Sergio Hernández ha tenido la fortuna de ser finalista del Premio Planeta con su novela La añoranza, pero es una suerte doble, porque ha coincidido en el galardón con Isabel Allende, la flamante ganadora del certamen mejor dotado económicamente de la lengua española, algo acorde con quien es la autora viva más leída del mundo en español.

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El escritor valenciano apenas ha comenzado a caminar por el mundo de la literatura y ya comparte premio con Isabel Allende. Además, ambas novelas tienen una coincidencia temática, abordan el tema de la memoria, la represión y una historia marcada por la violencia del poder. Su novela está ambientada en 1959 y construida alrededor de Antonio Machado, el exilio y las heridas de la Guerra Civil española.

Hernández asegura que La añoranza es una historia de amor, “eso no quiere decir que sea una novela romántica”, aclara. “En realidad es una novela de desamor brutal”. El autor afirma que necesita escribir sobre el amor para dar una dimensión emocional al relato. “Todas las historias de amor de la literatura, en realidad son historias de desamor”, añade.

Una historia de amor entre Julia y Bastián que le permite hablar de las heridas del pasado. Hernández reconoce que no creció con grandes relatos familiares sobre la Guerra Civil. “No es nostalgia la palabra, porque sería romantizarlo”, dice. Explica que su padre le hablaba de Federico García Lorca, Miguel Hernández y Machado, y que fue estudiando la vida de este último cuando descubrió que quería escribir sobre él.

Al escritor le impactó especialmente el exilio de Machado. “Me parece llamativo que fuese un poeta tan querido por todos, que aún auxiliándose y habiendo muerto en Colliure, que está apenas unos kilómetros de la frontera, decidimos dejarlo allí para convertirlo en un símbolo”, afirma. Para Hernández, aquellos últimos días resumen el pesar del exilio. “Machado es el gran olvidado en la historia de la Guerra Civil”, sostiene. En esa figura recaen, según él, la gente sin voz, los campos de concentración y muchas tragedias que quedaron en cunetas al terminar la guerra.

Sergio Hernández, finalista del Premio Planeta 2026. | Javier Ocaña

Dos partes, dos Machados

La añoranza se divide en dos partes que abordan la figura desde dos planos. La primera es una novela de formación que arranca en 1959; la segunda es una investigación periodística vinculada a los secretos familiares y al país.  En la primera parte, Machado planea sobre los dos amantes, Julia y Bastián. Hernández habla de un “juego de espejos” entre la relación del poeta con Leonor y la de los protagonistas. “Tratando de subvertirla, por supuesto, porque el amor de Bastián y de Julia es un amor mucho más respetuoso”, explica.

Nos vamos a dar cuenta de que el pasado de Machado esconde muchos más secretos

En la segunda parte, todo se subvierte. Julia inicia una investigación para descubrir quién era en realidad el hombre que amó. “Nos vamos a dar cuenta de que el pasado de Machado esconde muchos más secretos”, dice Hernández. El objetivo es acercarse al “machado derrotado”, al “machado vencido”, dejado por el paso del tiempo, el exilio y la enfermedad.

Hernández reflexiona sobre la persistencia de las heridas de la guerra y del franquismo. El escritor recuerda una reflexión de Julia en la novela: “Tres meses con Bastián me han cambiado la vida, pero también tres años de la guerra civil cambiaron por completo la historia de este país”.  “Me parece más interesante todavía los 40 que vinieron después, donde realmente las heridas perduraron”, asegura. “Si se siguen haciendo tantos libros, tantas películas, tantos podcast sobre la Guerra Civil y todos los que quedan, es porque desde luego que hay muchas más cosas de las que nos pensamos viviendo entre nosotros”, asegura.

En su opinión, aquellos años anclan las divisiones y explican muchos de los ecos que llegan a su generación. Hernández se declara “inconscientemente optimista” al mirar al futuro. “Si fuese pesimista, creo que no escribiríamos, nos dedicaríamos a otra cosa”, afirma. Le gusta pensar que la sociedad avanza poco a poco y que conocer mejor el pasado ayuda a construir un lugar mejor. “La añoranza no es una novela que busque el perdón como tal, sino aprender a vivir con ese rencor y preguntarnos cómo podemos pasar página asumiendo las cosas terribles que hemos hecho”.