Nadie hay tan preciado como Adolf Hitler y los nazis para los conspiranoicos globales. Hay quienes aseguran que todo aquel al que se acerque a las teorías de la conspiración se topará con Hitler en algún momento. Es como la llamada ley de Godwin, por el escritor estadounidense Mike Godwin, según la cual cuanto más se prolonga una discusión en Internet, más probable es que surja el nombre de Hitler. ¿Por qué? en palabras de Alec Ryrie, «es la más potente de todas las figuras morales… se ha convertido en un punto de referencia fija para nuestra definición del mal».

En su libro Hitler y las teorías de la conspiración (editorial Crítica), el historiador británico Richard J Evans, trata sobre cómo «la imaginación paranoide se ha centrado en Hitler y los nazis», si bien el líder nazi «no fue un teórico de la conspiración». Eso le diferencia del otro icono del totalitarismo del siglo XX, Iosif Stalin, quien sí se veía rodeado de conspiradores y en consecuencia creó «acusaciones fantásticas contra el régimen soviético».

Son cinco las preguntas que contesta Evans en su ensayo sobre las conspiraciones inspiradas en Hitler y los nazis: ¿Sirvieron Los protocolos de sabios de Sion de justificación al genocidio? ¿Recibió el ejército alemán una puñalada por la espalda en 1918? ¿Incendiaron el Reichstag los comunistas? ¿Conocía Hitler las intenciones de fuga de Rudolf Hess? Y la que considera Evans más disparatada: ¿Se fugó Hitler del búnker y murió anciano en Argentina?

«En la cultura occidental Hitler es la más potente de las figuras morales… Se ha convertido en un punto de referencia fijo paran nuestra definición del mal»

Sir Richard J. Evans (Woodford, Essex, 1947) es el autor de la trilogía sobre el Tercer Reich, una monumental obra sobre el nazismo. En su primera entrega buceaba en los orígenes del nazismo y remarcaba la importancia del pasado imperial y el estilo dictatorial del canciller Bismarck, algo antes que otros historiadores no habían remarcado.

En su obra también echa por tierra mitos como el antisemitismo visceral de los alemanes, o que Hitler fuera elegido canciller del Reich. Los alemanes no le votaron para que creara un Estado de partido único. Es presidente del Wolfson College de Cambrigde y Provost del Gresham College de Boston.

Evans explica cómo creció después de la guerra. Solía ver los destrozos causados en la Segunda Guerra Mundial y se preguntaba de niño por qué había pasado todo aquello. Estudió Historia y se especializó en la Alemania nazi. Mantiene que sabemos muchísimo sobre esta época y cada vez hay más documentación, y cita los diarios de Joseph Goebbels, o la edición crítica de Mein Kampf, de hace dos años apenas. Evoca cómo algunos libros como las memorias de Albert Speer, llenas de mentiras hasta desde su nacimiento.

«Lo importante de Alemania en 1945 es que fue destruida por completa. Eso permitió a los alemanes mirar con sentido crítico al pasado. Sin embargo, en pasado hubo continuidad y en España también. Hay dos aspectos controvertidos en la historia contemporánea: una es el genocidio armenio y otra la guerra civil española», señala Richard J Evans en entrevista con El Independiente.

Los alemanes han aprendido de su historia. … La estabilidad del sistema político alemán se funda en este reconocimiento de los crímenes de los nazis»

richard j. evans

«Los alemanes han aprendido de su historia aunque costó tiempo. En los 90 fue cuando se expusieron los detalles del colaboracionismo de los alemanes. La estabilidad del sistema político alemán se funda en este reconocimiento de los crímenes de los nazis. Una minoría los niega o justifica, pero es una minoría», apunta el autor de El Tercer Reich en la historia y en la memoria.

A los historiadores les resulta muy complejo y arduo exponer sus hallazgos. Sin embargo, en estos tiempos de sobreinformación cada vez hay más teorías de la conspiración. Pero no todos los bulos que circulan por nuestra esfera de conocimiento son conspiraciones.

«Toda conspiración real aspira a un objetivo concreto y concluye cuando se ha conseguido o antes de llegar tan lejos, al ser descubierta. No debemos confundir una teoría conspirativa con un ejemplo de noticia falsa… o de manifestación de hechos alternativos… Para que una teoría de la conspiración sea tal debe plantear la existencia de un grupo de personas que se conjura en secreto para emprender una acción ilícita», escribe en la introducción el historiador. Los conspiranoicos obedecen a un credo básico: ningún gran acontecimiento de la historia sucede por azar o es fruto de la coincidencia o consecuencia de una acción individual.

Cada vez más teorías de la conspiración

Confiesa que ha escrito este libro porque después de terminar su trilogía sobre El Tercer Reich se dio cuenta de que las conspiraciones sobre Hitler había proliferado más que antes. Como interesado en lo que es cierto y qué no en la historia, decidió recopilar las teorías de la conspiración más conocidas sobre el nazismo para desmontarlas.

«Hay varias razones que lo explican: los medios de comunicación actuales permiten la propagación a gran velocidad. Siempre hubo conspiraciones pero la forma de difundirse ahora es incomparable. Rápidamente llega al último de los confines con internet y los medios sociales. Además el proceso para verificar los hechos es más complejo. Para publicar algo en una red social no necesitas probar que es cierto. Y los medios de comunicación han dejado de actuar como un mecanismo de selección (gatekeeper). Hay que acometer medidas como prohibir los comentarios anónimos. Me parece que va en el buen camino que se deje fuera de las redes sociales a alguien como Donald Trump«, explica Richard J. Evans.

Estas teorías de la conspiración ofrecen respuestas porque en ellas siempre lo que pasa es porque alguien quiere que pase. Dibujan un mundo en blanco y negro»

richard j. Evans

En una época en la que estamos sobreexpuestos a la información, muchos ciudadanos buscan certezas y explicaciones simples. A juicio de este experto en nazismo, «estas teorías de la conspiración ofrecen respuestas porque en ellas siempre lo que pasa es porque alguien quiere que pase. Dibujan el mundo en blanco y negro».

La mayoría de los que fomentan las conspiraciones son grupos de ultraderecha como QAnon que difunden estas historias sobre Hillary Clinton o quienes consideran sus enemigos. Pero se alimentan desde todo el espectro político. «En el pasado, uno de los que difundió más estas tramas de bulos interesados fue Stalin, que se sentía cercado por todos los que le rodeaban», según explica el autor de La llegada del Tercer Reich.

En este mundo de blanco y negro con Hitler como encarnación del demonio se difunden estas teorías sin fundamento con gran facilidad. Evans desmonta las cinco más relevantes:

¿Son ‘Los protocolos’ la base del genocidio?

Los protocolos de los sabios de Sión es el nombre de un tratado de principios del siglo XX cuyo compilador sigue siendo una incógnita. En Rusia se haría el montaje final de la obra. Allí se utilizaron para justificar los pogromos contra los judíos.

La obra es un libelo que supuestamente reproduce las conversaciones de los sabios de Sión. Detallan los planes de una conspiración judeo-masónica para dominar el mundo.

En Alemania se publicó ya en 1924 que eran falsos, pero Hitler consideró que si los judíos creían que era una falsificación era motivo para asegurar que eran ciertos.

«Por sí solos Los protocolos no bastarían para demostrar que las acciones nazis eran resultado de la lectura de la obra. De hecho, los nazis consideraron el documento no una revelación, sino que interpretaron su existencia como una confirmación de lo que ya sabían», escribe Evans en su último libro publicado en España.

¿Fue traicionado el ejército alemán en 1918?

En 1918 la inmensa mayoría de los alemanes recibió la noticia de la derrota en la Primera Guerra Mundial con gran sorpresa. Las tropas alemanes estaban ocupando territorios en Bélgica, Francia y parte de Europa nororiental. En agosto de 1918 la propaganda militar alemana mantenía que los aliados jamás derrotarían al «inconquistable» pueblo alemán.

En los años 20 los ultrapatriotas difundieron la tesis de que el Ejército había sido traicionado y por ello perdió la guerra. «La revolución apuñaló al ejército por la espalda, después de muchos intentos de subversión. La leyenda de la puñalada por la espalda no es un mito vago y peligroso, como algunos pretenden. Es una descripción clara de uno de los hechos más tristes y peligrosos de la historia de Alemania», decía un dirigente del Partido Popular Nacional Alemán.

Lo cierto es que el mando militar sobre el terreno no informó ni a sus superiores ni a los políticos sobre el deterioro de la situación bélica. La revolución de noviembre de 1918 obedecía al deterioro de las condiciones de trabajo, sobre todo en fábricas de municiones. Pero años después venía bien unir esos hechos para no transmitir la idea de que fue el propio ejército el que estuvo engañando a la población sobre lo que estaba ocurriendo.

¿Incendiaron los comunistas el Reichstag?

En el caso del incendio del Reichstag, el 27 de febrero de 1933, hay dos teorías de la conspiración, una alentada por los nazis y otra por los comunistas. Y luego están los hechos, que sacó a la luz Der Spiegel en 1959.

«El Tercer Reich se erigió sobre la base de una teoría conspirativa: la teoría según la cual los comunistas habían incendiado el Reichstag como primer paso de un golpe que pretendía derrocar la República de Weimar», puede leerse en la obra. Con esta tesis los nazis justificaron la aplicación del estado de emergencia y los arrestos de comunistas, sus más acérrimos enemigos, y socialistas. Evans sostiene que si no hubiera sido el incendio del Reichstag hubieran buscado cualquier otra excusa para hacerlo.

A su vez, los comunistas acusaron a los nazis de haberlo organizado. Quid prodest?, se plantearon. Y los beneficiados eran los nazis. Acusaron directamente en El libro marrón del terror hitleriano a un grupo de nazis comandados por Emdund Heines, que habría entrado en el Reichstag desde un túnel secreto que partía de la residencia de Hermann Göring.

La tesis del semanario alemán es que todo fue obra de un solo hombre. En 1962 Fritz Tobias publicaba El incendio del Reichstag. Leyenda y realidad, una obra muy documentada que sostenía que efectivamente Marinus Van der Lubbe había incendiado el Reichstag y ni lo había hecho como parte de un complot comunista ni como espía al servicio de los nazis, como mantenían los comunistas. Quería provocar una reacción en la clase obrera con una acción individual sonada. Fue ejecutado en la guillotina el 10 de enero de 1934.

¿Estaba Hitler al tanto del plan de fuga de Hess?

Otro de los misterios que alientan la fantasía de los conspiranoicos es la razón por la que Rudolf Hess, segundo en la jeraquía del partido nazi, se fugó a Inglaterra en mayo de 1941. Hess transmitió a los aliados el mensaje de que Alemania en realidad quería dejar de combatir en Gran Bretaña. Alentó a los británicos a que buscaran acuerdos con Hitler. Pero los británicos dudaron de que su plan fuera conocido por el Führer y también llegaron a la conclusión de que antes o después la guerra con la Alemania nazi continuaría.

«El propio Hess nunca se apartó de su afirmación inicial de que había actuado por iniciativa propia; su esposa también insistió en que el vuelo había sido idea de él y de nadie más… En el interrogatorio del 9 de junio de 1941, el vizconde Simon le preguntó: ‘¿Ha venido aquí con conocimiento de Hitler o sin que él lo supiera’. Hess contestó: «Sin que lo supiera… nada de nada», constata Evans. Si hubiera dicho lo contrario, los británicos le habrían tomado más en serio.

Muchas fuentes suscriben que Hitler reaccionó con rabia, e incluso se deprimió, al conocer la fuga de Rudolf Hess. Pero los conspiranoicos argumentan que eso fue puro teatro.

Rudolf Hess pasó más cuatro décadas encerrado en la prisión de Spandau, en Berlín. Había sido condenado a cadena perpetua en los juicios de Nuremberg, de noviembre de 1945 a octubre de 1946. En 1987, cuando solo quedaba él en esta cárcel de máxima seguridad, se suicidó.

Fotografía de archivo de 1946 que muestra a Rudolf Hess, lugarteniente de Adolf Hitler, durante los Juicios de Nuremberg.
Rudolf Hess, lugarteniente de Adolf Hitler, durante los Juicios de Nuremberg.

¿Vivió Hitler como un nazi camuflado más en Argentina?

El 5 de junio de 1945 los oficiales del Estado Mayor ruso dijeron que estaban casi seguros de que Hitler había muerto y se había identificado su cadáver. Estaba entre los restos mortales de cuatro personas que se encontraron fuera del búnker de la cancillería en mayo. Pero a Stalin esta versión no le venía bien. Fue el primero en sostener que seguía con vida. Así justificaba su mano dura con los alemanes.

«El líder soviético quería silenciar la idea de que Hitler había muerto heroicamente y describirlo como un cobarde que había huido de la escena de su derrota para esconderse en verte a saber qué rincón del mundo», dice Evans en el libro.

Empezaron a surgir avistamientos de Hitler: en una isla del Báltico, en una fortaleza de Renania, en un rancho en Sudamérica y hasta en un monasterio español. La agencia soviética Tass informó de que había sido visto con ropa de mujer.

«En el siglo XXI se han dedicado más libros a la superviencia de Hitler en Argentina que en los 55 años precedentes… Desde 2009 el debate histórico sobre la muerte de Hitler lo han dominado teorías conspirativas», se lee en este ensayo que desmonta estas ideas rocambolescas.

Según Evans, «todas las teorías sobre la supervivencia de Hitler no pueden ser ciertas porque se contradicen unas a otras. Pero todas las teorías sobre la supervivencia de Hitler sí pueden ser falsas; y lo son. Sus defensores solo pueden aportar rumores y referencias de oídas… Nadie ha podido aportar ninguna fotografía de Hitler posterior al 30 de abril de 1945».

Hace falta desmontar todas estas mentiras con rigor para saber de verdad cómo sucedieron los hechos. La educación ayuda. Y ser conscientes de que las lecciones de la historia están ahí. Depende de nosotros que aprendamos y que no tergiversemos lo que pasó. Solo nos engañaremos a nosotros mismos, pero dejaremos un triste legado a las generaciones más jóvenes.