Javier Sáez de Ibarra es profesor de lengua y literatura en un instituto madrileño pero compagina su actividad docente con la escritura. Hasta el momento, el vitoriano había publicado un poemario y varios libros de cuentos, una experiencia tras la que se ha lanzado a la novela con Vida económica de Tomi Sánchez (La navaja suiza). Además, el autor es I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero en 2009 y Premio Setenil al mejor libro de cuentos en 2013.

Pregunta. ¿Por qué te has lanzado a escribir novela?

Respuesta. «Necesitaba una narración extensa para elaborar un personaje, dibujar un paisaje de nuestro mundo actual y en parte futuro, y cuestionar todo ello con la confrontación de ambos. Vida o explotación, libertad o sometimiento, existencia o supervivencia, justicia o clases sociales… semejantes dialécticas requerían espacio. El cuento o la poesía, géneros muy queridos para mí, responden a otras tentativas».

P. ¿Va la novela sobre economía?

R. La novela trata múltiples aspectos de la vida, la pareja, los hijos, los padres, los amigos, la confrontación ideológica, la educación, la cultura, la religión… Sólo que todos ellos se vinculan al lugar social, los diversos empleos y las necesidades económicas de un trabajador de hoy. Hay algo de provocación, quizá, en el título. Pero ninguna de estas dimensiones puede ser olvidada en la vida de una persona.

P. Expone todos los aspectos de la vida de Tomi, ¿que busca con ello?

R. Pretendo interpelar al lector. ¿Dónde estamos cada uno? ¿En qué parte de esa experiencia del personaje protagonista nos encontramos? A veces parece que pudiéramos hacer abstracción del orden social en que nos han puesto. La novela pretende que nos preguntemos hasta qué punto somos libres y desarrollamos una vida digna de llamarse humana en este marco social-económico, el mejor de los posibles según sus apologistas.

P. Hay muchos diálogos de Tomi en la novela, con sus parejas, amigos, compañeros, jefes, pero no siempre logra explicarse. ¿Por qué?

R. Es una de las claves de la novela, creo yo. El mundo está tan organizado y trabado que pareciera que no puede cuestionarse. La gente se ha acostumbrado a decir: “Es lo que hay”; lo que significa que hay que resignarse y acatar lo que nos dan (y lo que nos quitan). Tomi Sánchez siente un deseo enorme de hacerse entender y rebelarse, pero constata que la palabra no le sirve, que su apelación a la justicia y a los derechos elementales no es escuchada. El capítulo del diálogo “con el cuello de un taxista” es el límite de esa pretensión de ser entendido. Por eso ahí el texto cambia de la prosa a un extenso poema que irrumpe desde esa rabia y esa necesidad.

Javier Sáez de Ibarra, autor de ‘Vida económica de Tomi Sánchez’.

P. No hay localizaciones espaciales o temporales en la novela, sí elementos fantásticos. ¿En qué estilo encuadraría la novela?

R. Vida económica de Tomi Sánchez puede considerarse una novela social, sólo que en la línea de Luis Martín-Santos y su Tiempo de silencio, donde el uso crítico del lenguaje, la mezcla de parodia, realismo, perspectivismo, las referencias culturales, etc. desbordan la idea de crónica. Por otra parte, el referente de la obra no es la España de hoy, sino más bien un mundo capitalista-liberal-clasista en el que nuestro país se incluye. Por eso no quería situarlo explícitamente. En cuanto a los elementos fantásticos, estos nos recuerdan que se trata de una obra de ficción y ocupan un lugar preciso por su valor expresivo. Las hipérboles quizás dejen de serlo en cualquier momento. Si en algunos trabajos se exigen minifaldas, corbatas y hasta un volumen determinado de pecho en las mujeres, ¿por qué no el cabello?

P. Utiliza múltiples recursos, diferentes narradores, saltos en el tiempo… ¿Es una novela difícil de leer?

R. No. Aunque todo eso esté presente, el personaje de Tomi dota al conjunto de unidad. La estructura responde a la intención de comprender la vida desde su límite. La diversidad de narradores, al hecho manifiesto de que no podemos contar quién es un ser humano desde una sola perspectiva. Los saltos ayudan a percibir la tensión que existe en cualquier biografía entre evolución temporal y momentos puntuales.

P. Parece que hoy día no se puede terminar una entrevista sin hablar sobre el coronavirus, ¿cree que se convertirá en un tema literario?

R. Ya estamos todos narrando esa experiencia; de hecho, es la narración principal de nuestro tiempo, acaso la que está borrando o aplazando otras. Sólo que está hecha desde la urgencia, sin perspectiva, con pocos datos claros. Esos relatos hablan de sufrimiento, de incertidumbre, de carencias, de desigualdad social, de posicionamientos ideológicos, de la necesidad de diseñar un futuro que nos satisfaga a todos. Hemos vivido ya dramas tremendos, como el espanto de los fallecidos en residencias de ancianos que aún me parece inconcebible. Habrá que ver cómo termina esta historia, si somos o no capaces de torcer la calamidad hacia un escenario más justo que nos garantice una vida más sana y digna.