retrato de Marcos Chicot

Marcos Chicot Carlos Ruiz B. K. / Planeta

Cultura | Literatura

Marcos Chicot y una dosis de Platón contra los políticos demagogos

Lleva ya tres filósofos asesinados. Pitágoras, Sócrates y ahora le ha tocado a Platón. Marcos Chicot publica El asesinato de Platón (Planeta), tras El asesinato de Sócrates, con el que fue finalista del Premio Planeta en 2016 y El asesinato de Pitágoras, su primer éxito en 2013. Detrás de tanto filósofo muerto está la obsesión de Marcos Chicot de hacer libros entretenidos y didácticos.

“Aprender es un valor añadido de mis novelas. Aprendes realmente con un rigor absoluto, es una premisa que tengo, quiero mostrar la Grecia en la que vivió Platón y el personaje, los hechos relevantes de su vida y su pensamiento de manera rigurosa”, explica a El Independiente.

Ese rigor hace que su trabajo haya sido más difícil: “Si en algún momento la trama se estancaba, yo no cambiaba o modificaba algún hecho real para que encajara. Me quedaba un mes quieto, reconstruyendo toda la trama de ficción para al final poder mostrar la realidad”. Un proceso que reconoce es agotador ya que supone un  esfuerzo doble. “Si solo fuera una novela histórica y quitara a Platón para contar una novela de aquellos años me hubiera supuesto la mitad de trabajo”.

En las páginas de El asesinato de Platón introduce su pensamiento para que el lector “comprenda sus hechos vitales y por qué piensa eso y por qué dice eso y qué significa lo que dice”, afirma.

Un Platón para nuestro mundo

De las páginas de su novela sales con Platón puesto, que es el gran triunfo de Chicot: “Combinar entretenimiento y aprendizaje es clave. Esa siempre ha sido mi máxima ambición, la idea de hacer una novela que una vez la leas no te olvides de ella, sino que forma parte de ti”, asegura.

Marcos Chicot
Marcos Chicot Carlos Ruiz B. K. / Planeta

En este sentido, este último trabajo tiene un valor extra para nuestro mundo actual al presentarnos la idea del rey filósofo de Platón. “El pensamiento de Platón tiene gran vigencia y ha cobrado especial relevancia los últimos tiempos.  Platón dedica su vida contra los demagogos, igual que lo habría hecho ahora. Para él eran los enemigos de la democracia, quería que gobernaran los más capacitados para gobernar, no los más capacitados para convencer para gobernar. Parece algo obvio, pero, desgraciadamente, no lo es”. 

Si en vez de la verdad utilizas ilusiones, mentiras o medias verdades y alimentas esperanzas, tienes argumentos para arrastrar a la gente, convencerlos y agruparlos».

El gran proyecto de Platón fue “intentar unir filosofía con política de manera que gobernara la justicia, en vez de la corrupción; la razón y la sabiduría, en vez de la retórica vacía de los demagogos y los ignorantes. Él lo que quiere es que gobierne la razón y el conocimiento y el poder lo tengan personas que han dedicado su vida a formarse”, explica.  

Esta ambición queda hoy muy lejos, cuando la pandemia deja mucho espacio a los demagogos. “La gente está desesperada y si les vendes esperanza los arrastras. La verdad es un argumento muy estrecho. Si en vez de la verdad utilizas ilusiones, mentiras o medias verdades y alimentas esperanzas, tienes muchos argumentos para arrastrar a la gente, convencerlos y agruparlos”. Esto es lo que aprovecha el político demagogo que ignora la ciencia. “Platón decía que la demagogia es la degeneración de la democracia y contra esto hay que luchar, y nos decía en su obra cómo luchar contra ello”, asegura Chicot.

Para el escritor, siguiendo el pensamiento de Platón, el demagogo utiliza la emoción: “La masa no puede filosofar, la masa tiende a agruparse de manera gregaria a través de la emoción, que es una especie de animal que reacciona y, a eso, se dirigen los malos políticos, los demagogos. Lo aprovechan para tirar de las cuerdas emocionales como titiriteros y anulan el pensamiento crítico. Hoy no pensamos, sólo reaccionamos, tenemos una sobredosis de estímulos y nos hemos acostumbrado a eso, sólo reaccionas y no piensas”.

Nuestro mundo de hoy es el caldo de cultivo ideal para la demagogia. “Un mal político intenta arrastrar a través de la emoción y en los tiempos del Covid las emociones están a flor de piel por el sufrimiento, la esperanza, la necesidad.. Es mucho más fácil gestionar una situación como esta para un demagogo”, concluye.

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