Empiezas a pensar en dónde irte de vacaciones. Atrás han quedado las costas, las playas, los mojitos. Ahora, lo que realmente llama la atención es la tragedia. Ir al lugar donde algo terrorífico ha ocurrido. Cuantas más muertes, más llamativo. Lo llama tanatoturismo y está en auge. Chernóbil, Mauthausen, la cueva de Tham Luang, donde quedaron atrapados los doce niños tailandés, el lugar donde se cometió el genocidio de Ruanda, la prisión de Alcatraz, incluso ahora hay gente que hace una excursión al monte donde enterraron a las niñas de Alcásser.

Según Daniel Levinao, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, «viajar a lugares asociados con la muerte no es un fenómeno nuevo, el auge del turismo como un sector económico fundamental a escala mundial ha disparado el interés por este tipo de lugares, que se conoce como tanatoturismo o turismo oscuro (dark tourism)». Lo dice, en especial, por lo que provocan todos aquellos casos, sucesos, que se llevan a la televisión. El caso de Chernóbil es el más llamativo. Se ofertan packs de viaje de 3 noches en hoteles de tres estrellas más un tour por 260 euros. La demanda, este año, ha aumentado en un 48%. Los turistas se hacen fotos sonriendo, saltando, dándose besos. El lugar del desastre como reclamo de likes.

«Hay los que sienten el viaje como una motivación moral o espiritual y adoptan una actitud de peregrinación secular», explica Liviano. «Una persona puede visitar el escenario de un genocidio para mostrar empatía con las víctimas, recordarlas y honrarlas, y estar guiada por un sentido de deber moral. Otros turistas de esta categoría no tienen una motivación para con las víctimas y simplemente visitan estos lugares con un deseo o una necesidad de contactar simbólica y emocionalmente con la muerte», añade el profesor.

Síndrome de schadenfreude

Para él se trata, en algunos casos, de una especie de necesidad. «La muerte es una gran desconocida y no fascinada. Sabemos que vamos a morir, pero nadie cree en su propia muerte y como individuos nos es muy difícil de imaginar y aceptar», asegura el sociólogo Francesc Núñez que ha trabajo junto a Liviano en el análisis del tanatoturismo. Además de esa intriga, de esa fascinación ante el final, también hablan de un síndrome, el schadenfreude. «Es el regodeo o el sentimiento de alegría generado por el sufrimiento, la infelicidad o la humillación de otro. En el ámbito psicológico es una emoción muy compleja, relacionada con el sadismo, y uno de sus componentes es el deseo de justicia. Esto explica la actitud de algunas personas que visitan un lugar para celebrar, in situ, que las víctimas han recibido un justo castigo por la razón que sea».

Además, añaden que «este turismo tiene muy presente la muerte morbosa y explota estas características, un ejemplo es el tour Helter Skelter, de Charles Manson, en Estados Unidos. El regodeo del sufrimiento se relaciona con lugares donde por ejemplo se han habido desastres naturales, con prisiones y convictos o sitios asociados con la esclavitud. Algunos académicos se refieren a este tipo de turismo como una forma en sí misma, apodado turismo oscuro distópico».

También tiene claro que hay un componente de modas. De repente un lugar se convierte en un destino común y las agencias de viajes se apuntan al boom. «Esta modalidad es resultado de una de las muchas cuestiones que gira en torno al tanatoturismo: hasta qué punto este fenómeno se ha visto incrementado por la demanda de los turistas o por la oferta de las operadoras turísticas», reflexiona Liviano.

Para ellos, la conclusión es clara. Todos se aprovechan de un negocio que olvida la historia, el dolor, las víctimas e incluso olvida a los familiares que aún siguen sufrientes. «Agencias de viajes, ciudades o gobiernos, todos sacan provecho aunque sea desde el horizonte del sufrimiento de muchos. Un lugar de sufrimiento puede ser un lugar de peregrinación. El efecto de la comercialización y la masificación de determinados espacios, ha producido su banalización de estos y los convierte a esos destinos en un trofeo más (la foto, el selfie) de las aventuras y las experiencias personales de los individuos consumistas».