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'Roma soy yo': Santiago Posteguillo desvela los orígenes de Julio César

La verdadera historia de Julio César

Europa Press

«Lo sorprendente con Julio César no es que lo asesinaran en el 44 a.C.; lo sorprendente, cuando conoces bien su vida, es que llegara vivo hasta entonces». Santiago Posteguillo resume de esta manera la fascinante existencia del protagonista de su nuevo libro, «Roma soy yo«, un libro con el que inicia una saga que se promete histórica.

Para Posteguillo, Julio César es quien mejor encarna la idea de la Roma antigua. Sin embargo, a pesar de que se han escrito multitud de obras sobre él, no había una gran saga de novelas que cubriera hasta el más mínimo detalle de su biografía. Pero eso es precisamente lo que está intentando Posteguillo: está dando forma a seis volúmenes que expliquen desde su más tierna infancia hasta su asesinato en el Senado de Roma durante aquellos famosos «Idus de marzo«.

Precisamente, fue su muerte lo que más le llamó la atención al escritor. O, más bien, el hecho de que dos años antes de su asesinato, Julio César se encontrara en la cúspide de su gloria. Había triunfado en la Galia, en Egipto y en un sinnúmero de batallas más. Entró en Roma rodeado del clamor popular. Durante semanas, la ciudad le dedicó unos fastos nunca vistos. Pero tan solo un par de años más tarde, caía asesinado. Tilio Cimbro y Servilio Casca le asestaron los primeros golpes. Otros senadores les siguieron. Fue el fin del hombre de un carisma descomunal que había tocado la gloria, pero también había conocido las penurias y las guerras. Su vida había sido tan fascinante como errática: perdió y ganó con una facilidad pasmosa y acabó alcanzando tanto dinero y poder — cuando murió, era el hombre más rico del mundo– que sus enemigos se multiplicaron y, al final, decidieron matarlo.

Como decíamos, para conocer su obra hay multitud de libros, películas, series y documentales. Si quieren una obra magistral, vean Roma, de la BBC, una de esas producciones que aúnan erudición con entretenimiento. Y si quieren leer sobre él, comiencen por sus propias obras, porque además de un general consumado, Julio César era un escritor excepcional, con un latín muy elegante. Las biografías que le dedicaron Plutarco y Suetonio también son muy interesantes. Entre las actuales, la de Adrian Goldsworthy está considerada la mejor.

Sin embargo, a pesar de que abundan los libros sobre Julio César en particular y sobre el Imperio romano en general, no existía una gran saga de novelas centrada en su vida y muerte. Todo lo más eran novelas –algunas, excelentes– sobre sus hazañas más conocidas. Pero no había casi nada sobre su infancia y juventud o sobre sus años en que no era nadie. Santiago Posteguillo se propuso llenar ese hueco.

Una infancia casi desconocida

De los primeros años de Julio César se ha conservado relativamente poca información. Se sabe, por supuesto, que su padre murió muy joven, probablemente de un súbito ataque de corazón, cuando Julio tenía quince años. Aquello lo convirtió en el paterfamilias, el cabeza de familia, de los Julios. Eran uno de los linajes más destacados de Roma (se decía que descendían del mítico Eneas y de la mismísima Venus), pero últimamente padecían numerosos problemas y su patrimonio era escaso. Suetonio asegura que, como era común entre jóvenes de su clase social, Julio César recibió una esmerada educación con preceptores griegos y romanos. De joven, a Julio César le encantaba leer y escribir y, a muy temprana edad, escribió una tragedia sobre el rey Edipo y un elogio a Hércules. También destacó en la retórica y el propio Cicerón llegaría a aplaudir su talento en este ámbito.

No era un joven especialmente fuerte. En realidad, era bastante débil, pero un programa riguroso de ejercicios físicos y militares lo transformaron en un muchacho de gran resistencia y fuerza. También se convirtió en un buen jinete.

Condenado al éxito

Todo parecía encauzarle al triunfo y la gloria. Sin embargo, Julio César tardó bastante en alzarse con el poder absoluto. Básicamente, porque las circunstancias en que vivió no fueron las más propicias. Roma vivía inmersa en luchas fratricidas entre los populares, que trabajaban en favor del pueblo, y los optimates, formados por la vieja aristocracia de los senadores, los cuales no estaban dispuestos a perder ni un ápice de poder ni sus suculentos privilegios. Las disputas llegaron a tal punto que se llegó a declarar una guerra civil que duró largos años. El pueblo de Roma fue quien pagó las consecuencias: además de hambre, había temor y mucho miedo. Oponerse a los poderosos, aunque fuera por causas nimias, le costaba a uno la vida. Los asesinatos eran muy comunes por aquel entonces.

La familia de Julio César fue una de las víctimas de aquellas revueltas sangrientas. Muchos de sus parientes cayeron y otros tantos lo perdieron todo. Él mismo acabó en una lista de proscritos, sus bienes fueron confiscados y tuvo que salir a toda prisa de Roma para salvar el pellejo. Cada noche tenía que cambiar de residencia para que no lo descubrieran.

Gracias a la intervención de algunos familiares, logró salvar su vida. Poco a poco, además, comenzó a despuntar en la complicada vida política de Roma. Tenía dotes de liderazgo de sobra, una oratoria consumada y también apariencia de líder: le gustaba el lujo, iba vestido a la última moda y cuidaba meticulosamente su estética.

Los inicios de un líder

Santiago Posteguillo centra «Roma soy yo» precisamente en estos años en que Julio César aún no era conocido, pero ya apuntaba maneras. El escritor ha escogido como punto de partida un episodio de la vida del romano muy poco conocido: el juicio contra Cneo Cornelio Dolabela, una de las manos derechas de Sila, el líder de una de las facciones de la guerra civil que azotó Roma durante años. Dolabela fue un tirano que había sido acusado de cometer numerosos crímenes, pero nadie se atrevía a llevarlo a los tribunales. Era demasiado poderoso y también corrupto: todos los que habían intentado hacerle sombra habían acabado muertos. Pero el riesgo no amedrentó a un jovencísimo Julio César, entonces de 23 años. Él fue quien lo llegó frente a los tribunales.

Julio César lo tenía todo en contra para ganar aquel juicio suicida. Incluso estaba en juego su propia vida. Pero él, ambicioso como pocos y con una visión magistral de lo que hoy llamaríamos «marketing político«, vio en aquella jugada una oportunidad única para darse a conocer como líder en ciernes. Julio César sabía que necesitaba notoriedad para avanzar políticamente y eso es lo que quería conseguir: se presentó ante el pueblo de Roma como un hombre con agallas que estaba dispuesto a jugarse el pellejo para acabar con la corrupción y poner freno a la poderosa y temida oligarquía.

Un trampolín político

Julio César estaba dispuesto a triunfar a toda costa. Y entendió como pocos el valor de la publicidad personal. En una época en que no existían los periódicos, pero sí el concepto de carisma y popularidad, él entendió que necesitaba triunfar en tribunales con juicios sonados (hoy los llamaríamos «mediáticos»). Además, sabía que tenía que atesorar una distinguida hoja de servicios en el frente de batalla. El asedio de Mitilene, en la isla de Lesbos, le ofreció una posibilidad única de lucirse. Allí destacó como buen militar e incluso consiguió una «corona cívica», una condecoración muy importante.

Con todos estos éxitos, Julio César fue poco a poco tejiendo una carrera que se prometía llena de éxitos. Pero con tanta notoriedad, por supuesto, destapó la ira de gente muy poderosa que no dudó en ponerle zancadillas.

Un personajes único, pero complejo

Una de las cuestiones más interesantes de «Roma soy yo» es, precisamente, la minuciosidad con la que describe esa carrera política y todas las trampas que sus enemigos le tendieron. Posteguillo también se recrea en los detalles históricos, desde cómo eran las casas hasta qué comían o cómo se vestían los romanos. Además, el libro presenta una completa y complejísima red de personajes alrededor de Julio César. Santiago Posteguillo nos presenta a un César que no es sólo el resultado de una habilidades propias descomunales, sino del apoyo de un conjunto de personas de gran interés y a las cuales no siempre se les ha reconocido. Por ejemplo, Posteguillo da mucha importancia a las mujeres que rodeaban a Julio César, comenzando por su madre, Aurelia, una mujer de armas tomar, y siguiendo por su esposa Cornelia, a quien llegó a amar sinceramente y por la que arriesgó su propia vida en más de una ocasión.

Preparado para su gran reto

Gracias a todos estos elementos, Posteguillo nos presenta en «Roma soy yo» su obra más compleja y ambiciosa. Desde luego, el autor no es nuevo en la novela histórica centrada en la Antigua Roma. Aunque al principio de su carrera probó suerte con la novela negra (escribió dos que no consiguió publicar), luego se centró en el género histórico. En el 2006 publicó su primer libro, Africanus: el hijo del cónsul, con el que comenzó una trilogía sobre Escipión el Africano (según los expertos, la mejor hasta la fecha). En el 2010 comenzó una nueva trilogía con Los asesinos del emperador, centrada en la figura de Trajano. En el 2018 ganó el premio Planeta con Yo, Julia, sobre la emperatriz Julia Domma, un libro que complementó con Y Julia retó a los dioses.

La saga sobre Julio César, sin embargo, significa un salto adelante en su carrera. Es la saga más ambiciosa hasta ahora, tanto en la extensión como en la profundidad de la investigación. También es su personaje más complejo: Julio César tenía de todo (no es de extrañar que Shakespeare le dedicara una de sus obras). Era ambicioso en desmesura pero también frívolo, tan arrogante como visionario, tan lúcido como osado, incluso temerario. Sus grandes éxitos son recordados por la historia, pero también atesoró notables fracasos. Tenía tantas luces como sombras. Su cerebro era brillante pero retorcido. Meterse en su mente no es en absoluto sencillo. Y ahí reside realmente el reto de Posteguillo: explicar los mecanismos que explicaron su genialidad y gloria, pero también su caída a los infiernos. Estaremos muy atentos al resto de libros. De momento, «Roma soy yo» ofrece una lectura tan agradable como recomendable.

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