El 23 de febrero de 1981, a las 18:23 horas, no solo los diputados que llenaban el Congreso de los Diputados durante la investidura de Calvo Sotelo pararon de golpe su actividad ante el ya mítico grito de «¡quieto todo el mundo!». También pareció hacerle caso todo un país a Tejero, ya que España frenó en seco su actividad y se echó al suelo de la incertidumbre mientras pegaba el oído al transistor en busca de alguna clave de lo que allí dentro ocurría.

Los disparos al techo dejaron con el susto en el cuerpo a millones de españoles que no supieron cómo reaccionar en ese momento. El eco de ese gatillo apretado recordó bastante a un pasado dictatorial muy cercano en el tiempo, en ese 1981 en el que la democracia española aún no había aprendido a andar con firmeza, sin desprenderse del todo de ese miedo que aun le hacía tambalearse.

Lo único que aquellos guardias civiles y militares no pudieron parar aquellas horas fue el curso natural de la vida. Hubo quien en medio de un intento de golpe de estado militar moría en un hospital, y también quienes en el mismo lugar llegaban al mundo sin saber que lo hacían en un país que había tirado la moneda al aire. Esa moneda estaba debatiéndose entre la cara democrática o la cruz de un tiempo pasado que hasta ese día parecía, ficticiamente, superado.

Diego, Sofía y Patricia: Los hijos del 23-F cumplen 40 años

Un registrador de la propiedad, una funcionaria y una periodista de nombre Diego, Sofía y Patricia tienen hoy trabajos y realidades bien distintas, pero algo les une: los tres nacían hace ahora exactamente 40 años, en medio de un intento de golpe de Estado.

Diego recuerda cómo sus familiares rememoraban el día de su nacimiento bañados en temor. “Mi abuela pensaba que nos iban a evacuar de la clínica. Para mis padres fue un momento muy inquietante”, afirma.

Sofía, por su parte, que nació a las 23:20 horas del 23 de febrero, en un instante en el que Tejero llevaba más de cinco horas pistola en mano atemorizando a los diputados, ahora trabaja para la administración de un Estado que pudo haber sido muy diferente de haber prosperado aquella intentona golpista. Esta funcionaria de 40 años recuerda que en el hospital, según le cuentan sus padres, algunos médicos hablaban bajito en pequeños grupos de la posibilidad de «no dormir en sus casas aquella noche”, en una mezcla de incertidumbre por lo que vendría y de miedo a represalias por las ideas de izquierdas de algunos sanitarios.

Patricia, que hoy se gana la vida narrando la actualidad, nació precisamente en medio del momento histórico y periodístico más decisivo de los últimos años. Cuenta que cuando les pregunta a sus padres por su nacimiento, siempre le recuerdan que se vivió de forma muy extraña, sobre todo en las calles. “Mi padre dice que el día que vine al mundo había mucho revuelo y corrillos en los bares”, concluye. 

Un momento grabado a fuego en la retina

Diego, Sofía y Patricia tienen que preguntar cómo se vivió ese día, por motivos obvios, pero quien tenía algo más de edad, no olvida qué estaba haciendo en el momento en el que se enteraron del intento del golpe.

César estaba en clase cuando ocurrió. Recuerda perfectamente cómo entró un bedel a comunicarle al profesor lo que estaba pasando en el Congreso. “Al enterarse de la noticia le cambió la cara, recogió todos los papeles y se fue. Creo que todos pensamos por un momento que volvería a repetirse una Guerra Civil”.

Jesús trabajaba como mecánico en el aeropuerto madrileño de Barajas. “Ese día en nuestra oficina hubo una reunión a la que asistieron dos guardias civiles de servicio que nos aseguraron que ellos estaban al tanto de lo que iba a ocurrir, y que estaban esperando la orden para ocupar las instalaciones aeroportuarias”.

Manuel, de Avilés, se había desplazado a Madrid el 23 de febrero para una entrevista de trabajo cerca de la calle del Prado. Cuando terminó se acercó a la Plaza de las Cortes para coger un taxi, y pudo observar cómo se preparaba el asalto. “Pensé en algún atentado terrorista, no imaginé lo que iba a ocurrir minutos después. Me enteré por la radio y el viaje de vuelta a casa se me hizo eterno, ya que no paraba de darle vueltas a lo que podría ocurrir si aquello que vi con mis ojos prosperaba”.

24-F: La manifestación más importante de la historia de España 

Después del shock inicial, y cuando el golpe se anunció fracasado, España salió a la calle. Y lo hizo de forma masiva en Madrid bajo la pancarta ‘Por la libertad, la democracia y la Constitución’. Pese a anunciarse como manifestación silenciosa, los “Viva la libertad. Viva la democracia. Viva el Rey” no dejaron de escucharse de forma atronadora. A ella acudieron alrededor de un millón y medio de personas, en lo que era la concentración más grande celebrada jamás en la historia de España. También aparecieron a mitad del recorrido, con fuerza, los gritos de “libertad, libertad, libertad”, como queriendo ser la garganta de un país entero que no quería dar ni un paso atrás. 

Eran, ni más ni menos, los gritos de nuestros padres y abuelos, que trataban de proteger el futuro de sus hijos. Pero también eran los deseos de aquellos bebés o jóvenes que en solo un día se convirtieron en mayores de edad para intentar proteger el devenir de un país que quería olvidar por completo esa sensación tan cercana con olor a rancio. Eran los padres protegiendo a sus hijos. Eran los hijos protegiendo a sus padres. Era todo un país decidido a cambiar el rumbo de su vida para siempre. Y lo logró.