La vida de los diplomáticos carga con tantas historias y tantas vidas juntas, que no es raro que hayan sido muchos los diplomáticos metidos a escritores y los escritores metidos a embajadores. A finales de los años ochenta eran tantos los autores dentro del cuerpo que crearon una asociación en la que estaban algunos nombres muy conocidos como Fernando Morán, Manuel Fraga Iribarne, Ernesto Giménez Caballero, José María de Areilza y Fernando Schwartz.

El diplomático Jaume Segura Socías ha sido el último en sumarse a la lista de diplomáticos con su novela Tal vez, un día (Noalejo), en la que narra una historia de amor en dos épocas, con sexo apasionado y con un escenario, el cubano, que siempre marca la diferencia por ser único. Fue precisamente la isla la que empujó a Segura a escribir. “Esta historia me fue atrapando, especialmente a través de conocer Cuba por medio de mi mujer, que es cubana. Y gracias a mi profesión conocí profundamente América Latina así que esa historia me atrapó y me decidí escribirla”, cuenta a El Independiente.

El resultado es una novela compleja que- reconoce el autor- “me costó mucho escribirla”. Para ello se dejó llevar por el puro instinto, “yo quería escribir la novela que me hubiera gustado leer. Me complique la vida en el sentido de buscar una novela compleja, pero también la historia me llevó a eso, con una estructura compleja, pero a la vez apasionante como reto”, asegura.

Reivindicación de la diplomacia

“Esta novela desmitifica la imagen del diplomático, pero a la vez la reivindica”, mantiene Segura. “En mi caso es una carrera que me ha dado muchas cosas, me ha permitido conocer y vivir experiencias extraordinarias, pero a la vez es una vida dura por la distancia, el desarraigo, especialmente para los hijos”. 

Jaume Segura Socías.

En este sentido el personaje que narra la novela va recordando estos aspectos, “Miguel es un joven diplomático que no quería ser diplomático, que llega a la profesión un poco empujado por su padre que también era diplomático”. El personaje sufre “el desarraigo de la vida del diplomático en su familia y  al principio se decepciona porque no se siente cómodo, se siente perdido y le toca ir a Cuba, país que conoce porque su madre es de allí”, explica el autor. Pero a medida que se va introduciendo en la vida de la isla “va descubriendo la gracia de ser diplomático».

Es la vida de los países el tesoro que carga en su valija los hombres y mujeres del cuerpo diplomático que se mueven por el mundo. “En la novela pongo personajes de distinto origen social porque es un poco lo que te ocurre cuando llegas a un país nuevo como diplomático, conoces a todo tipo de gente, desde la gente de más alta extracción social, hasta la más humildes y un poco he querido reflejar eso porque es además la riqueza de conocer un país”, explica el diplomático que actualmente está destinado en la embajada española de México.

Aprovecho mi experiencia como diplomático para dar pinceladas que son anécdotas, que a veces son reales y a veces son inventadas

De este país es el personaje central de la compleja historia de Tal vez un día, Adriana, mujer del embajador de México en la Cuba prerevolucionaria.  «Adriana es una mujer poderosa con la que yo quería contar una historia de amor diferente, ambientada en los años 50 y donde el poder, la fuerza y la iniciativa llevan a esta mujer -una persona que, en verdad, lo único que busca es la felicidad- a encontrar el amor de otro hombre».

“La historia es todo ficción -recalca Segura- pero, por supuesto, en mi caso y supongo que le pasará a todos los escritores, lo que cuento lo he vivido de alguna manera a través de experiencias directas o indirectas. Para esto aprovecho mi experiencia como diplomático para dar pinceladas que son anécdotas, que a veces son reales y a veces son inventadas, pero basadas en hechos reales que dan verosimilitud a la historia. Es mejor dominar muy bien el contexto, me podía haber inventado un narrador que no fuera diplomático, que fuera financiero de una multinacional, pero me sentía más cómodo”, concluye el escritor.