«Todos tenemos una vida pública, una privada y una secreta. Yo siempre he reflexionado mucho sobre esta cuestión, sobre las distintas caras que tenemos de uno mismo”. Esta cita de Gabriel García Márquez ha sido una de las razones que han motivado a la periodista Mónica Carrillo a escribir su tercera novela, La vida desnuda con la que ha ganado el Premio Azorín de Novela 2020. En este libro, la autora expresa a través de las trayectorias vitales de unos personajes cercanos y naturales, el cambio, el desarrollo y la evolución a nivel emocional que las personas experimentan al destapar las distintas capas de ‘secretismo’ e intimidad que cubren el ‘yo’ más auténtico y desconocido.

La escritora explica que siempre ha mantenido la creencia en la existencia de dichas tres partes en todas las personas: “La parte pública es la que mostramos a todos y todos perciben de nosotros, que no siempre que estar en sintonía con lo que nosotros somos, la parte privada que es a la que solamente algunos tienen acceso, y la parte secreta, que se trata de la infranqueable, donde no dejamos pasar a nadie, o solamente las personas elegidas”.

A pesar de hablar de todas ellas en la novela, a Carrillo le resulta «fascinante» el mundo de los secretos, ya que considera que se trata de algo que «nos une a todos». «Lo que para ti puede ser un secreto muy importante, para mí igual es algo muy banal. Hay tantos tipos de secretos… todo dependerá también del pensamiento, de los tabúes que tengas, los prejuicios, las etiquetas y la presión social, pero reflexionar sobre eso me me parece muy atractivo”.

Sin embargo, la motivación acerca de esta reflexión no llega de la mano de su propia experiencia. Y es que, la presentadora de Antena 3 Noticias tiene una reconocida ‘vida pública’ de cara a los espectadores y seguidores de redes sociales, pero confiesa que es «muy reservada» y que siempre ha tenido las parcelas de su vida «muy muy diferenciadas», a pesar de mostrar habitualmente una postura «bastante natural». “Al convertirse en personaje público, hay una parte en la que ya se te escapa lo que la gente percibe de ti. La imagen que yo proyecto ya no la puedo controlar”, explica. Asimismo, cree que un una época de tanta sobreexposición en las redes «el preservar cierta intimidad, ciertos secretos y cierto misterio me parece una buena opción”.

La novela, que tuvo que atrasar su presentación por el Covid-19, llega probablemente en un momento de cambios sociales y de mentalidad o comportamiento a nivel general en la población, que invitan a empatizar con el tema propio de la historia. Respecto a esto, Mónica es conocedora de que algunos lectores le han confesado que leyéndolo se les han planteado «reflexiones vitales». “Estamos en un momento de gran sensibilidad. Ha sucedido algo que no imaginábamos, nunca habíamos vivido una pandemia, un confinamiento general a nivel global, una una crisis de salud pública tan grande, tanta tristeza… de ese viaje no salimos igual que entramos”, explica la autora.

La periodista Mónica Carrillo. MARÍA VILLANUEVA

En muchas ocasiones, e incluso con la publicación de sus anteriores obras, la comunicadora ha reconocido que el mundo de las emociones junto a la escritura, le sirven para desconectar de su continuo contacto con la realidad más explícita que tiene como periodista. Sin embargo, durante la pandemia, esta ‘vida real’, su dureza y detalles han sido los protagonistas de la información transmitida por los periodistas,en su caso, a través de la televisión. La presentadora confiesa que a pesar de ser su trabajo y estar «acostumbrada» a transmitir en ocasiones malas noticias, «era la primera vez que era tan prolongado en el tiempo».

Precisamente esto, el transcurso de los días sin grandes cambios ni esperanzas o mejoras era lo que más la impactaba: «Yo he dado noticias malas, los atentados de Barcelona, en directo, haciendo programas especiales sobre la marcha o el accidente del Alvia… son informaciones que han encogido también el corazón a toda España. Son noticias que de repente conmocionan a todo un país. Pero es que esto era un día y otro y otro…», y explica que lo sentía como «un extraño día de la marmota, entristecido y con un ambiente digno de ciencia ficción”.

Era un extraño día de la marmota, entristecido y con un ambiente digno de ciencia ficción”

De esta manera, la periodista muestra su parte más humana y reconoce que “más de un fin de semana he vuelto a casa me he venido abajo, me he desmoronado… El peso de todo lo que estaba pasando, la dureza de la información, la dureza de las cifras, el contexto, y sobre todo, el no ver mejora. Cuando veíamos que la curva seguía creciendo … era desolador el panorama”.

Sin embargo, prefiere quedarse con «una lectura positiva» de la situación tan surrealista que atravesamos: «Nos hemos portado bien la mayoría de las personas. Aunque haya habido personas que lo han hecho mal o que hayan tenido gestos irresponsables, la gran mayoría lo ha hecho muy bien”, y destaca que «hemos demostrado que nos podemos adaptar». Además añade como parte positiva, que esta crisis «haya puesto al descubierto algunos trabajos esenciales muy invisibilizados. En el caso de los servicios de limpieza, reponedores, camioneros, trabajadores de supermercados… quedó en evidencia que eran esenciales, y que sin embargo, muchas personas con trabajos muy importantes podían estar en sus casas”.

Sin embargo, Mónica Carrillo concluye con una especie de premonición: “Creo que no somos conscientes todavía porque aún seguimos aquí, y tenemos una capacidad asombrosa de adaptación… pero cuando esto pase y volvamos a la nueva realidad. la realidad o como le queramos llamar, cojamos distancia y veamos todo lo que hemos atravesado… ahí si que habrá reflexiones vitales”.