Su relación se convirtió en mito cuando ella murió. Llevaban años de vidas separadas y parejas distintas. Años en lo que ella había quedado en un anonimato autoimpuesto y él se había convertido en el gran Leonard Cohen. Pero aquel mes de julio de 2016, cuando la leucemia se llevó a Marianne Ihlen con 81 años, Cohen decidió hacerla eterna con su carta de despedida, que le leyeron justo antes de fallecer:

“Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre eso ya que tú lo sabes todo. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el amor, te veré por el camino.”

Él murió solo unos meses más tarde, el 7 de noviembre de 2016, hace ahora tres años. Todos nos quedamos con Marianne, con Suzanne, con él como ejemplo de cómo en los sesenta y setenta se podría vivir el amor de forma igualitaria.

Había ido huyendo de sí mismo, de no encontrarse y pronto conoció a Marianne

El festival In-Edit estrenó hace unos meses Marianne & Leonard: Words of Love, un documental dirigido por Nick Broomfield, que fue amigo de ella, y en el que a través de distintos testigos de la relación del cantante y la holandesa en la isla griega de Hidra, nos muestran a otra pareja.

Pero volvamos al principio. El canadiense acudió a esta isla donde los pintores, cantantes y músicos se relejaban, creaban. Y allí estaba él, puesto de speed todos los días. Escribiendo sin cesar. Había ido huyendo de sí mismo, de no encontrarse y pronto conoció a una joven holandesa, se llamaba Marianne Ihlen y estaba allí alejándose de un marido violento que la acababa de abandonar y cargando con un niño pequeño, Axel.

Cuentan que ella, que nunca se supo guapa ni atractiva sino más bien contrahecha, encontró en Hidra su belleza. Fue Cohen que se la recordaba cada día. «Nunca creí a Leonard cuando me decía que era la mujer más bella que jamás había visto. Siempre creí que mi cara era demasiado redonda», asegura en una cinta de este documental.

Nos bañábamos bajo el sol, hacíamos el amor, bebíamos y discutíamos»

Como añadía Marianne se trataba de dos refugiados que huían de sus vidas y se encontramos cara a cara. «Nos bañábamos bajo el sol, hacíamos el amor, bebíamos y discutíamos». Hasta ahí, bien. Pero el documental da un paso más y se aleja de la imagen dada y proporciona la real.

Fue bonito, en aquellos años 60 de libertad, alcohol, drogas y falta de responsabilidad, pero no lo fue tanto como pensábamos. El documental muestra ese lado feliz, donde Marianne se sintió querida, donde su hijo estuvo bien, pero también como se vio algo sola al ver que era la única que no pintaba, escribía y cantaba. «Allí todo el mundo era artista, pero yo no era escultora, ni pintora ni artista. Yo era una artista de la vida, vivir era mi arte», aseguró.

También, según este documental, como Leonard Cohen no siempre fue tan bueno como contaron. Al parecer, Marianne tuvo que irse sola a Reino Unido a abortar. Un hijo que era de ambos. Además, como cuentan varios testigos, llegó a pensar en suicidarse cuando a Cohen le daba por conquistar a cualquier mujer que se ponía por su camino.

Pasaron siete años entre amores y odios, entre Montreal, Nueva York y Grecia. Los escarceos del poeta desencajaban cada día más la belleza fría de Marianne, y aunque con un So long, Marianne de por medio, un fallido intento de conseguir otra oportunidad, todo se derrumbó con Suzanne. La nueva pareja del canadiense se presentó en Hidra con sus maletas y Cohen no dudo en echar a Marianne de su casa, de la de ambos.

Marianne se fue. No estaba cuando el 31 de agosto en el festival de la isla de Wight Cohen, en mitad de su concierto en la isla de Wight dijo: «Escribí esto para Marianne. Espero que esté aquí, quizá esté aquí. Espero que esté aquí. Marianne».

No estaba. Y no volvió. Marianne se volvió a casar y huyó de todo aquello que tuviese que ver con la música. Dicen que durante una época pintó. También que jamás olvidó a Cohen. Y que cuando recibió su carta, en su lecho de muerte, estiró la mano, como si le tocara.