Cultura

El Thyssen trae, entre bombardeos, el arte vanguardista ucraniano: del nacionalismo a las ejecuciones de su élite intelectual

Una de las restauradoras en Kiev. MUSEO THYSSEN

«Cuando cae el misil en Polonia estábamos a 50 kilómetros de la frontera. En un primer momento aquello suponía un cambio radical en la guerra así que temimos por los convoyes llenos de obras de arte. Luego todo se calmó pero les costó 12 horas cruzar la frontera por la cantidad de personas que huían hacia el país vecino, despertamos a todos los políticos que conocíamos», asegura Francesca Thyssen-Bornemisza, miembro del patronato del museo que lleva su apellido y la cabeza pensante de En el ojo del huracán, la exposición que abre sus puertas mañana y que recoge las grandes obras de arte de la vanguardia ucraniana.

Algo parecido a lo que cuenta el embajador de Ucrania en España, Serhii Pohoreltev: «Teníamos todo empaquetado, todo preparado y me llamó la encargada para decirme que todo estaba listo, que estaban agotados y se iba a descansar, pero no pudo. Un misil ruso cayó en el edificio de al lado de su casa y otro también muy cerca. Les cuento esto para que sepan cómo ha sido llevar hasta aquí y cómo estamos trabajando».

Se cumplen ahora 90 años del genocidio del Holodomor que mató a millones de personas, el genocidio cultural no mata, pero roba la identidad y por eso hemos trabajado tanto en esto»

Y ha añadido que para ellos está exposición es fundamental. “Es muy importante tener este apoyo porque Rusia lleva siglos tratando de robar nuestra identidad, robando los nombres de nuestros artistas. Es un genocidio cultural. Se cumplen ahora 90 años del genocidio del Holodomor que mató a millones de personas, el genocidio cultural no mata, pero roba la identidad y por eso hemos trabajado tanto en esto». Un trabajo que se ha materializado en una exposición que reúne las grandes obras de arte de la vanguardia ucraniana, un movimiento que durante mucho tiempo, y como recuerdan en la rueda de prensa, se ha presentado como ruso. «Es la primera vez que se expone esta cantidad de arte ucraniano fuera de nuestras fronteras y se hace con el verdadero nombre ya que durante mucho tiempo a estos artistas se les conocía como rusos», ha asegurado Maryna Dobrotiuk, conservadora jefe del Museo Nacional de Arte de Ucrania. Estos artistas son, por ejemplo, Malevich, que nació en Kiev, Alexandra Extrer o Sonia Delaunay.

Y ha añadido que «la vanguardia ucraniana es independiente, tanto que en 1936 se creó en el museo el Fondo especial secreto. Aquí se guardaron las obras de los autores que el gobierno soviético consideraba enemigos del pueblo y que denominó la Categoría 0, diciendo que no tenían ningún valor artístico».

Se guardaron allí y en otros museos e instituciones, como asegura Katia Denysova, comisaria de esta muestra de 69 procedentes del Museo Nacional de Arte y del Museo Nacional de Teatro, Música y Cine de Ucrania, gracias a esas acciones hoy en el Thyssen se encuentran los primeros 30 años del siglo XX. «Tenemos las tres décadas y se ven reflejados los cambios históricos. De la Ucrania que entra a formar parte del imperio ruso, a la que pertenece a la URRS con Jarkiv (Jarkov) como capital, lo que supone un renacer cultural que luego se corta en 1930 al obligar a seguir un tipo de arte concreto y eliminar cualquier nacionalismo».

Porque durante aquellos 30 años Ucrania fue un auténtico polvorín artístico y bélico. «En 1908, seis años antes del estallido de la I Guerra Mundial, se inaugura en Kyiv (Kiev) la exposición Lanka, la primera muerta de arte de vanguardia en territorio ucraniano con Oleksandr Bohomazos, Davyd y Volodymyr Burliuk, Alexandra Exter y Wladimir Baranoff-Rossine», explican desde la institución haciendo hincapié en la importancia del componente diferencial entre estos artistas ucranianos y el resto de artistas de la vanguardia rusa.

Se trataba de jóvenes ucranianos que combinaron elementos del cubismo francés y del futurismo italiano dando lugar a una versión autóctona, caracterizada por su dinamismo compositivo y la simplificación de las formas y conocido como cubofuturismo. «Aquí destaca sobre manera Alexandra Exter, que estuvo en París en varias ocasiones en 1906 y que a su regreso llevó consigo estas nuevas tendencias difundiéndolas entre los artista locales».

Casi una década más tarde, el mismo año que abdica el zar Nicolás II tras la revolución de febrero en Rusia y cuando la República Popular Ucraniana proclama su autonomía dentro de una Unión Federativa con Rusia, Mykhailo Boychuk abre un taller de pintura al fresco, al temple y de mosaicos abogando por un arte concebido como patrimonio artístico nacional. Su alumnos, los boichukistas, hicieron muchísimos encargos estatales bajo el amparo del gobierno soviético que fomentaba tanto la lengua como la cultura ucranianas.

Pero su «alegría» no dudaría mucho ya que las políticas cambiaron a principio de la década de 1930 y el nacionalismo dentro de la Unión Soviética empezó a ser «el principal problema de Ucrania» por lo que serían «tachados de nacionalistas burgueses». Algo que ya le había pasado a principios de la década de los 20 a los integrantes de Kultur Lige, una asociación que promovía el desarrollo de la cultura yidis y que reunión a jóvenes artistas judíos de numerosas ciudades ucranianas que «propugnaban una síntesis de la tradición artística judía y los logros de la vanguardia europea» y que la represión del régimen soviético, tras la guerra de independencia de Ucrania (1918-1921), eliminó.

Luego llegó el Holodomor, la gran hambruna creada artificialmente durante la campaña de colectivización de Stalin y «en 1937 muchos de los boichukistas, incluido Boichuk, serían ejecutados en las purgas estalinistas y gran parte de su arte destruido». Algunos de los lienzos que se salvaron cuelgan ahora del Thyssen junto con lo de Exter, el arte yidis, el campo y el pueblo ucraniano.

“Putin no sólo quiere el territorio ucraniano sino controlar la narrativa de este país. Hace 90 años se produjo el genocidio por hambruna del Holodomor, ahora estamos igual, y eso incluye la destrucción de la cultura y museos, como hizo Stalin cuando envió a los gulags a morir a los artistas ucranianos, destruyó murales y obras de valor incalculable”, ha sentenciado Francesca Thyssen-Bornexmiza antes de que el presidente Zelenski apareciera en pantalla asegurando que la guerra no sólo se gana con armas.

Te puede interesar

Comentar ()