Marco Antonio García, encargado general de Climatización del Museo del Prado. Rafael Ordóñez

Cultura

En los pulmones del Prado, un museo con el aire de un hospital

La pinacoteca más importante de España abre sus puertas el próximo sábado tras permanecer cerrada por el estado de alarma durante el periodo de tiempo más largo desde la Guerra Civil. El museo ha llevado a cabo una serie de medidas de seguridad para que el virus no entre en el edificio ni afecte a sus trabajadores y permita a los visitantes conocer sus tesoros con tranquilidad y sin miedo.

Con ese fin se han acometido transformaciones en la climatización del museo, una medida invisible pero que aumenta la limpieza del aire que se respira en sus salas. El museo alcanza ahora los estándares del aire tipo ‘IDA 1’ que es de la misma calidad que se aplica en hospitales, clínicas, laboratorios y guarderías. 

“Hemos querido mitigar que las partículas del virus puedan estar en el aire del museo, para realizar eso lo primera medida que hemos tomado ha sido mejorar la calidad del aire interior del museo aportando más caudal de aire exterior o de renovación”, explica Marco Antonio García, encargado general de Climatización del Museo del Prado. Junto con el técnico hemos visitado las entrañas del museo que normalmente no despiertan el interés periodístico: las salas de climatización.

Las máquinas de climatización se extienden por el sótano del edificio Villanueva donde hay kilómetros de conductos por los que se distribuye el aire de las salas. El recorrido del aire del Prado empieza por un lavado, se limpia el aire en una gran cuba antes de pasar por los filtros. Se quitan así las partículas contaminantes más gruesas, perjudiciales para la salud de los visitante y de los cuadros.

“En el edificio Villanueva el aire exterior se mezcla con el de retorno [el del interior] para mantener las condiciones de temperatura y de humedad y luego se pasa por la secciones de filtrado. Tenemos un filtro de alta eficacia, luego otro de carbón activo y otro de alta eficacia”, explica. Los filtros de alta eficacia retienen partículas de 2,5 micras en un porcentaje mayor del 80% y el aire pasa por ellos dos veces antes de llegar a las salas. En el edificio moderno del museo todo el aire va a entrar nuevo, “va a entrar se va a atemperar y se va a repartir por las estancias pero siempre nuevo”, explica el técnico.

Otras medidas

Además de mejorar el aire, el museo va a tomar más medidas de seguridad. Tendrá un aforo máximo de 1800 visitantes diarios, un tercio de su capacidad que será distribuido,  regularmente, a lo largo de todo el horario de apertura. Las entradas sólo se podrán adquirir en la web del museo para evitar colas en la entrada y en el proceso se elegirá la hora de visita. 

Una vez en la entrada se realizarán controles de la temperatura corporal y el uso de mascarillas será obligatorio. Además estarán disponibles geles desinfectantes, toallitas de papel y papeleras con cierre y si hay que esperar fila, tanto dentro como fuera del museo, la distancia mínima interpersonal deberá ser de 2 metros.

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