El mundo musulmán es, junto a Europa, el gran vecino de España. Menospreciado, temido, exótico y familiar, es, sobre todo, un gran desconocido. Los turistas paseamos por sus calles con curiosidad y asombro, pero no llegamos a penetrar en su realidad; muchos diplomáticos asentados no consiguen romper la burbuja de su mundo y, en ocasiones, los propios académicos desconocen el idioma o la realidad cotidiana de estos países, quizás con la excepción del añorado escritor Juan Goytisolo, en su «exilio» de Marrakech.

Noemí Fierro combina su profundo conocimiento de la lengua, y la experiencia de haber vivido durante más de siete años en países tan «exóticos» como Libia o Yemen (además de otros como Siria o Kuwait) con una aproximación respetuosa,
pero crítica a la realidad de ese mundo.

Aunque parezca contradictorio, «el mundo árabe es muy cariñoso», cuenta a El Independiente Noemí Fierro, autora de Detrás del velo. Tras pasar una larga temporada en cuatro países árabes, ha descubierto que las personas con las que coincidió fueron de trato fácil. «Tienen parámetros a veces muy distintos a los nuestros, pero también son muy cercanos», y precisa que el trato no es el mismo en función de cada país y sociedad.

Fierro viajó a Yemen en una época en la que no había embajada de España en su capital, ya que sentía el deseo de visitar lugares que no fueran tan turísticos como Túnez, Egipto o Marruecos. «Quería irme lo más lejos posible». Una vez concluidos sus estudios en Filología Árabe, pasó los siete años siguientes en Damasco, Kuwait y Trípoli, y reconoce que lo más duro fue verse obligada a abandonarlos, tras el estallido de conflictos bélicos, ya que «no quería irme».

Por norma general, la cultura árabe sufre un rechazo por parte de los países occidentales, sin embargo la escritora defiende «que hay muchas formas de enfocar el islam». Considera que en España se generaliza, y solo se tiene normalmente en cuenta a los que siguen el camino de la violencia. «No todos los árabes son musulmanes, y para una inmensa mayoría, el islam, o la manera de entender el islam en su vida diaria, no tiene cabida la violencia». Opina que hay individuos no extremistas, o incluso no creyentes, que no entienden por qué Occidente les da la espalda, pues ellos mismos critican a los musulmanes que fomentan el odio religioso.

A través de este libro, su autora cuenta sus sentimientos tras visitar un país al que no fue exclusivamente de vacaciones, haciendo hincapié en lo que experimentó al «tener la llave de una casa que se ha convertido en tu sitio». Desea transmitir lo que supone tener la oportunidad de vivir en una casa, que podía ser distinta a la que dejó en su país de origen, pero que igualmente pude convertirse en tu hogar.

En este mundo globalizado, los países árabes luchan por conservar su identidad. «Hay una parte de la sociedad que mira hacia Occidente, pensando que hay cosas de su modelo que puede adoptar sin perder su esencia». La autora pone el ejemplo de Omán, que es un país que ha cogido referencias de otros y, sin embargo, «mantiene la forma propia de construir sus edificios».

Noemí Fierro opina que, algo de lo que los occidentales deberíamos sentir envidia con respecto a nuestros vecinos, es su forma de «recibir al extranjero». Cuenta que están caracterizados por su hospitalidad y, pese a las dificultades que puedan darse, «te sientes muy arropado». Crean una sensación de grupo que a veces puede resultar positiva y otras no tanto, ya que «puedes perder tu independencia, o el deseo de ir por libre. Son las dos caras de la moneda», sentencia la escritora.