Evidentemente, es absurdo decir que el único que tiene la fortuna de seguir con vida de cuantos nos conmovieron musicalmente durante décadas pasadas, es el jefe. Sí hay que reconocer que es el único que deja claro que solamente los fuertes lo hacen. Only the strong survive, original de Jerry Butler:

Descubrimos estos días un disco que tiene trampa. Lógicamente se sobrevive y con buena salud musical si te permites quedarte en los clásicos del soul. Bueno, él puede hacerlo. Es sincero al rendir homenaje a la música que, como él mismo ha reconocido, le vio nacer como artista.

Sí, se ha orientado hacia la música soul porque así es como creció, y todos sus grandes mentores fueron grandes nombres de ese estilo musical como Sam Moore, por supuesto, James Brown, y componiendo, Smokey Robinson.

En esa onda nos podemos poner a bailar con su versión del clásico de Motown de 1965 de Frank Wilson Do I Love You (Indeed I do).

Usando el sonido especial del xilófono (un instrumento analógico donde los haya) y una producción que parece hecha mediante viajes en el tiempo, la propuesta casi parece un villancico. No está muy a favor de las campañas de mercadeo oportunista, pero tampoco es tonto, y estas navidades inflaccionistas serán duras para todos.

Dicen fuentes bien informadas que antes de sacar este álbum, el “boss” rechazó el equivalente a un álbum entero de canciones ya grabadas. Sí, es víctima frecuente de la obsesión y el perfeccionismo. Mandó a las cavernas del olvido esas interminables horas de estudio y trabajo a conciencia de músicos que no son elegidos al azar, precisamente. Por supuesto, siempre de la mano del productor Ron Aniello y el ingeniero Rob Lebret.

Nada más abrir el disco (que por supuesto recomiendo en su versión analógica) encontramos a un hombre de 73 años diciendo «ahora recuerdo a mi primer amor, por supuesto, todo salió mal». A partir de determinadas edades comenzamos a recordar mejor algunos episodios de nuestra juventud que lo que comimos ayer.

En la portada retro total de este nuevo disco de Bruce Springsteen llama la atención un clarísimo Volumen 1. Es muy probable, pues, que haya más. También es muy curiosa la selección de canciones. Jamás hubiera nadie hecho en los tiempos en los que usábamos nuestras “pletinas” una cinta de casete que tuviese a la vez clásicos como Turn Back the Hands of Time de Jimmy y David Ruffin, temas casi actuales como la canción de 2000 de Dobie Gray Soul Days o joyas como los Commodores (‘ Nightshift ‘ de 1985”) que ya fue adelanto del álbum:

Escuchando con atención la mezcla de sonidos, deja claro el jefe que la que manda en el disco es su voz. El “buen viejo”, como él mismo se define en el vídeo de presentación, sabe modular sus cuerdas para “rascar” cuando conviene, susurrar ásperamente o lanzar un grito a pleno pulmón. Se le nota a gusto, relajado, positivo. Un ser que se permite hacer lo que quiere con la música tiene licencia para disfrutarlo. Y eso a pesar de haber reconocido textualmente que “es difícil cantar las canciones de otra persona y hacer que suenen auténticas y que salgan de ti». Los verdaderos fans de la estrella de New Jersey saben que lo de hacer versiones de otros no es nuevo, pero nunca antes aparecieron rarezas como estas. No quiere caer en lo fácil. No imagino mejor forma de usar los pilares del soul haciendo sentido homenaje sin nostalgia.

En resumen, si alguien está buscando al hombre que nos inspiró en Born to run, nos emocionó con Hungry heart o nos hizo bailar hasta el terremoto con Dancing in the dark, no lo va a encontrar. Está mucho más cerca del sosiego alegre de alguien que desempolva sus viejos vinilos para recordar a los clásicos, mientras es capaz de recordar a su primer amor pero olvidar qué había bajado a comprar en el supermercado.