«No me pudras a este niño, mundo asqueroso, solo te pido eso, asústame a mí, enférmame, tortúrame, échame a una zanja y que nunca me encuentren, hazme daño a mí y a este niño que nada lo vuelva malo».

A Elisa Victoria (Sevilla, 1985) la juventud la ha dotado de experiencias diversas, con el jolgorio y la lucha equilibrando la balanza. Sin embargo, la autora reniega de la concepción popular de «decir que no tienes derecho a pasar esos años con una visión oscura porque son tus mejores», explica en su entrevista a El Independiente. «Quizá no lo son y estoy mejor en el futuro, y si no lo estoy habrá sido una vida complicada», ríe.

La exploración de la decepción en edades en las que se aboga únicamente por el disfrute se convierte en una de las muchas líneas argumentales que persigue El Evangelio (Blackie Books), su segunda novela. Una temática que ya explotó en Vozdevieja (2019), obra cuya repercusión fue del todo inesperada para la sevillana: «Una desea que vaya bien, pero no tantas ediciones, ni tanto apoyo, ni tanto evento, ni tanta prensa», afirma.

En Vozdevieja, una joven adolescente descubre que la realidad no está enfundada de una capa de pintura rosa, y en El Evangelio, es una universitaria la que se adentra en las diversas, y complejas, aristas que conforman al ser humano: desde el trabajo, pasando por las relaciones que dotan de oxígeno su rutina.

A Victoria, sin embargo, no le gusta «adelantar mitos», pues se alegra más del éxito «cuando no me lo espero y el batacazo es menos doloroso». Considerada como una de las grandes voces narrativas de su generación, admite que durante el proceso creativo de El Evangelio llegó a «experimentar» la presión: «Estaba condicionada y centrifugada por la promoción tan intensa (de Vozdevieja), por la expectación, por sentirme observada», explica. «Estoy acostumbrada a escribir de una manera bastante más libre, tener poco público implica tener más libertad», añade.

Elisa Victoria: «Mi adolescencia tuvo sus diversiones, pero estaba llena de contrariedad y decepción, descubrir el mundo desde dentro es un poco chocante». Foto: Cecilia Díaz Betz.

Un futuro laboral en ciernes

Lali está desmotivada, algo que se palpa en los primeros compases, líneas y párrafos de El Evangelio. Su amiga Gloria es el ende opuesto. Es luz, ánimo y desparpajo, y también la dosis necesaria de optimismo que equilibra su relación. Cuando tienes 20 años, la vida se convierte en una etapa de incertidumbre constante, no solo futura. El germen de la segunda novela de la autora sevillana es «la experiencia de mi propia juventud, en la que pasé una situación de extrañeza y desencanto con el mundo», explica. Al igual que Lali, Elisa Victoria también fue estudiante de Magisterio de Educación Infantil y trabajadora en Telepizza.

Ambas figuras se fusionan en una novela en la que se explota la idea de que, en edades más inocentes, no todo es brillante, lúcido, nuevo y positivo. «Hay un montón de experiencias y perspectivas posibles, habrá quien haya tenido una visión de la adolescencia llena de luz y donde todo va encajando. La mía tuvo sus diversiones, pero estaba llena de contrariedad y decepción, porque descubrir el mundo desde dentro es un poco chocante». Victoria busca, ante, todo, «legitimar esa parte oscura» y «que no te puedan decir que ‘la juventud es un tiempo muy bonito y ya llegarán los problemas’: es injusto porque todas las etapas vitales tienen su oscuridad», apunta.

Hay muy pocos trabajos a los que puedas aspirar sin tener conexiones, es un azote de realidad capitalista que puede deprimir a cualquiera»

elisa victoria, autora de ‘el evangelio’

Lali no consigue llegar al umbral académico requerido para sostener la beca que ostenta. Es entonces cuando Telepizza se convierte en una vía, no solo de exploración laboral, también de supervivencia. «A esa edad hay muy pocos trabajos a los que puedas aspirar sin tener conexiones, es un azote de realidad capitalista que puede deprimir a cualquiera», explica.

Habiendo estudiado Magisterio, Elisa considera que «el sistema educativo es algo que avanza despacio» y en el que «todos tenemos recuerdos muy similares, aunque hayamos sido de generaciones diferentes». Aunque se haya incorporado la tecnología a la docencia, Victoria considera que «la esencia» educativa es «parecida».

Intimidad y sexualidad

Lali está en edad de probar, buscar, conocer, equivocarse y redimirse de situaciones tanto vergonzosas como complacientes. Elisa Victoria presenta una sexualidad pudorosa, a la vez que explícita, en la que aunque su protagonista «no tenga un trauma importante que marque un antes y un después, se va encontrando con pequeñas experiencias desagradables que van configurando la necesidad de esconderse».

Así, aunque Lali es una adolescente «a la que le apetece experimentar «, los obstáculos con los que se va encontrando «acaban equivaliendo a un monstruo difícil de combatir que le condiciona enormemente», algo que la propia autora considera más «común» de lo que a veces hacemos ver.

«A la gente se le castiga a base de pequeños comentarios y eso te hace inseguro con tu propio cuerpo, apetito, perspectiva y acaba llenando tu vida sexual de oscuridad y pudor», añade.