. Para algunos demonios que intentan salir del templo, para otros, los guardianes de su Señora de París. Mezcla de animal, monstruo y humano; están inspiradas en las que aparecen en la novela de Victor Hugo.

La más famosa de toda la catedral, que es Patrimonio de la Humanidad desde 1991, es Stryge. La más llamativa de las 54 que hasta hace una semana eran visitadas por miles de turistas que subían las 400 escaleras que les llevaban a 69 metros de altura, al hogar de los ‘monstruos’. Es la que observa la ciudad, atenta, con la Torre Eiffel al fondo. Aun no se sabe si han sufrido o no daños, por ahora han informado que tanto el rosetón principal como la Corona de Espinas y el órgano están a salvo.