Apenas cinco días antes de que se cumplan 30 años de la caída del Muro, Riccardo Ehrman celebra su 90 aniversario. Son dos conmemoraciones muy señaladas en la vida de este periodista italiano que derribó el Muro de Berlín con una pregunta. Riccardo Ehrman recuerda perfectamente qué hizo aquel jueves 9 de noviembre de 1989, una jornada para la historia de Alemania, de Europa y para su historia personal. “Solo hice la pregunta precisa en el momento adecuado”, rememora con modestia. 

Riccardo Ehrman (Florencia, 1929), entonces corresponsal de la agencia Ansa en Berlín Este, recibió ese mismo día una llamada del Ministerio de Exteriores de la República Democrática Alemana en la que convocaban a una rueda de prensa.

“Fui con el coche y no encontré fácilmente sitio para aparcar. Llegué tarde a la rueda de prensa del portavoz del Comité Central del Partido Comunista Unificado (SED) de la República Democrática Alemana (RDA), Günter Schabowski. Me tuve que sentar en la tribuna porque había muchos periodistas”, relata el reportero. 

Después de un verano en el que miles de germano orientales habían huido de su país a través de países aliados, como Hungría o República Checa, la RDA había anunciado una nueva regulación que no suponía avance alguno. Imponía una limitación de 30 días al año y enredaba el sistema aún más. Era una respuesta incomprensible a ese éxodo que se había llamado votación con los pies.

Pidió Ehrman la palabra sin cansarse y cuando finalmente pudo hablar, a las 18.53 horas, planteó la siguiente pregunta: “Señor Schabowski, Soy Riccardo Ehrman, corresponsal de Ansa. ¿No cree usted que han cometido un gran error al anunciar una nueva ley de viaje hace pocos días?” Lo apuntaba porque esta normativa no cambiaba nada, pese a los deseos de los alemanes orientales de salir del país. Comenta Ehrman que los políticos germano orientales no estaban acostumbrados a que les reprocharan equivocaciones. 

“Entonces dijo Schabowski que no era un error (ello no cometían errores), pero añadió que tenía que anunciar algo. Todos los ciudadanos de Alemania Oriental podrían viajar sin necesidad de pasaporte o de visado. ‘¿Es válido para Berlín Oeste?’ Replicó Schabowski que así era. ‘¿A partir de cuándo?’ Contestó: ‘A partir de ahora mismo. Sin más dilación'», explica sobre su aportación a la Historia. 

Más tarde se ha sabido que Schabowski no leyó la segunda parte del anuncio en donde se especificaba que entraría en vigor a partir de las cuatro de la madrugada del día siguiente. El objetivo era supervisar la salida, y avisar a los puestos fronterizos. Pero en la organizada Alemania se coló este detalle improvisado.

Ehrman dio la exclusiva de su vida a la agencia Ansa. Llevaba ya más de una década en Alemania del Este y conocía bien el lenguaje de los líderes comunistas. Transmitió por télex a su redacción la gran noticia. “El Muro ha caído”, decía su titular. «Un anuncio que equivale a la caída del Muro de Berlín», explicaba su nota. 

Pero en la redacción hubo quienes creían que Ehrman se había vuelto loco. «El jefe de Exteriores tuvo bloqueada la noticia, pero cuando se enteró el director de Ansa, Sergio Leppeli, con quien yo había trabajado en Florencia, dio su visto bueno para dar esa noticia, así que Ansa fue la primera». 

Hubo otra persona que también corrió a la cabina contigua Eberhart Grasshoff, el jefe de prensa de la llamada representación permanente de la RFA en la RDA. No era una embajada para no reconocer la división. Le preguntó si daba crédito a la noticia. “Sin duda es verdad”, le replicó. Llamó al canciller alemán, Helmut Kohl, que estaba de visita oficial en Varsovia. 

Riccardo, pero ¡qué coño has hecho!», dijo el embajador italiano. «Le habría podido decir: hice caer el Muro de Berlín», señala Ehrman

Uno de los primeros en ponerse en contacto con el corresponsal fue el embajador italiano en Alemania. Recuerdo que estaba exaltado y me dijo: “Riccardo, pero, ¡qué coño has hecho!”. El periodista rememora aquel momento con una sonrisa. “Realmente, le habría podido decir: hice caer el Muro de Berlín, pero ya no me acuerdo de qué le contesté”, comenta con sorna.  

Después de pasar por Ottawa y Nueva York, Riccardo Ehrman, había recalado en 1976 en Berlín, donde estuvo cuatro años. Sabía alemán y no había más germanoparlantes en la agencia. Ehrman es judío de padres polacos, formados en Viena y Berlín, que se establecieron en Florencia tras enamorarse de la ciudad de Dante.

Estuvo en un campo de concentración en Italia en su juventud. Tras cuatro años en Berlín en los 70, le trasladaron a la India y después volvió a la capital alemana, dividida desde 1961 por el Muro de Berlín. 

Allí tenía muchos contactos con la nomenclatura comunista. Le miraban con respeto por su origen judío, que asociaban a la lucha antifascista. Asegura Ehrman que, sobre todo, tenía muy buena relación con quien había sido ministro de Cultura, Klaus Gysi. Había sido embajador en Roma. “Le gustaba la comida italiana y la grappa. Por eso venía mucho a casa”, comenta sonriente Ehrman. 

“Yo hablaba con todos. Otros corresponsales tenían recelos. Llegué a entrevistar dos veces a Erich Honecker, quien fue el jefe del Estado”, señala el corresponsal, que descarta escribir sus memorias. «Soy periodista, no escritor. ¿A quién le va a interesar mi vida?»

En Alemania Peter Brinkmann, que entonces trabajaba en el Bild, se atribuye al menos la pregunta sobre la fecha (Ab wann?, en alemán) en que entraba en vigor la posibilidad de viajar. También se ha publicado que a Ehrman sus fuentes en la dirigencia comunista, en concreto Günter Pötschke, de la agencia oficial de noticias de la RDA, le habían recomendado que preguntara por la posibilidad de viajar.

Sin embargo, Riccardo Ehrman da a entender que a los alemanes no les gustó que fuera un italiano quien hiciera la pregunta que desembocó en la caída del Muro. Y, sobre todo, que tardaran en reconocer lo que significaba el anuncio.

Ehrman vive en pleno centro de Madrid, ciudad que fue su último destino como periodista, junto a su esposa Margarita, en una coqueta vivienda del barrio de los Austrias. Sigue la actualidad con el gusto de la prensa en papel.

Cada aniversario del Muro vuelve a ser noticia. En el vigésimo acudió a Berlín, pero ahora prefiere recibir en su hogar. Ese año, 2009, recibió la Bundesverdienstkreuz, la cruz al mérito federal, un distinción oficial por su papel en aquel hecho extraordinario.

Cuenta Ehrman sobre aquella jornada memorable que después de dar la exclusiva se acercó a uno de los cruces en la frontera entre Berlín Este y Berlín Oeste, el que había en Friedrichstrasse. Allí se asustó de lo que vio.

Riccardo Ehrman sostiene un pedazo del Muro de Berlín en el salón de su casa
Riccardo Ehrman sostiene un pedazo del Muro de Berlín en el salón de su casa Ignacio Encabo

“Había cientos de miles de personas. Me reconocieron porque la rueda de prensa había sido retransmitida por la televisión en directo. Me abrazaban. La gente había comprendido el significado del anuncio. Querían pasar al otro lado. Los guardias de frontera, los policías, no sabían qué hacer porque no habían recibido ninguna orden de dejar pasar. Shabowski en su libro de memorias relata cómo él se fue al paso de Bornholmerstrasse y allí llamó al comandante, que le preguntó si tenía que disparar a los que querían pasar. Replicó: ‘Por amor del cielo, no. Fue Schabowski quien dio la orden’”, nos explica el periodista.

El amigo Schabowski

Con Schabowski tuvo más tarde una relación amistosa. “Era un buen periodista que llegó a lo más arriba de la nomenclatura. Había sido director del Neues Deutschland, órgano oficial de la RDA. Luego había llegado al Politburó, lo más arriba del poder. La primera vez que fui a verlo, me dijo: ‘Tú me preguntaste si habíamos cometido errores. Aquí tienes la respuesta. Y me dio su libro, dedicado, que se titula: Wir haben fast alles falsch gemacht. Die letzten Tage der DDR. (Nos equivocamos en casi todo. Los últimos días de la RDA)».

A Riccardo Ehrman le enviaron una carta con una felicitación de su agencia. Schabowski cayó en desgracia, perdió su puesto como portavoz y su acomodada casa en Wandlitz, donde vivía la nomenclatura del régimen comunista. Fue condenado en 1997 a tres años de prisión por haber participado en una reunión del Buró Político donde se autorizó disparar a quienes intentaran huir de la RDA. 

Me siento culpable y avergonzado cuando recuerdo a las personas que murieron en el Muro», dijo Günter Schabowski, portavoz del Comité Central

“Como antiguo seguidor y protagonista de esa visión del mundo, me siento culpable y avergonzado cuando recuerdo a las personas que murieron en el muro”, dijo en el juicio. Tras un año en la cárcel fue indultado y volvió a ejercer como periodista en un diario regional de Hesse. 

Schabowski también tuvo ese día la sensación de que finalmente Alemania Oriental se había transformado en un país civilizado. Fue el único dirigente que había estado en las manifestaciones de los lunes, en las que los germano orientales pedían libertad. Y el único que se acercó al Muro a ver cómo pasaban sin problemas.

Sin embargo, en sus memorias señala cómo la decisión no tuvo nada de heroica ni de humana, sino que tenía como finalidad mantener con vida al régimen. Pero estaba terminal. Como afirma Riccardo Ehrman, «fue el incontenible deseo de libertad lo que acabó con el Muro». Y con el mundo tal y como lo conocíamos hasta entonces. La unificación se consumó, contra todo pronóstico, apenas un año después.