Historia

Experimento Tuskegge: cuando EEUU convirtió a 600 hombres con sífilis en cobayas

Una de las víctimas del Experimento Tuskegee es inyectado con placebo

Una de las víctimas del Experimento Tuskegee es inyectado con placebo

Cobayas, ratas de laboratorio, conejillos de Indias… o negros pobres y con sífilis de las profundidades de Alabama (EEUU). Ninguno de los animales citados fueron objeto del más que polémico Experimento Tuskeggee, que sí que depositó sus energías en engañar a cientos de habitantes de las zonas rurales del estado sureño. El llamado ‘Estudio de Tuskeggee sobre la sífilis no tratada en el macho negro’ sólo contempló el avance de la enfermedad en los humanos que no recibían tratamiento alguno. Con una clave: los sujetos desconocían su contagio y el Gobierno se limitó a diagnosticar «mala sangre», un término genérico para referirse a la fatiga o a la anemia. La «mala sangre» emanó desde 1932, con EEUU inmerso en la gran depresión, hasta el 16 de mayo de 1997, cuando Bill Clinton pidió perdón en nombre del pueblo estadounidense; «El gobierno de los Estados Unidos hizo algo que estuvo profundamente mal. Fue un ultraje a nuestro compromiso con la integridad y la igualdad para todos nuestros ciudadanos», destacó Clinton en su discurso pronunciado hace exactamente 25 años.

La campaña de reclutamiento del estado norteamericano puso el foco en hombres pobres, afroamericanos y sin recursos ni alternativa. El reclamo del Servicio de Salud Pública de los EEUU se aprovechó de la desesperación de estas personas, a las que sedujo con atención médica gratuita. EEUU se escudó en la ciencia para inyectar placebo a los 400 hombres que formaron el Experimento Tuskeggee, a los que no trató de curar, sino de seguir su evolución física y mental sin recibir tratamiento contra la sífilis. Durante cuatro décadas nada importó el sufrimiento de esas personas. Los métodos para luchar contra la sífilis empleados entonces – a base de mercurio y arsénico – estaban prohibidos para estas personas, así como luego, a partir de la generalización de la penicilina, no se les aplicó, tal y como reconoció Clinton: «Se supone que los médicos deben ayudar cuando necesitamos atención, pero incluso una vez que se descubrió una cura, se les negó la ayuda y su gobierno les mintió». El interés residió en la observación de cómo la enfermedad devoraba a los «machos negros con sífilis».

Se supone que nuestro gobierno protege los derechos de sus ciudadanos; sus derechos fueron pisoteados

bill clinton

El caso Tuskeggee saltó por los aires en 1972 cuando The New York Times denunció la atrocidad. Dos años más tarde, en 1974, cada uno de los supervivientes recibió una indemnización de 37.500 dólares; sin embargo, el lamento por parte de la administración tardó en llegar más de 20 años después de la sentencia. Entonces, sólo ocho hombres habían sobrevivido al Experimento Tuskeggee, que incluso fue heredado por bebés que nacieron con sífilis.

«Fue una época en la que nuestra nación no cumplió con sus ideales, cuando nuestra nación rompió la confianza con nuestro pueblo que es la base de nuestra democracia. No es solo recordando ese pasado vergonzoso que podemos enmendar y reparar nuestra nación, sino que es recordando ese pasado como podemos construir un mejor presente y un mejor futuro. Y sin recordarlo, no podemos hacer las paces y no podemos seguir adelante», señaló Clinton en su discurso.

Además del perjuicio irreparable al que se vieron condenadas las víctimas, una de las grandes consecuencias del Experimento Tuskeggee fue la desconfianza generada entre los ciudadanos afroamericanos hacia los doctores blancos. Un alto porcentaje de esta población creía que el SIDA fue creado por investigadores blancos para matar a los negros, lo que desembocó en la resistencia de los ciudadanos negros a donar sangre o vacunar a sus hijos.

«Se supone que nuestro gobierno protege los derechos de sus ciudadanos; sus derechos fueron pisoteados (…) A los supervivientes, a las esposas y familiares, a los hijos y nietos, les digo lo que saben: Ningún poder en la tierra podrá devolverles las vidas perdidas, el dolor sufrido, los años de tormento y angustia interna. Lo que se hizo no se puede deshacer. Pero podemos acabar con el silencio. Podemos dejar de mirar para otro lado. Podemos mirarles a los ojos y por fin decir en nombre del pueblo estadounidense que lo que hizo el gobierno de los EEUU fue vergonzoso, y lo siento», sentenció Clinton en un discurso con la intención de sellar toda una vida de penurias para las víctimas del Experimento Tuskeggee.

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