Alberto Angela (París, 1962) se ha convertido en uno de los divulgadores culturales y científicos con más influencia de Italia, célebre por su habilidad para transformar la historia clásica en una experiencia más inmersiva y cotidiana. Paleontólogo de formación, periodista y rostro de la televisión pública italiana, ha construido un estilo narrativo que huye de la solemnidad de la disciplina científica para tratar de reconstruir el pasado a través de la cara más humana de los personajes históricos. Autor de numerosos superventas internacionales dedicados a la Antigüedad romana, Angela muestra a los grandes protagonistas de la historia como hombres y mujeres de carne y hueso, condicionados por su tiempo. Presenta su nuevo libro "César. La conquista de la eternidad" (La Esfera de los Libros) y hoy habla para El Independiente.
Pregunta: Julio César es una figura que casi todos en Europa conocen. ¿A qué se debe esta fascinación y cómo abordas su figura en tu libro?
Respuesta: Todos conocen al general victorioso, el líder carismático cuyo nombre derivó en títulos de poder como Káiser o Zar. Sin embargo, en mi libro busco mostrar al hombre a 360 grados, con sus luces y sus sombras. No quería quedarme en la típica imagen de una estatua de mármol. Quería mostrar a la persona que deambulaba durante kilómetros bajo la lluvia, que lloraba, que tenía miedo o que pasaba noches sin dormir por culpa de las deudas. Incluso durante el famoso episodio en el que cruzó el río Rubicón, Alea jacta est, se perdió entre la niebla y tuvo que pedirle a un campesino que le señalara el río.
Pero no solo eso, él fue un hombre que tuvo que luchar contra todo y contra todos completamente solo, y lo logró. Más allá de lo bueno o lo malo que hiciera, es un ejemplo de superación ante la adversidad.
P: ¿Hizo cosas malas?
R: Desde nuestro punto de vista moral, sin duda. Si César estuviera aquí, hablando con nosotros, justificaría masacres y hablaría de la esclavitud (gracias a la cual se hizo inmensamente rico) como algo normal, actos que para nosotros hoy son imperdonables. Pero la historia hay que observarla como quien mira un acuario o un documental de la sabana: cuando ves a un león matar a una gacela, ¿Quién es el bueno y quién el malo? César es hijo de su época, una época de una violencia extrema. No puedes aislarlo de su contexto, igual que no puedes comparar si es mejor Pelé, Maradona o Messi; cada uno pertenece a su momento histórico.
P: En ese contexto, ¿fue César un traidor que destruyó la República Romana o su salvador?
R: Fue un anticipador. La República era como un motor que ya no funcionaba; Roma había conquistado tantos territorios que ese sistema político y administrativo era incapaz de gestionarlos. Hacía falta un nuevo piloto. César simplemente supo aprovecharse de un cambio político que era del todo inevitable.
Es cierto que comenzó movido por ambiciones puramente personales (gloria, dinero, poder) y durante casi diez años operó como un "destructor" en Europa. Fue un militar que conquistó grandes territorios, pero después de la guerra, hizo algo que los demás no hacían: empezó a "construir". En su último año en la Galia (hoy Francia), se dedicó a la diplomacia. Creó las condiciones para integrar esos territorios al estilo de vida romano, levantando calles, impulsando el comercio y el latín, pero respetando sus etnias, lenguas y religiones. Fue él quien sentó las bases para que existieran ciudades como París o Londres. Era un estadista que veía más allá.
P: Sin embargo, ese camino de construcción terminó con su asesinato. ¿Por qué lo mataron si traía un nuevo orden?
R: César tuvo una evolución. Tras vencer a todos sus enemigos políticos, maduró y dejó atrás la agresividad para centrarse en el beneficio común y la construcción del Estado (de hecho, nombró a Augusto, otro gran constructor, como su sucesor). El problema fue que desarrolló un delirio en el que se veía como alguien invulnerable. Pensó: "Sin mí, Roma no puede avanzar", lo cual era cierto, pero subestimó la estupidez de sus rivales.
Después de despedir a su escolta militar creyendo que ya nadie se atrevería a iniciar otra guerra civil. Senadores rivales, como Bruto y Casio, seguían anclados en una mentalidad de intrigas tipo Juego de Tronos. Lo asesinaron por venganza, demostrando su propia ineptitud, ya que lo mataron sin tener un plan de sucesión. Sin César, no había ya un "hombre fuerte" al frente del gobierno republicano. Quitaron algo fundamental sin tener nada que poner en su lugar.
P: Hay anécdotas fascinantes sobre su juventud, como su famoso secuestro a manos de piratas. ¿Qué nos dice este episodio sobre su carácter?
R: Cuando era joven, unos piratas lo secuestraron y exigieron un rescate. César se ofendió, les dijo que él valía muchísimo más y les exigió que pidieran una cifra mayor. Durante el cautiverio, en lugar de estar asustado, les daba lecciones académicas y los trataba con tanta autoridad marcial que los piratas acabaron respetándolo y apreciándolo. Sin embargo, en cuanto pagaron el rescate y lo liberaron, César regresó inmediatamente con soldados y ejecutó a todos los piratas de forma implacable. Esto nos muestra a un César con una inmensa fe en sí mismo y un carisma capaz de imponerse incluso a sus captores.
P: También destacan su insaciable curiosidad y su vanidad estética...
R: Exacto. Tenía un cerebro inquieto, de descubridor, comparable al de antropólogos como Stanley o Livingstone. Siempre quería ver qué había más allá. Fue el primero en cruzar el río Rin, el primero en desembarcar en Britania y en documentar a las tribus galas (De Bello Gallico). No solo eso, en Roma socialmente era un dandy. Vestía de forma original y elegante para captar todas las miradas. Era como James Bond, podía estar peleando lleno de barro en la guerra y, días después, aparecer impecable en un banquete.
P: Su vida amorosa y sexual también fue muy comentada, especialmente su supuesta relación con el rey Nicomedes de Bitinia.
R: César fue todo: prometido, esposo, padre, amante de hombres y de mujeres (como Cleopatra o la reina de Mauritania). En la cultura romana, el hombre era bisexual por naturaleza y existía mucha libertad de elección. El tabú para los romanos no era ser homosexual, sino que un ciudadano romano tuviera un rol "pasivo" en la relación. Existieron rumores de que César tenía ese papel "pasivo" con el rey de Bitinia, lo que le valió muchísimas críticas.
Autores como Catulo lo atacaron duramente por otra relación que mantuvo con su oficial y secretario Mamurra. ¿Qué hizo César ante este ataque? Pues invitó a Catulo a un gran banquete en su casa. Ese carácter demostraba que las habladurías no le importaban en absoluto. Otro suceso que muestra su sentido del humor ocurrió durante su desfile triunfal en Roma, donde sus propios soldados bromeaban cantando a voces: "Ciudadanos, cerrad a vuestras esposas en casa, que llega el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos".
P: Incluso en pueblos externos a Roma, la homosexualidad estaba visto como algo normalizado.
R: Totalmente, y es algo que se veía en los territorios que subyugó César. En las galias, las relaciones entre el mismo sexo estaban muy, muy presentes. Autores como Diodoro Sículo describen a los galos: “"Aunque tienen mujeres de hermosa presencia, apenas se preocupan de ellas; en cambio, sienten una pasión insólita por los abrazos masculinos”. Ellos marchaban juntos, estaban juntos, tenían sexo, dormían abrazados... y a su vez eran fieros guerreros.
Es nuestra sociedad actual la que se equivoca al clasificarlo todo de esa manera. Nosotros etiquetamos: homo, hetero, bi... César y los antiguos romanos dirían: “¿Por qué hacéis eso?”. Para ellos era simplemente el amor y el placer.
P: Además Julio César visitó en varias ocasiones nuestro país, España.
R: Exacto, y fue aquí donde le vino una "crisis existencial" que acabó condionando su vida. Sucedió en Cádiz. Cuando rondaba los 32 años, César se encontró frente a una estatua de Alejandro Magno y rompió a llorar desconsoladamente. Lloraba porque se dio cuenta de que, a su misma edad, Alejandro ya había conquistado el mundo entero, mientras que él sentía que aún no había logrado nada memorable.
Alejandro Magno fue su gran faro e inspiración durante toda su vida. Por eso César siempre iba a la batalla en primera línea, a menudo sin casco, para que todos sus hombres lo vieran. Quería emular tanto el coraje como la capacidad de unificación y construcción de su gran ídolo. Es por eso que hablo de la figura de César como alguien que sabe rehacerse y superarse a sí mismo. Una persona que con sus acciones cambió el mundo en el que vivía.
Te puede interesar