Explicar la evolución constructiva, poblacional y creativa de San Francisco, una de las ciudades más importantes de California y de las más peculiares del mundo, no es algo que se pueda recoger con facilidad en un solo libro. Pero a través de La obstinada construcción de San Francisco, Miguel Aguiló, director de política estratégica del grupo ACS, trata de plasmar la histórica realidad de una ciudad llena de contrastes, que «se ha mantenido en el tiempo sin cambiar un ápice sus enormes contradicciones» y en la que la compañía ha participado en la construcción de importantes hitos urbanísticos de la ciudad, como los accesos de Presidio Parkway al Golden Gate o la ampliación de su aeropuerto internacional.

El sexto trabajo de la colección de monográficos que repasan la construcción de grandes ciudades de ACS – anteriormente Madrid, Nueva York, Berlín, Sidney y Londres- y que se publican conforme «vamos apareciendo en nuevos mercados», emprende un repaso en profundidad de cómo se ha transformado este centro neurálgico de la diversidad y la cultura, desde la llegada de Gaspar de Portolà a la bahía hace más de dos siglos y medio hasta llegar a su categoría de urbe tecnológica a nivel mundial por su arraigo con Silicon Valley.

El famoso Golden Gate de la ciudad de San Francisco.

«San Francisco es, sobre todo, una ciudad difícil y obstinada de principio a fin», marcada desde sus orígenes por su obsesión de asentarse «en una topografía imposible, un lugar inhóspito, escondido» pero que «es irresistible como espacio para una ciudad», explica Aguiló. «Hacer una ciudad desde cero con ese paisaje es muy complicado, pero el resultado es, sin embargo, espectacular».

Su historia, marcada como la mayoría de las grandes urbes por capítulos de plenitud y de destrucción, cuenta con una fuerte identidad por un «auténtico vínculo entre construcción y cultura» y su capacidad para ser al mismo tiempo percibida como «una ciudad festiva y seria».

San Francisco es una ciudad obstinada de principio a fin, pero irresistible como espacio para una ciudad

Desde su tardía fundación en junio de 1776, la cuarta ciudad más poblada de California apenas creció -ni económica ni demográficamente- un salto que se reservó para el siglo XIX, cuando el impacto de la fiebre del oro o las ventajas logísticas que ofreció su puerto comercial durante la guerra la posicionó como una de las capitales más importantes del momento, posición que consiguió por su «excelente capacidad de recomponerse rápidamente», por ejemplo después del famoso terremoto de 1906 que destruyó San Francisco.

Posteriormente, en el siglo XX, la firma de contratos militares con el que comienza a surgir el movimiento de Silicon Valley y el desarrollo de centros universitarios como Standford motivaron la industrialización y pleno apogeo de la urbe, llevándola a mantener su título como referente mundial a nivel tecnológico.

La ciudad cambia radicalmente a un ritmo vertiginoso, pero si querer parecerse a nadie

«La ciudad cambia de un día para otro radicalmente y a un ritmo vertiginoso», con momentos clave como la inauguración de sus puentes más emblemáticos (como el Golden Gate) en la década de los años 30, pero «sin querer parecerse a nadie», ni en costumbres ni en edificación, hasta cumplir con su pretensión histórica: «Ser la ciudad más importante del oeste americano, pero sin asemejarse a Nueva York o Los Ángeles». San Francisco, explica Aguiló, «no quería autopistas ni rascacielos», fruto de sus peculiares orígenes, por lo que ambos elementos arquitectónicos están limitados en esta pintoresca ciudad.

El libro, dividido en cuatro capítulos, trata de trasladar al lector una visión lineal de la construcción de esta capital, desde el análisis de sus colinas y «larguísimas calles» analizado en el primero de los apartados hasta el «complicado» estudio del inefable vínculo entre suburbios y tecnología del último, pasando por un esbozo de la bahía a través del levantamiento de sus reconocibles puentes y el análisis de su historia construida sobre las protestas vecinales y la aceptación de todo movimiento social alternativo.

Cuna de la diversidad

Como en su parte urbanística, el origen cultural de San Francisco reside en la fiebre del oro, momento en que la ciudad se pobló de personas de toda clase y condición, una diversidad que se ha mantenido en el tiempo como su principal característica definitoria y que «impide, por ejemplo, que puedas diferenciar a personas de clase alta y baja que caminan por sus calles».

«San Francisco es perfectamente contradictoria. Por un lado tienes una ciudad impecable con sus (limitados) rascacielos, puentes, casitas al más puro estilo victoriano… y por otro están los beats, el rock and roll, los panteras negras, los hippies o el movimiento LGTB. Te preguntas cómo es posible que ingredientes tan diferentes encajen a la perfección y explicar el por qué lo hacen es, quizá, el mayor reto de este libro», destaca Miguel Aguiló.

El mayor reto del libro es explicar cómo pueden encajar a la perfección ingredientes tan distintos

Las protestas vecinales forman también parte del ADN de la metrópoli, así como el empeño de sus habitantes de caminar hacia delante dejando siempre patente lo que ocurre y ha ocurrido. «Preservan aquí e innovan allá, sin abandonarse a lo fácil» para que «San Francisco sea siempre más».

Además de sus movimientos sociales, San Francisco es una ciudad imprescindible para todo cinéfilo. «Sus calles, su distribución, sus casas, sus tiendas, sus librerías… todo te recuerda, involuntariamente, a grandes directores como Hitchcock». «No vas solo a una ciudad, visitas muchas ciudades a la vez», añade.

Hoy, la ciudad en la que siempre sopla el viento ha conseguido ser reconocida como la urbe más abierta de Estados Unidos, y, al mismo tiempo alzarse como uno de los pulmones tecnológicos, económicos y culturales del mundo.


Este contenido ha sido elaborado con la colaboración de ACS