Cultura

La odisea de El Prado para salvar un cuadro de Carlos V en Moscú

Imagen del cuadro del recorrido que va a hacer el cuadro del Emperador Carlos V desde Moscú a Madrid

Carmen Vivas

De un juicio de combate, a un crimen noble dedicado a la historia de los duelos en Europa, envueltos en el aura del romance, y evocando los ideales de la caballería heroica y el amor. Con esta idea el Museo del Kremlin iba a colgar en sus paredes el óleo del emperador Carlos V, obra de Juan Pantoja de la Cruz, en 1605, que le fue prestado por el Museo del Prado para una exposición temporal que iba a tener lugar a partir de este 4 de marzo y hasta el 16 de junio. Pero empezaron a oírse rumores que luego fueron hechos y bombardeos de un episodio bélico en curso a gran escala que comenzó el 24 de febrero y forma parte de la guerra ruso-ucraniana.

Duel. From Trial by Combat to Noble Crime en Moscow Kremlin Museums quedó entonces en el olvido, como ‘La menina’ de Velázquez o el legado de Prymachenko en el Museo de Historia Local e Histórica de Ivankiv, al noroeste de Kiev, y las sanciones que la comunidad internacional ha impuesto a Rusia dificultan ahora la repatriación del cuadro español al Museo del Prado: «La exposición estaba prevista para el 4 de marzo y contaba con más de 140 obras de dieciocho museos y bibliotecas rusas e internacionales, incluidos el Museo Nacional del Prado, Museo del Louvre, el Museo Kunsthistorisches de Viena, Su Majestad la Reina Isabel II, el Museo Estatal de Bellas Artes de Pushkin, el Museo Estatal de Historia, el Museo Nacional Bibliotecas de Austria y Francia o la Biblioteca Estatal Rusa, entre otras. Lo ocurrido hace que se haya suspendido la muestra y que, por consiguiente, El emperador Carlos V deba ser devuelto al Prado», apuntan en palabras para El Independiente desde el Museo Nacional del Prado.

Esta es la única obra de arte de los grandes museos españoles que se ha visto atrapada en mitad del conflicto bélico en Ucrania. Y nada puede ser fácil en un contexto como el actual. Así, a las sanciones que han impuesto Estados Unidos, la Unión Europea y Reino Unido -desde el cierre del espacio aéreo a las aerolíneas rusas, hasta la expulsión parcial de Rusia de la plataforma de pagos internacionales SWIFT, o el cierre o salida del país de numerosas compañías que se han negado a mantener sus negocios allí como muestra de oposición a la guerra-, se suma como daño colateral el retraso en la repatriación del arte y la cultura: «El cuadro se encuentra en un sótano del Kremlin. Se trata de un retrato renacentista del emperador Carlos V de cuerpo entero, armado con una espada, un bastón de mando y una celada. Está preparado, protegido y a salvo para que pueda volver en cuanto se pueda. La relación con el museo del Kremlin ha sido cordial y buena, pero las circunstancias hacen que el proceso sea lento, sin fechas. Regresará como corresponde, pero cuando se pueda», añaden.

Al retrato de Carlos V, se unen también los de duelistas como Guy Chabot, barón de Jarnac, un practicante del golpe astuto que pasó a la historia con el nombre de le Coup de Jarnac; y los de los secuaces del rey Enrique VIII, que se hicieron mundialmente famosos gracias a la novela La dama de Monsoreau de Alexandre Dumas, así como al retrato del intrépido y atrevido duelista François de Montmorency, conde de Bouteville, condenado a muerte por decapitación por sus innumerables duelos: «El duelo entró en la conciencia del público en general a través de las novelas populares de Alexandre Dumas père, Robert Louis Stevenson, Maurice Druon y otros escritores, así como a través de numerosos programas de televisión y largometrajes, incluido el reciente drama histórico épico de Ridley Scott, The Last Duel».

La exposición, destinada a una amplia y diversa gama de audiencias, que prometía convertirse en un hito de la vida cultural de Moscú y más allá, estaba patrocinada por el magnate Alisher Usmanov, uno de los «oligarcas preferidos» y supuesto «testaferro» del presidente Vladímir Putin al que las autoridades alemanas incautaron un superyate valorado en casi 600 millones de dólares, después de que el multimillonario fuese sancionado por la Unión Europea, según informaron el pasado miércoles medios de prensa alemanes.

Boicot a la cultura rusa 

Artistas, galeristas y entidades educativas y gubernamentales ucranianas han reclamado el establecimiento de sanciones culturales a Rusia, que eliminen su presencia en la escena internacional, con el objetivo de coartar sus «métodos de propaganda» y de que sus artistas se manifiesten contra Vladímir Putin: «Bajo la grandeza de Dostoyevski y Tolstói, Rajmáninov y Glinka, la política cultural rusa tiene como objetivo justificar las acciones horribles y criminales del gobierno», afirma un comunicado difundido por la Agencia Estatal de Ucrania para las Artes y la Educación Artística, y firmado por «miles de activistas culturales» y «cientos de organizaciones».

La política cultural rusa tiene como objetivo justificar las acciones horribles y criminales del gobierno»

Agencia Estatal de Ucrania

El comunicado propone eliminar la cobertura de la cultura rusa en los medios de comunicación; prohibir los proyectos que involucren a la Federación Rusa o que usen sus fondos por ejemplo a través de centros culturales o museos, y cancelar la participación de representantes de esa nacionalidad en festivales musicales o cinematográficos –como ya ha hecho Eurovisión entre otros muchos-, así como en exposiciones, asociaciones y comités internacionales. Todo ello, «a menos que hagan una declaración pública inmediata, en términos claros e inequívocos, condenando las acciones del gobierno ruso» y corten «todo vínculo con cualquier organización o institución, incluso parcialmente patrocinada por el gobierno ruso».

A juicio del ministro de Cultura ucraniano, Oleksandr Tkachenko, «las sanciones culturales y la prohibición mundial del patrimonio artístico ruso privarán al agresor de otra herramienta de propaganda e influencia social, alentando así a todos los artistas influyentes conscientes del país a participar en mítines contra la guerra y detener la política sangrienta de Putin».

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