Al ex presidente del Gobierno Felipe González le han preguntado infinidad de veces sobre cuándo verán la luz sus memorias, pero él no parece interesado en escribirlas. Entre 1982 y 1996, todos los asuntos de Estado pasaron por sus manos. La Historia le atribuirá éxitos y fracasos de este periodo, pero González no quiere mirar hacia atrás.

Ha sido su hija, María González Romero, quien ha decidido mirar al pasado y ver cuál ha sido el legado de su padre. Lo ha hecho en forma de archivo presidencial, esto es, creando un punto de documentación al que se puedan acercar los estudiosos a hurgar entre el medio millón de registros de la memoria personal de su padre. Un archivo que en países como Estados Unidos es tradicional crear tras la salida de un presidente de la Casa Blanca. En España, el de González, es el primero de esta naturaleza. ¿Qué papeles se guardan en este archivo del presidente de nuestra democracia que más años logró mantenerse en Moncloa?

“Todos los manuscritos, todos los documentos, todos, los vamos a subir. Los documentos de carácter administrativo están en el archivo de la Administración General del Estado pero hay una gran actividad de documentos que no se clasifican como documentos administrativos, como las libretas de cuando él era presidente e iba apuntando sus reflexiones o notas y que están a disposición de todo el mundo en nuestro archivo a través de la web”, explica a El Independiente Rocío Martínez-Sempere, directora de la Fundación Felipe González.

El archivo de Felipe González es un reto desde el punto de vista de la archivística. “Los materiales estaban dispersos en distintas localizaciones -detalla Alba Toajas, la responsable del archivo-. En España no hay una tradición archivística solvente fuera de los archivos más oficiales, no hay un protocolo para los activos contemporáneos como en Francia que tiene una tradición muy fuerte respecto a la recuperación de su memoria”.


FONDO FOTOGRÁFICO. En el archivo digital hay un importante fondo fotográfico que está formado por las imágenes de Miguel Povedano, fotógrafo oficial de su presidencia y de Pablo Juliá que hizo fotos a González desde muy joven, principios de los 70.

Así ha ocurrido con el material de Felipe González que además de disperso se ha ido acumulando sin la pretensión de conservarlo para el futuro, por lo que estaba dispuesto sin un protocolo y de manera caótica. De cuando en cuando aparece una pila nueva, cajas olvidadas en desvanes o trasteros del ex presidente o su familia.

Las joyas del archivo son esas libretas que desde el año 1982 Felipe González usaba de manera sistemática. Se trata de “una serie de cuadernos de notas en los que intercala contenidos de distinto tipo: cosas del partido, cosas del gobierno, listas de posibles ministros o reflexiones redactadas sobre intervenciones que iba a realizar y de las cuales, a veces, se encuentran hasta siete borradores», explica Martínez-Sempere.


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«Quiniela» de ministros elaborada por González en 1990

Historia al alcance de todos

La posibilidad de que cualquier español busque información entre los papeles de un ex presidente del Gobierno arroja interesantes datos. Para Martínez-Sempere el archivo tiene distintas capas de lectura: desde la más morbosa hasta la puramente historiográfica. «Hay muchas búsquedas de lugar, de ayuntamientos que buscan información sobre ellos mismos o países. Gente de Latinoamérica que busca información sobre sus países. Luego hay cosas reveladoras, como las transcripciones donde Felipe González y Alfonso Guerra dejan muy claro que el PSOE no aceptaría ir a unas elecciones sin el Partido Comunista».

Otra cosa que se busca mucho son las «quinielas» de ministros y las cartas personales, entre las que destacan las cartas a Fidel Castro y a Alfonso Guerra: «Son muy interesantes porque transcriben mucha información y mucha reflexión», asegura la directora de la Fundación.

Felipe González recibe los aplausos de los asistentes al XXVIII Congreso del PSOE de 1979. Pablo Julia | FFG

En la web de la Fundación Felipe González se encuentran todos los documentos que progresivamente se van digitalizando. Un proceso que solo tiene dos restricciones: “Vamos a enseñar todo lo que podemos, menos lo que no nos deja la ley, principalmente, la Ley de protección de datos porque hay cartas donde se puede localizar a una persona. Nuestra otra restricción son los recursos, que son limitados”.

Aunque el archivo sigue su proceso de digitalización, sí que está disponible, en su totalidad, para investigadores. El futuro dirá si entre las capas de lectura que tiene el archivo hay información  en esta memoria de Felipe González que nos ayude a comprender mejor lo que fuimos y lo que somos.