Cuando a las 20.30-21 horas los museos públicos cierran sus puertas comienza su segunda vida. Muchos días sus salas se llenan de visitas especiales, empresas, particulares, que quieren ver las obras de arte sin que les molesten demasiado y que pagan por esa soledad. El precio es alto y estas instituciones lo utilizan a modo de autofinanciación, igual que el alquiler de espacios y la venta ordinaria de entradas.

En Madrid es común en la mayoría de los museos públicos. El Thyssen, el Prado o el Reina Sofía llevan años ofreciendo este tipo de visitas. ¿Qué pagaría por estar solo frente al Guernica? ¿Y si pudiese observar tranquilamente todos los detalles de El jardín de las delicias sin decenas de personas alrededor?  Las tarifas varían mucho de una institución a otra. De lo que pides, de las salas que quieres visitar, el recorrido quieres que te preparen… Y también de la cantidad de soledad que necesites.

En el Museo del Prado la tarifa base es de 4.000 euros, tanto si es para una persona como para diez, y en el Reina Sofía de unos 1200, también desde un visitante a diez, a lo que hay que sumar el servicio de guías, que es obligatorio. En el Thyssen, en cambio, las tarifas que ofrecen, que se pueden ver en su página web, son de 4.000 euros por un grupo de 50 personas o para 300, por lo que se tendrían que pagar 10.000 euros.

José María Jurranz explicando el Guernica

José María Jurranz explicando el Guernica EU

Estas actividades, que como nos aseguran tanto del Prado como del Reina Sofía es muy habitual que las soliciten empresas privadas, siempre se realizan cuando el museo esta cerrado. «Al principio se hacía solo por las tardes pero ahora también nos las piden antes de que abra por las mañanas», explican. Tienen unas tres visitas de este tipo a la semana y la mayoría acaban con un cóctel, «en una de las salas que tenemos habilitadas para esto». Sala por la que también se paga.

Jamás, explican, se podrían realizar eventos que no tuviesen relación directa con el museo. Desde el Prado aseguran que «no puede venir aquí un evento de la Thermomix, por ejemplo» y desde el Reina «que no se pueden alquilar las salas donde se encuentran obras de arte para presentaciones ni nada parecido».

Para ellos supone un extra de ingresos. Por ejemplo, el Prado tiene un presupuesto de 45 millones de euros anuales de los cuales 15 vienen de las arcas públicas. «El resto es autofinanciación. Unos 19 millones de venta de entradas, teniendo en cuenta que el 50% son gratuitas entre jubilados, estudiantes y los visitantes que vienen de 18 a 20 horas, 7 millones de patrocinios, unos 2,5 provienen de las tiendas y un millón de este tipo de visitas privadas», afirman.

Hall del Thyseen.

Hall del Thyseen.

Algo similar al Reina Sofía, que factura al año por visitas privadas unos 110.000 euros que al sumar el alquiler de espacios, auditorios y demás, asciende al millón de euros. «Cada visita es distinta. Normalmente son empresas, particulares hemos tenido muy pocos, y piden ciertos recorridos. El último, pintores vascos, por ejemplo. Siempre al acabar se organiza una especie de cóctel, que pueden contratar o con los restaurantes que tenemos aquí o con quien ellos quieran», explican.

En el Thyssen, que fue el primero el ofrecer estas visitas en 1994, también alquilan el Hall central para «grandes recepciones y cenas de gala». Caben hasta 250 personas sentadas o 800 de pie, son 400 metros cuadrados por lo que se pagan desde 19.000 euros hasta 26.000. Incluso ofrecen «cóctel al finalizar la visita a la exposición temporal», que se celebra en «la curva de temporales» y que cuesta de 5.000 euros por 50 personas de pie a 8.500 por 150. Las terrazas también se pueden alquilar, en este caso tanto si el museo está abierto como cerrado.

Estas visitas privadas son muy comunes también en otros museos españoles como el de Bellas Artes de Bilbao o el Macba de Barcelona, incluso de los museos europeos, que se atreven hasta a grabar videoclips en sus salas. Un buen ejemplo es el del Museo del Lovre, en París, donde Beyoncé y Jay Z «se colaron» y lo convirtieron en el escenario de su canción ‘Apeshit’. También el MET en Nueva York que lleva desde los años 50 promocionando las visitas privadas para aliviar sus cuentas.