A mediados del siglo XVIII, los primeros barcos europeos comenzaron a llegar a las costas de la Polinesia. En las playas paradisíacas, los exploradores se encontraron con la población nativa de la isla. Aunque los locales tenían un estilo de vida completamente opuesto al de sus visitantes, comenzaron a aparecer extrañas semejanzas. Algunas de sus vestimentas, sus técnicas de pesca o sus tratamientos médicos eran prácticamente iguales que en Europa. Lo más sorprendente: algunos polinesios eran blancos. Entonces, surgió la duda. ¿Y si otros habían llegado antes que ellos?
Hasta ese momento, aquella zona del Pacífico no había capturado la atención de los navegantes europeos, centrados en asegurar las rutas comerciales de las especias con las Islas Molucas. Habría que esperar un siglo para que Martín Fernández de Navarrete diese una posible respuesta al misterio. El marino e historiador español aventuró que uno de los barcos que participaron en la segunda expedición de Juan Sebastián Elcano se perdió en el océano y llegó hasta estas costas. Una epopeya de la que ha dado cuenta el historiador Luís Gorrochategui en La carabela San Lesmes: El viaje más épico de la historia.
La San Lesmes desapareció hace ahora quinientos años. Durante una tormenta, los barcos que conformaban la expedición se separaron y nadie supo más del navío. Sin embargo, sus tripulantes podrían haber llegado hasta territorios que permanecerían desconocidos para los europeos hasta dos siglos después. Una increíble gesta que ha pasado desapercibida en nuestro país. "Es una gran aventura que anima a todo el mundo a reconquistar nuestra increíble historia", señala en conversación con El Independiente Gorrochategui.
El destino de la San Lesmes
Tras completar la primera vuelta al mundo, Elcano organizó una segunda expedición a las Molucas. Dirigidas por García Jofre de Loaísa, siete naves zarparon de La Coruña el 24 de julio de 1525. Ninguna regresó a España, pero solo el destino de la San Lesmes sigue siendo un misterio.
Según sostiene Gorrochategui, tras extraviarse en el sur del Pacífico, la carabela llegó a las costas de la Polinesia, probablemente a la isla de Raiatea. Allí, fueron socorridos por los indígenas. Aunque algunos de los marineros intentaron regresar, otros se quedaron a vivir junto a los nativos. Entre las playas de arena blanca y los palmerales, los visitantes se asentaron entre la comunidad local y tuvieron hijos con las mujeres polinesias. Fruto de este intercambio, los pobladores autóctonos de las islas adoptaron algunas costumbres de los españoles.
Para probar esta teoría, el historiador se basa en los hallazgos de las siguientes expediciones europeas que llegaron hasta esta remota zona del Pacífico. Cuando ingleses y franceses arribaron por primera vez a las islas polinesias, se sorprendieron al descubrir que los nativos construían sus embarcaciones y tenían técnicas de pesca muy similares a las del Viejo Continente. Cuenta que en la expedición del navegante francés Louis-Antonie de Bougainville, los locales le regalaron un gola (adorno de cuello) muy similar a las de la época de Francisco I de Francia, la misma de la expedición de Elcano y Loaísa.
Los hallazgos de los españoles
La presencia de ingleses y franceses en aquellas costas inquietó a los españoles, que también enviaron sus propias expediciones para reafirmar el dominio hispánico de la zona. En una de estos viajes, el guipuzcoano Domingo Boenechea y sus hombres encontraron una cruz en un atolón cercano a Tahití, detalla Gorrochategui.
Además, uno de los frailes franciscanos que llegaron hasta las islas, Máximo Rodríguez, recibió un singular regalo del jefe Tu de Tahití. El cacique nativo le entregó el "Umete", un cuenco sagrado para los indígenas. Según el historiador, este artefacto solo se pudo tallar utilizando metal, proveniente del casco de la San Lesmes.
Una carabela española en Nueva Zelanda
Gorrochategui recoge la teoría del investigador australiano Robert Langdon, que sostiene que los tripulantes de la San Lesmes habrían llegado también a Nueva Zelanda. "Eso los habría convertido en los primeros europeos en llegar, siglos antes de que lo hiciese ningún otro", subraya.
Según las "fascinantes reconstrucciones hipotéticas" de Langdon, algunos de los tripulantes de la San Lesmes habrían reparado la carabela después de encallar en la isla de Raiatea. Los marineros habrían intentado regresar a España, pero habrían terminado en las costas de Nueva Zelanda. El historiador explica que la lengua maorí -los indígenas neozelandeses- tiene palabras muy similares al español. Pone el ejemplo de "pero", que se usa para decir "perro".
Aunque para Gorrochategui la hipótesis de Langdon es "la más solvente", menciona también la del francés Roger Hervé, un conservador de la Biblioteca Nacional de Francia. Según su teoría, los tripulantes de la carabela fueron los primeros en llegar al continente australiano. Hervé se basaba en unos mapas del siglo XVI que, según los historiadores, representan la costa este de Australia. De acuerdo a este relato, la San Lesmes navegó a lo largo de la costa australiana hasta que fue atrapada por la expedición portuguesa de Cristóvão de Mendonça. Sin embargo, uno de los marineros españoles, que eran gallegos en su mayoría, logró hacerse pasar por portugués. Así habrían llegado esos mapas a Europa.
Independiente de si la San Lesmes acabó sus días en Australia o Nueva Zelanda, Gorrochategui lo tiene claro: "Es el mayor misterio de la navegación oceánica". Uno que ha pasado desapercibido para la gran mayoría de los españoles, por lo que celebra que ahora "estamos recuperando nuestra historia".
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