Nacida con el nombre de Marie Gouze, Olympe creció al abrigo de una familia burguesa en la Francia de la segunda década del siglo XVIII. A pesar de que renegaba de la institución matrimonial, se casó con apenas 18 años con un hombre mucho mayor que ella, del que enviudaría poco después y tendría un hijo. Una vez viuda, no volvió a casarse, y destinó todos sus esfuerzos a brindarle a su hijo una educación digna. Para ello, abandonó su cómoda vida en Montauban para instalarse en París, donde comenzó a asistir a los salones literarios de la corte francesa prerrevolucionaria. Podría decirse que, tras entrar en contacto con el mundo literario, hizo que despuntara como escritora.

Bajo el pseudónimo de Olympe de Gouges, escribió varias obras de teatro y puso en marcha una compañía teatral itinerante que se recorrió los teatros de toda Francia. Su trabajo más popular, La esclavitud de los negros (L’esclavage des noirs) se representó en diciembre de 1789, y es una denuncia al maltrato que recibía ese sector social. La representación de esta obra supuso el primer enfrentamiento con la corte de Versalles, donde el comercio colonial implicaba el 50% de los ingresos, lo que se traducía en una riqueza basada en la trata de esclavos, tal y como publica Focus on Women. Esta osadía le costó a Olympe acabar en la cárcel de la Bastilla, y, una vez libre gracias a sus contactos, enarbolaría la lucha para erradicar la esclavitud.

Comienza así una etapa de la vida de Olympe protagonizada por la lucha por la igualdad. En este tiempo, publicó más de treinta panfletos en los que abogaba por un amplio programa de reformas sociales destinados a los revolucionarios. Estos escritos tenían un tono feminista y revolucionario: defendía la igualdad entre el hombre y la mujer en el ámbito público y privado; hablaba del derecho a voto, a trabajar, a participar en la vida política y a tener propiedades; a recibir una educación digna. Luchó por la erradicación del matrimonio y la instauración del divorcio y, en 1791, escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, inspirándose en la coetánea declaración de los derechos del Hombre.

Mujeres el 5 de octubre de 1789

Se unió a los girondinos y emitió duras críticas hacia la forma de actuar de Robespierre y Marat, y a la creación del Comité de Salvación Pública. Fue detenida por sus ideas en agosto de 1793, tras la caída de los girondinos. A pesar de que reclamó juicio, no pudo evitar que el tribunal revolucionario le abriera expediente. De hecho, sus escritos Olympe de Gouges en el Tribunal revolucionario y Una patriota perseguida, que tuvieron un gran eco, fue lo último que publicaría.

El 3 de noviembre de 1793, Olympe fue guillotinada. Pierre Auby, su hijo, renegó de ella públicamente tras su ejecución por miedo a ser igualmente condenado. Aunque ya sufrió ataques misóginos en vida, una vez muerta, fue relegada a un segundo plano, cayendo su obra en el olvido. Los intelectuales franceses de principios del siglo XIX negaron la autoría de sus obras, tachándola de analfabeta y llegando a dudar de sus facultades mentales por el hecho de ser mujer.

No sería hasta mediados del siglo XX, cuando se empieza a recuperar la figura de Olympe de Gouges, momento en que se la reivindicó como una de las máximas exponentes humanistas de la Francia de finales del siglo XVIII. Su obra ha sido analizada en Estados Unidos, Alemania, Japón y, sobre todo, en Francia, tras la publicación de su biografía por parte de Olivier Blanch en 1981. Además, se le rindió homenaje en la conmemoración del bicentenario de la Revolución Francesa en 1989. Además de recordársela como una de las pioneras del feminismo, se han representado obras de teatros suyas y varias ciudades han puesto su nombre a plazas, institutos y calles. Aunque haya sido un poco tarde, la vida y obra de Olympe ha pasado a la historia como una de las precursoras de la lucha por la igualdad de la mujer.