Cultura

Miguel Bosé: "Yo era un niño raro que levantaba sospechas entre la casta de toreros"

"El hijo del Capitán Trueno", el libro de Miguel Bosé.

"El hijo del Capitán Trueno", el libro de Miguel Bosé. EFE

El músico Miguel Bosé ha presentado sus memorias, El hijo del Capitán Trueno (Espasa), reconociendo que «era un niño raro que levantaba sospechas entre la casta de toreros» y su afán por «ser conocido en el mundo entero, como Julio Iglesias», aunque también se da por satisfecho con la fama alcanzada a lo largo de su carrera.

El título, como la canción del mismo nombre que lanzó hace 20 años, alude a la decepción impresa en los ojos de su padre que marcó su infancia y adolescencia. «No reunía las condiciones que buscaba en un heredero: machote, cazador, rudo. Yo era de vena más lombarda, sensible, y leía mucho», rememora.

«Es verdad que soy muy conocido en América y algunos países de Europa, pero después se acabó: me paseo por Asia y soy un blanco más«, ha resaltado el autor de ‘Amante bandido’, quien no obstante ha explicado que en su día a día hay mucho de reconocimiento y «más selfies que autógrafos».

«En los países en los que soy conocido hay reglas y límites, lo único que antes eran autógrafos y ahora selfies y yo prefiero los primeros, porque hay días malos», ha comentado con humor Bosé. «Eso sí, espero que esto dure, porque en el momento en que no te pidan nada, malo», ha añadido entre risas.

El hijo del Capitán Trueno aborda los años de la infancia y la juventud de un Miguel Bosé temeroso de su padre Luis Miguel Dominguín y arropado por varias personas cercanas, desde su madre Lucía Bosé hasta el pintor Pablo Picasso, amigo de la familia. Esta primera autobiografía -que hace pensar que tendrá continuación- concluye en abril de 1977, con su primera actuación en público en el Florida Park de Madrid.

«Pensé que era bonito explicar la infancia en primera y tercera persona para entender lo que ocurrió después: uno es fruto de lo que le pasa en la adolescencia», ha señalado el músico, insistiendo que de esa parte de su vida es «inédita, porque hay muchas fotos pero faltaba el relato».

El fuerte carácter de su padre, el torero Luis Miguel Dominguín, ocupa una gran parte de estas memorias. «Sí le he perdonado, aunque realmente no había que hacerlo, porque cuando uno crece termina por hacer cosas peores de las que pensaba que iba a ser capaz. Entendí que lo que tanto me dolía lo estaba repitiendo yo, que heredé su genética», ha asumido.

«Sospechas» entre los toreros

De hecho, el cantante reconoce que su infancia fue un ejercicio de «supervivencia» al tener que ‘competir’ con el brillo de sus padres. «Tuve que sobrevivir a dos monstruos sagrados que me eclipsaban«, ha apuntado, para luego ir más allá con su padre, quien «se sintió avergonzado por no saber en su momento lo que iba a ser» el Miguel Bosé artista.

«No sabía como terminaría la relación con mi padre, porque estaba en el imaginario lo de ser machote, rudo y cazador, y yo era un chico sensible y me gustaba la lectura. Era un niño raro que levantaba sospechas entre la casta de toreros», ha apuntado el intérprete de Don Diablo.

Pablos y Picassos

«Lucía, el niño va a ser maricón», cuenta en el libro que un día le espetó el torero a su esposa, unas «dudas y sospechas» que intentó mitigar llevándoselo con solo 10 años de safari a Mozambique y allí, además de contraer el paludismo, intentó que lo «iniciase en la hombría» una chica de 16 años.

En cualquier caso, Bosé reconoce que la relación con su padre tuvo un punto de inflexión después de un safari a África en que el comportamiento del torero hacia su familia fue terrible. «Ahí fue algo liberatorio, porque supe que no tenía sentido pelear más», ha asegurado, para rescatar una anécdota posterior que demuestra que se le dio la vuelta a la tortilla.

«Un día mi padre cogió un taxi, se giró el taxista y le dijo: ‘yo a usted le conozco, es el padre de Miguel Bosé'», ha señalado con humor. Bosé ha explicado que a día de hoy vive «en una casa más convencional» en la que tiene «justamente todo aquello que faltó» en su infancia. «Tengo que recuperar los abrazos perdidos», ha indicado.

Este libro, puntualiza, «no es un ajuste de cuentas, sino un ejercicio de entender». «Lo he perdonado, aunque tampoco había que hacerlo, porque luego uno crece y hace cosas peores. Al final esa genética se traslada y se multiplica y entendí que lo que tanto me había dolido de él yo lo estaba repitiendo», reflexiona Bosé, tan contestado actualmente por su posición frente a la covid-19.

Un día pilló a su padre mirándolo embelesado y le confesó que se había equivocado con él. «Es que me parece imposible que alguien de mi familia haya sido algo sin haberme pedido jamás nada y tú nunca me pediste nada», le soltó. A partir de entonces inició una carrera por «recuperar el tiempo» perdido juntos.

¿Por qué contarlo ahora? «Era el momento», responde el cantante y compositor en una obra que abarca desde su nacimiento hasta su icónico debut en el Florida Park de Madrid en 1977, episodio a partir del cual tomará el relevo de su relato vital y profesional la serie de televisión que comenzará a rodarse «en un par de meses».

El libro también habla de otras personas que rodearon a su familia, como Ava Gardner -«odiaba que dijeran sobre ella que era ‘el animal más bello del mundo'», ha recordado- o Pablo Picasso, del que deja una imagen «desconocida»: «tierno, un abuelo que ejerció de apoderado». «Además, los dibujos que tengo de él no valen nada, porque están en un papel sin firmar. Siempre digo que no tengo Picassos, sino Pablos que no valen nada», ha ironizado.

No obvia cómo perdió su virginidad con Amanda Lear ni su romance a lo Call Me By Your Name con el actor Helmut Berger («Fue muy natural y todo sucedió de una forma bonita», ensalza), pero sí reconoce un momento que le costó recuperar en esta obra.

«La separación de mis padres y contar lo de mi madre durmiendo en la calle… Dudé. Había cosas en las que no sabía si tenía el derecho de intrusión. Pedí señales, me las dieron y lo conté, pero esa imagen me caló muy hondo, fue devastador», confiesa.

Este relato es en ese sentido también una reivindicación de las mujeres «alfa», en especial de aquella a la que se refiere como una «diosa» y «la madre más perfecta que ningún niño podría desear (…). «Y cuando se me acercaba y me abrazaba, esas pocas preciosas y contadas veces, yo cerraba los ojos y me dejaba ir», escribe.

¿Cambiaría su infancia por un hogar más convencional donde el amor fuese más explícito? «En este momento vivo en esa casa, mi casa, que tiene todo aquello que me faltó: los abrazos, el cariño», replica Bosé, un «pulpo baboso» con sus hijos, antes de apostillar: «Pero de haber vivido en un lugar diferente no sería como soy, ni tendría este carácter, porque en las dificultades se forjan los caracteres más que en las bonanzas»

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