Padilla, Bravo y Maldonado; Padilla, Bravo y Maldonado. Una cantinela repetitiva de la historia, ese es conocimiento que, básicamente, hemos guardado del movimiento comunero que acaba de cumplir 500 años. ¿Quiénes eran los comuneros? Padilla, Bravo y Maldonado. Esa era la respuesta de varias generaciones de españoles, sino todas, que aprendían la historia como el catecismo. Fechas, nombres y lugares sin trasfondo.

Esta es una de las razones por la que Lorenzo Silva se lanzó a escribir Castellano (Destino), “ver que para muchas personas los comuneros eran Padilla, Bravo y Maldonado y sólo esos tres nombres, incluso desconociendo quiénes eran y cuál era su carácter. A veces, la historia se nos da como listas de fechas, nombres y con una visión somera y empaquetada para que le demos determinado sentido”, explica a El Independiente.

La historia de los comuneros tiene mucho más calado. Los capitanes que se levantaron contra el rey con el apoyo de la mayoría de las ciudades que tenían representación las Cortes de Castilla y fueron derrotados por el monarca y condenados a muerte protagonizaron “una historia llena de complejidad, llena de recovecos y llena de matices”, mantiene Silva. Como afirma el escritor, en su momento se “despachó como un movimiento de nobles resentidos defendiendo su privilegios. Pero cuando entras en los documentos de las comunidades encuentras algo mucho más complejo, encuentras un reino que se articula frente a su monarca, porque su monarca tiene un agenda propia que empieza a ir contra los intereses del reino”, explica Silva. Carlos I de España está en ese momento volcado en sus intereses en el norte de Europa en vez de atender los asuntos del reino de Castilla, en plena expansión americana.

Es una revolución que reivindica la libertad, pero en todo momento esgrime la ley y en todo momento reivindica las leyes del reino».

lorenzo silva

La discrepancia entre el rey y su reino conduce a la revuelta, pero no es una revolución desordenada. “Es una revolución que reivindica la libertad, pero en todo momento esgrime la ley y reivindica las leyes del reino. Las transformaciones las quiere hacer a través de una Junta que es la Asamblea sucesora de las Cortes de Castilla y tiene juristas y se preocupa de que todo quede bien fijado en leyes justas y con legitimidad”, afirma. 

Lorenzo Silva considera que la idea detrás de los comuneros es “una idea muy moderna, es la primera mella en la monarquía absoluta que luego la recoge la tradición liberal y constitucionalista española, la recogen personajes como Modesto de Lafuente y Manuel Azaña que están detrás de la teoría del constitucionalismo español que acaba llegando a la Constitución de 1978”.

La aportación de los comuneros a la historia se está recuperando desde hace poco tiempo. “De hecho esta escultura es de 2015”, dice el escritor frente a la imagen forjada en bronce de Juan de Padilla.

Un viaje a la identidad castellana

Lorenzo Silva ha trabajado en esta novela durante diez años. Asegura que no quería hacer una novela histórica al uso y el resultado es lo que el autor ha definido como un viaje personal. “Yo he querido contar la historia de los comuneros de Castilla por cómo a mí me sirvió para descubrir mi identidad castellana y lo que en ella valoro. Es una invitación a todo el que se sienta castellano para que haga ese viaje a su manera, a lo mejor para encontrar cosas distintas a las que encontré yo”, afirma el autor.

Yo he querido contar la historia de los comuneros de Castilla por cómo a mí me sirvió para descubrir mi identidad castellana».

lorenzo silva

La identidad castellana que defiende Silva “no está hecha contra nadie sino desde el amor y entendiendo que los amores son compatibles, uno puede tener amor por su identidad castellana y por otras cosas que nos representan”, explica. 

Silva reivindica de Castilla como el lugar de nacimiento del castellano y el mensaje de las revolución de las comunidades de “aversión al vasallaje, de no aceptar ese vasallaje cuando viene impuesto por una dominación injusta». El escritor se aventura y pone dos ejemplos recientes y muy distintos. Uno el 15M, una explosión de personas descontentas contra el sistema”, y otro más reciente, la victoria de Ayuso, entendida como reacción contra el gobierno central. Esta vez no al grito de Libertad, pero sí como eslogan.