Cultura

Jeanette Winterson: "Acabaremos casándonos con robots, como quien se casa con su muñeca sexual"

Jeanette Winterson. © Mark Vessey

¿Cómo serán las relaciones del futuro? ¿Cómo influirá la Inteligencia Artificial en nuestras vidas? Estas fueron las preguntas que Jeanette Winterson (Mánchester, 1959) dejó en el tintero de una de sus novelas y que aborda ahora en la última publicada, 12 bytes: Cómo vivir y amar en el futuro (Lumen) después de declararse una mujer inteligente que nació en el seno de una familia humilde y sin libros, aunque con mucho fervor religioso y sin la remota idea de «cómo hemos llegado hasta aquí». «En mi novela, Frankissstein: una historia de amor surgieron muchas preguntas sin respuesta. Llegué a la conclusión de que no entendía los desarrollos de la Inteligencia Artificial que nos han convertido en quienes somos. Se que soy una mujer inteligente y quise hacer un libro inteligente donde a través del ensayo pudiera responder a mis propias preguntas desde una base religiosa, literaria, poética o política, que es fundamental. Quería que cada fragmento pudiera leerse de forma independiente y ahondara en la Inteligencia artificial como solucionador de problemas multitarea cuya capacidad para comprender y aprender es igual o superior a la del hombre», explica la autora en una rueda de prensa.

«Mucha gente ve la inteligencia artificial como algo lejano pero lo cierto es que cada vez está más integrada en nuestras vidas. Una interacción no tiene que ser necesariamente de humano a humano. Cualquier persona que tenga un osito de peluche o que crea en Dios ya está habituado a tener una relación con una entidad que no es biológica. Ahora, simplemente hacemos lo mismo, pero con máquinas».

Y más de lo que creemos. Tanto, que los laboratorios ya trabajan en el concepto de Inteligencia Artificial General (IAG) como algo que podría convertirse en una realidad. ¿Cómo cambiaran entonces nuestras relaciones si compartimos el planeta con una inteligencia que no llora, ni se emborracha o eyacula? ¿Cómo se relacionará ese ser no biológico con la naturaleza? «Los seres humanos ya estamos preparados para tener una relación con algo que no lo sea. Estamos creando sistemas inteligentes con los que interactuar de forma cuotidiana. Acabaremos cansándonos con nuestro robot de la misma forma que ya hay quien se casa con su muñeca sexual. Y digo más, tan pronto como un ser humano tenga una relación con una forma de vida inteligente y no biológica, las ideas sobre género y sexualidad explotarán».

Eso sí, Janette avisa, a los robots «no les interesan las mismas cosas que a nosotros, algo a tener en cuenta si se establece una relación». «Los robots no tienen inteligencia, ni duerme ni comen. No tienen emociones ni se espera que tengan», porque «no es una necesidad evolutiva, y, por tanto, no tendría sentido integrarlos en las máquinas, que son frías, racionales y, a su vez, calculadoras. En vez de rompernos la cabeza intentando ver cómo añadirles sentimientos, resulta más interesante ver cómo vamos a interactuar con ellas. A la Inteligencia Artificial no le interesan los yates ni el poder. Nosotros podemos enamorarnos de un robot, pero el de nosotros no, no van a tener un sistema límbico como el que procede en nosotros y errática todas nuestras emociones».

El libro está dividido en doce ensayos basados en años de investigación sobre la Inteligencia Artificial, desde la Primera Revolución Industrial, y hasta una actualidad que está muy cerca de los terminators, no como los vemos en las películas, sino como un sueño más de los mismos seres humanos que lograron llegar a la luna, “salvo que desestabilicemos el planeta o llegue la III Guerra Mundial”, pues el ser humano siempre ha materializado sus sueños.

Para hacer frente a todo lo que nos viene, el libro propone hacer «una lista de cosas» donde no queremos que estén los sistemas de inteligencia artificial. «Los españoles, por ejemplo, no querrán que un robot les sirva en un restaurante. Debemos ser nosotros los que inventemos una vida después de la vida».

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