Miguel Aguiló lleva más de una decada recogiendo el cómo, el porqué y cuándo de las grandes ciudades del mundo. Analiza su crecimiento, su funcionamiento, su población y su ubicación y lo hace para dar a conocer todo aquello que las hace importantes y un ejemplo para las demás.

Este año el director de política estratégica del grupo ACS se ha decantado por las calles, las casas, los bares, los parques, la infraestrutura y la gente de un lugar que le fascinó desde el primer momento y que ahora analiza al detalle, su evolución contructiva, poblacional y creativa, en el libro La construcción de Canadá en Toronto, desde los extremos del río San Lorenzo.

La portada de ‘La construcción de Canadá en Toronto’

«Toronto es vivido y utilizado por una heterogénea población donde conviven razas, culturas e idiomas en perfecta sintonía, que ha demostrado una envidiable capacidad de acogida», explica Aguiló en la introducción antes de adentrarse en el cómo y el porqué de su origen, que tiene un nexo indudable con el río San Lorenzo.

Allí es donde se encuentra su nacimiento y su progreso, tanto pasado como futuro. Hablamos de una país de gran superficie y muy escasa población donde sus ciudades más importantes se encuentran ubicadas en puntos estratégicos, en puntos en los que históricamente el acceso era más fácil. Esto coloca a San Lorenzo como eje, como motor, y son sus aguas las que bañan las poblaciones más importantes y con mayor densidad.

La más notable es Toronto, que lleva años evolucionando, haciendo de sus calles, incluso de su subsuelo, un lugar amable, coherente, dinámico y sostenible. Una ciudad en la que transitar se hace fácil gracias a una red de transportes casi única que ha alejado las autopistas del centro y que permite a todos sus habitantes moverse con una facilidad envidiable.

Miguel Aguiló recibió el pasado mes de diciembre, por parte de Fomento, el Premio Nacional de Ingeniería Civil

Como explica Aguiló, que el pasado mes de diciembre recibió por parte de Ministerio de Fomento el Premio Nacional de Ingeniería Civil, «si el río se nos presenta como territorio de ingenieros, por sus canales, presas, puentes y centrales hidroeléctricas, la ciudad de Toronto es lugar de nuevas e interesantes políticas de transporte y enfoques urbanos para orientar y controlar su crecimiento».

Para contarla en su totalidad, para que podamos entender el cómo, el porqué y el cuándo, Aguiló divide el libro en varios capítulos que analizan cada una de las esquinas de esta ciudad que él considera «un paraíso».

Comienza con una breve introducción donde nos explica la posición estratégica de Toronto «en relación con los recursos, las comunicaciones y sus vecinos políticos». La ciudad canadiense se diseñó de la nada y su tejido urbano es transitable, no como el de otras ciudades que han crecido sin ton ni son y que han acabado por deformarse.

«El automóvil convive con el transporte público para acercar la periferia y el centro; de manera que mejora y acondiciona su sitio en la orilla para convivir con el lago de forma sostenible», explica Aguiló que considera que han conseguido que el centro sea habitable y goce de plena vitalidad, potenciando sus atractivos y no echando a la gente a otros lugares menos poblados.

No fue fácil, Canadá es un país complejo, duro, pero cuenta con un recurso que la ha hecho grande: el agua. El capítulo 2 de este libro habla de la importancia del río San Lorenzo tanto en su origen como en su crecimiento. Entre este y los Grandes Lagos, la mayor reserva de agua dulce del mundo, se comenzaron a afianzar asentamientos, entre ellos lo que hoy conocemos como Toronto. Todas las ciudades se comunicaban gracias al río, la vía navegable más larga del mundo, y que se mantuvo durante muchos años como el medio de comunicación entre ellos.

Como explica Aguiló «se construyeron puentes y centrales hidroeléctricas y Toronto supo aprovechar la condición central de su posición respecto al río para convertirse en la mayor y mejor conectada ciudad de Canadá, primero con los canales, luego con los ferrocarriles y después con los aeropuertos».

Vista panorámica de Toronto.

Y es la comunicación, en como ha ido cambiando, en lo que se centra el siguiente capítulo. Aquí Aguiló narra cuando los trenes reemplazaron a los barcos para desplazarse por el país lo que provocó un mayor crecimiento de la ciudad y de las innovaciones tecnológicas.

«La aparición del ferrocarril redujo la influencia del río San Lorenzo en la vida de Toronto, pues el río dejó de ser imprescindible como vía de comunicación y pudo ser cruzado, sobre todo cerca de las principales ciudades, gracias a la nueva tecnología de los puentes colgantes de gran luz», analiza el autor y va directo a la aparición del automóvil y como este se convirtió en el protagonista.  

Y aunque su uso se hizo absoluto en «Toronto las autopistas surgieron tarde y la gente supo oponerse, logrando conservar la cuadrícula original. A raíz de ello, para equilibrar la movilidad sin contar con las autopistas, se apostó por dos políticas: por un lado, se potenció el transporte público con el Metro, coordinado con tranvías y autobuses en algunas estaciones transformadas en intercambiadores».

Sus edificio están basados en el uso híbrido o mixto de espacios interiores y exteriores»

Un concepto sostenible de la movilidad que también tuvo que trasladarse al trato que daban de sus aguas; ya que descuidaron los «efectos ambientales del aumento de su población». Así lo analiza Aguiló en el capítulo 4 de La construcción de Canadá en Toronto: «Los vertidos de aguas sucias en el lago, tanto por la persistencia de antiguas alcantarillas de vertido directo, como por la escasez de instalaciones para recoger la escorrentía de los intensos aguaceros introdujeron productos tóxicos no degradables en la mayor reserva de agua natural del mundo y obligó a dragados permanentes en el puerto, extrayendo residuos peligrosos que deben depositarse en vertederos controlados».

Para cerrar el libro, Aguiló se adentra en la forma de vivir, las redes, el espacio y las formas construidas. «Al intensificar la densidad en el interior del Downtown y concentrar el crecimiento cerca del transporte en los suburbios, resulta imprescindible mejorar la experiencia de uso del tejido resultante. Y Toronto lo instrumenta con nuevos tipos de edificios y disposiciones, basados en el uso híbrido o mixto de espacios interiores y exteriores».

Además, el uso de calles se orienta a los peatones y «el frío y el viento del largo invierno nórdico se combaten con una red subterránea de pasajes y atrios que comunica los principales edificios de la ciudad, a la par que se fomentan los espacios soleados y se evita diseñar grandes espacios abiertos que resultan invivibles con fuertes vientos».


Este contenido ha sido elaborado con la colaboración de ACS