San Andrés, en Santa Cruz de Tenerife, esconde una historia poco conocida para cualquiera que no resida en la zona. Para conseguir llegar hasta el recóndito punto oculto en lo alto de las montañas que protegen el barrio, lo mejor es preguntar a los habitantes de la zona por el búnker de San Andrés. «Aparque en la pista militar y de allí busque un camino de piedra. La única forma de llegar es andando».

Ante un paraje escarpado como lo es el canario, la subida cuesta arriba se hace más llevadera al estar rodeado de cardones – un arbusto típico de la zona que recuerda en cierta forma a un cactus – y lagartos tizón, que acompañan al senderista en su paseo. Por no mencionar las vistas, que permiten contemplar la Playa de las Teresitas al completo.

Vista de la Playa de las Teresitas, en Santa Cruz de Tenerife (Andrea Bouzas Blanco)

Los residentes ya avisan: «Cuando el camino se divida en dos, diríjase a la izquierda». Al seguir sus instrucciones y tras unos 20 minutos de caminata, cuando la capital de la isla se comienza a vislumbrar detrás de las montañas, por fin se consigue llegar al lugar de destino: la batería militar de San Andrés.

Al contrario de lo que en un principio se pueda pensar, su construcción no tuvo lugar durante la Guerra Civil, sino en la Segunda Guerra Mundial. ¿Y por qué habría de existir una construcción militar de tales dimensiones si España no estuvo involucrada en la contienda? Realmente, el régimen franquista tuvo un papel más importante de lo que se pueda pensar.

Y es que el búnker de San Andrés no es el único existente en Tenerife, ni siquiera en las Islas Canarias. En total, en el archipiélago canario se han llegado a cuantificar hasta 392 búnkers alrededor de su costa, construcciones de carácter militar cuya historia es conocida por muy pocos.

Entrada al búnker de San Andrés, en la isla de Tenerife (Andrea Bouzas Blanco)

Las simpatías de Franco por Hitler, motivo de desconfianza de los aliados

1939 supuso en España el fin de la Guerra Civil, mientras que en Inglaterra, Francia, Italia y Alemania se daba inicio a la Segunda Guerra Mundial. A pesar de los deseos de Franco de formar parte de las Fuerzas del Eje junto con Hitler y Mussolini, la debilidad y falta de recursos provocados por la guerra obligaron al dictador a declarar a España como país no beligerante.

A pesar del estatus adoptado por el Caudillo frente al conflicto, Franco – quien consiguió la victoria frente a los republicanos en gran parte gracias a la colaboración italiana y alemana – puso en la medida de lo posible sus tropas a disposición del Tercer Reich, quien había mostrado un enorme interés en una localización específica del territorio español: las Islas Canarias.

Tal y como recoge el historiador Juan José Díaz Benítez en Colaboración hispano-alemana para la defensa de Canarias. El viaje del capitán de fragata Krauss, durante el verano de 1940 «Alemania empezó a hacerse ilusiones con la creación de un gran imperio colonial en África Central, para cuya defensa sería de gran utilidad las Canarias».

Asimismo, el Teniente Coronel Juan Antonio Castro Martín, autor de Los Ingenieros y el plan de obstrucciones. La defensa de Canarias durante la Segunda Guerra Mundial y Aportaciones a la historia de la defensa de Tenerife en al segunda Guerra Mundial, explica en declaraciones a El Independiente que «Hitler consideraba fundamental para su éxito, tras el rápido avance de las fuerzas alemanas en buena parte de la Europa Occidental, la ocupación del Mediterráneo. Para ello, resultaba imprescindible desalojar a los ingleses de Gibraltar y controlar la comunicación de este mar con el Atlántico. Por tanto, una condición esencial era ocupar al menos una de las islas canarias«.

Los aliados, por su parte, sospechaban de las buenas relaciones existentes entre las Fuerzas del Eje y Franco; y motivos no les faltaban. Ya en noviembre de 1939 España había comenzado a colaborar encubiertamente con el Eje a pesar de su neutralidad.

El profesor de Historia Santana Nelson y Díaz Benítez detallan cómo las embarcaciones alemanas e italianas comenzaron a llegar a los puertos de estas islas «buscando refugio ante el riesgo de ser capturados por buques de guerra británicos o franceses» y encontrando en ellos un lugar seguro donde abastecerse de gasoil, víveres o aceite. Entre 1939 y 1941 las costas canarias recibieron con sigilo a los submarinos Giuseppe Finzi, A. Cappellini o los temidos U-Boote alemanes.

Pero, como apunta el Teniente Coronel, en aquel momento dichas elucubraciones aliadas no podían ser fundamentadas ante la falta de pruebas. A pesar de ello, ante la preocupación por la seguridad del Peñón, Díaz Benítez señala en La indefensión naval de Canarias durante la Segunda Guerra Mundial que los británicos se plantearon seriamente ocupar las islas a partir 1941.

Una defensa pobre en un país malherido por la Guerra Civil

Ante este contexto de colaboración con los alemanes y el potencial peligro que traía consigo un más que probable ataque aliado, se procedió a asegurar las islas del archipiélago.

Para ello, en 1940 se dio la orden de comenzar a construir asentamientos militares como búnkeres o nidos de ametralladoras, cuya implementación por toda la costa no finalizó hasta aproximadamente dos años más tarde, de acuerdo a Juan Antonio Castro. «La construcción de estos espacios requería no menos de un mes, puesto que los nidos eran de hormigón armado y el fraguado del cemento necesita como mínimo de 23 días».        

Con respecto a la colaboración alemana en su fabricación, el Teniente Coronel aclara que «en ningún momento las potencias del Eje intervinieron». «Sólo se tiene constancia de la visita a las islas de un agregado alemán durante dos semanas», comenta; haciendo referencia al viaje realizado este mismo año por el capital de fragata alemán Krauss a Gran Canaria y Tenerife para evaluar la defensa de las islas.

Durante esta visita, el Gobierno español pidió la colaboración nazi para poder proteger de forma eficiente el archipiélago. Además, Krauss comprobó la falta de recursos, tanto personales como materiales, de un país que aún sanaba las recientes heridas provocadas por la guerra entre españoles nacionales y republicanos.

No obstante, incluso tras haber comprobado durante la gira canaria las condiciones pésimas ante las que los canarios se encontraban en caso de ataque aliado, los alemanes no entregaron armas, aportaron refuerzos, ni ayudaron económicamente a los españoles.

Por suerte para los canarios, nunca se llegaron a utilizar todas estas construcciones militares. Ni siquiera su uso fue necesario tras el desembarco anglo-americano en el Norte de África (Operación Torch, 1942).

El Teniente Coronel Castro Martín recuerda las palabras que Churchill incluyó en sus memorias y que dejan constancia de los altos riesgos que existieron de agresión británica: “Tan grande era el peligro que casi dos años mantuvimos constantemente en alerta de pocos días una expedición de más de 5.000 hombres y sus barcos preparados para tomar las islas Canarias, desde las cuales podíamos mantener el control aéreo y marítimo sobre los U-boats”.

El estado de los búnkeres canarios, 81 años después de su construcción

Volviendo al siglo XXI, hoy el búnker de San Andrés se encuentra completamente abandonado. Aunque su acceso está al alcance de cualquiera – siempre y cuando se esté dispuesto a subir a pie la distancia que separa la Pista Militar de San Andrés del nicho – la edificación se encuentra llena de pintadas, en una situación deplorable.

Nada hace indicar que estemos ante un antiguo asentamiento defensivo. Ni carteles informativos, ni señalización para conseguir llegar al búnker. Absolutamente nada nos permite saber que el puerto de Santa Cruz Tenerife, como otros localizados en estas islas, estuvo involucrado en la guerra más sangrienta de la historia.

Interior del búnker de San Andrés (Andrea Bouzas Blanco)

¿Quién es el responsable de la situación de abandono en la que se encuentran estas construcciones? Al tratar de conocer sobre quién recae la responsabilidad del búnker de San Andrés, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ha negado a El Independiente tener competencias sobre el mismo, al igual que han hecho desde el Ministerio de Defensa o el Ejército de Tierra. La misma situación es aplicable al resto de búnkeres que se extienden a lo largo y ancho de la costa canaria.

En conversación con Castro Martín, el Teniente Coronel explica que, aunque durante un tiempo pasaron a encontrarse en manos del Ministerio de Defensa en la década de los 70, a fecha de hoy no se hallan bajo la propiedad del mismo. Por tanto, ninguna institución se hace actualmente cargo de estas olvidadas piezas de la historia más reciente de España.

La población canaria, acostumbrada a la presencia de estos testigos de la Segunda Guerra Mundial, no da mayor importancia a su existencia; y los visitantes peninsulares ignoran que construcciones militares de tal envergadura puedan encontrarse en el archipiélago.

La falta de valor que se les ha dado por parte de los principales organismos del país hacen que, poco a poco, toda la historia que los envuelven esté desapareciendo; y, con ello, que la memoria de España quede relegada a meras edificaciones descuidadas de las que únicamente se conozca que, tomando el camino de la izquierda, se puede llegar a ellas.