La ciudad eterna y de las siete colinas; la ciudad que supone un viaje sin escalas al pasado y la ciudad de San Pedro, reluce aún más si cabe cada 21 de abril: día en que la luz del sol ingresa por el óculo del Panteón de Agripa de forma cenital.

El Panteón de Agripa, conforma una de las construcciones mejor conservadas de la antigua Roma. Fundado en la época del emperador Adriano, en el año 126 d.C, es un templo dedicado a los dioses celestes de la mitología romana y sigue siendo aún hoy, una presunción de pericia técnica casi dos mil años después de su construcción.

Su óculo, de 9 metros, es sin duda lo que provoca más fascinación entre los visitantes al templo, y más cuando se trata de tal dia como hoy. Cada 21 de abril al medio día, la luz entra por el óculo, incidiendo directamente en un punto exacto sobre la puerta de entrada del recinto. Esto ha sido considerado por los romanos como un símbolo e invitación del sol al Emperador para que este entrara al edificio; una señal de los dioses de que alguien divino debía entrar.

La luz del sol entra en el Panteón de Agripa por la cúpula. © Giovanni Simoone

Pero, ¿por qué ocurre esto? La teoría de la magia de la luz del Panteón, ha sido estudiada durante años por varios historiadores y científicos que aseguran que su diseño no dejó nada al azar. Robert Hanna, de la universidad neozelandesa de Otago, asegura que la orientación del panteón es inusual y que es imposible que sea una coincidencia que la luz del sol llegue al ecuador de la cúpula justo durante el equinoccio: «Esto es resultado de la forma del interior de la cúpula, y el interior de esta está deliberadamente construida para que tenga el aspecto de un perfecto hemisferio, aunque estructuralmente no lo sea».

Así pues, esta teoría demostraría que la construcción dedicada a los dioses era usada también como un enorme reloj solar.