No es una pregunta trampa. La trampa sería contestar inmediatamente. Me enfrento a esta columna con la determinación suficiente como para encontrar similitudes entre estos tres personajes tan dispares del mundo de la música, tres fenómenos culturales del siglo pasado que trascienden a las siete notas para ser parte de nuestro acervo.

Los orígenes humildes del Boss y de Ray no concuerdan con la familia acomodada que vio en su infancia Julio, y la educación católica que tuvo él y Springsteen no pudo ser la que recibió el padre del soul, que fue la de una escuela para invidentes.

El encanto personal que siempre ha repartido con inteligencia Iglesias hasta cómo Bruce ha sabido meterse siempre en el bolsillo a miles de fans enfervorizados

Los tres sí coinciden en tener eso que se ha venido llamando “don de gentes”, y lo usaron para sobrevivir. Desde el encanto personal que siempre ha repartido con inteligencia Iglesias hasta cómo Bruce ha sabido meterse siempre en el bolsillo a miles de fans enfervorizados con unos pocos acordes y frases llenas de mensajes en sus conciertos. En ese sentido, Ray les ganó por goleada. Conseguir salir adelante y hasta tener éxito en un mundo siendo un negro ciego en la Norteamérica sureña de los 50 y 60, requiere de mucha habilidad social. El ejemplo lo vimos en su biopic, que recomiendo encarecidamente.

Según narra el film, un conductor de autobús no le quiso llevar por no querer hacerse responsable de semejante problema logístico, pero accedió cuando el músico le mintió, diciendo que se había quedado ciego luchando en Okinawa. Lógico. La madre de Ray fue dura con él desde que se quedó ciego con siete años, para irle acostumbrando a un mundo que no tendría especial compasión por un ciudadano de tercera. “Eres ciego, pero no tonto”, fue una de las frases magistrales que le dejó.

No imagino a Julio Iglesias en situaciones como esas, pero sí es verdad que les une que fue la desgracia, y no otra cosa, la que consiguió que combatieran por salir adelante con su valor trascendental: una enorme cantidad de talento. La convalecencia de un terrible accidente puso en las manos de Julio José Iglesias de la Cueva una guitarra, de la misma forma que Springsteen consiguió por 18 dólares la primera, con apenas 13 años. Con ella, el que más tarde sería “el jefe”, conseguía hacer más llevadera la esquizofrenia de su padre. El piano que tocó el pequeño Ray era de Mr. Pitt, un vecino, pero fue también una buena válvula de escape de un mundo que no le estaba tratando bien y poco a poco le cerraba los ojos.

En los tres genios se demuestra algo interesante: se puede tener éxito social y a la vez ser enormemente desconfiado. Mientras Julio, como abogado experto en Derecho Internacional que consiguió serlo tras aprobar la última asignatura con 57 años, redactó siempre sus contratos, Ray Charles pedía que le pagasen siempre en billetes de dólar, para poder contarlos bien pese a su condición. En el caso de Springsteen, basta con decir que su apodo “The Boss” le viene dado por su capacidad negociadora en los conciertos.

Julio escuchaba en la radio a los cantantes melódicos de los 60, y tanto amó a Los 40 Principales que los quiso comprar, Bruce siempre quiso ser el Elvis que escuchaba en aquella enorme radio a válvulas, y costó más de una conversación que Ray dejase de parecerse a Nat King Cole, a quién siempre calcó tras oírle en antena. Imitar hasta tratar de superar a sus ídolos les llevó a ser número uno en Estados Unidos. A los tres.

Sinatra, que no tenía nada de tonto, supo apuntarse el tanto de cantar con Julio en alguna ocasión, y decir textualmente de Ray que era «el único verdadero genio en la industria musical». Y puede que tuviera razón. Ahí va una buena ración de auténtico blues, uno de los temas que lanzó al principio de su carrera musical y que le valió el respeto de los críticos de la época. “Mess around”

En cuanto a sus representantes, las relaciones de los tres artistas con ellos no han sido fáciles. Alfredo Fraile, que falleció el año pasado víctima del COVID, fue el que lanzó al madrileño al estrellato y fue su manager durante quince años. Llegó a publicar en su libro de memorias que el cantante de “Hey”, necesitaba dormir siempre abrazado a alguien y que llegó a la fama gracias a los billetes de avión que financiaba su familia. La relación no acabó bien.

La primera representante que tuvo el de Georgia le explotó hasta en lo sexual, según cuenta la película con su nombre, “Ray”. Por su parte, Bruce estuvo dos años sin poder acercarse a un estudio de grabación por una larga batalla legal con Mike Appel, que reclamaba su parte del éxito del artista tras lanzar “Born to run”, más allá de sus honorarios.

En cualquier caso y mánagers aparte, siempre fueron sus seguidores los que, por encima de todas las dificultades, les han convertido en figuras. Tres seres humanos que saben lo que es vivir el drama en plena juventud o incluso antes, y quizá gracias a haber encontrado en la música alivio y consuelo nos han dado, cada uno en su estilo, una gran cantidad de horas de música y sentimiento.

Hoy, 23 de septiembre es el día en el que nacieron todos ellos. Bruce vino al mundo tal día como hoy en 1949, Julio en 1943 y Ray en 1930. Eso sí lo tienen en común. No podíamos dejar pasar la oportunidad de escribir sobre ellos y escuchar algunas de esas notas musicales cargadas de sentimiento.