Cuando un hecho luctuoso, como una muerte repentina e inesperada, ocurre de manera traumática, siempre cabe preguntarse por las circunstancias de este, intentando recabar información, queriendo desvelar ese misterio de las horas previas del fallecido, con quién estaba, por qué se encontraba en ese lugar, qué es lo que pasó realmente y quién provocó la muerte.

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Aunque, a veces también, los familiares más cercanos, los que creían conocerlo mejor, los más sorprendidos después de la desgracia, quizá no quieran saber, quizá no quieran conocer la verdad o, al descubrirla, surjan otros secretos que ellos mismos guardaban para nadie. 

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Vicent River es, o puede ser, un ejemplo de todo esto. La obra de teatro de Philip Ridley, en este caso traducida y adaptada por Manuel Benito, trata un caso así a posteriori, es decir, los hechos ya han acaecido, la madre se muda para olvidar, y aparece el supuesto testigo o persona que ha encontrado el cadáver. 

Pilar Massa dirige esta intriga psicológica que trata del tema de la homofobia, pero no solo eso. En escena, y gracias al texto y la buena interpretación de la propia Pilar Massa y Eduardo Gallo, se van desgranando temas como la soledad, la ocultación y la verdad, el odio, los prejuicios sociales, la atracción física a pesar de la edad, el impacto social y emocional tras una trágica pérdida. Al final deberá haber sinceridad, honestidad, nada de tapujos por muy dolorosas que sean las realidades. 

Los engaños acaban descubriéndose, parece decirnos el autor. La luz hace más llevadera la ausencia, o al menos proporciona calma y serenidad. 

Un muerto muy vivo

En un espacio pequeño, casi opresor, se desarrolla la acción, donde dos personajes se van quitando las capas de la duda, en un crepúsculo de sus propias experiencias. La acción se desarrolla en tiempo real, según la obra de Ridley y, ciertamente, asistimos a esa transformación de los dos personajes, que van dejando caer su coraza, y se darán cuenta de que se necesitan más de lo que piensan, aunque no se conocieran anteriormente. 

Lo lamentable de todos estos temas es que, aunque parezca que vamos superando los prejuicios por las tendencias sexuales de cada cual, sigue habiendo hechos violentos de intolerancia homófoba.

Vicent River ya es un cuerpo en el recuerdo, pero su vida se derrama ansiosa para esclarecer, no tanto la verdad, como para mitigar el dolor profundo de dos personas que lo quisieron de manera muy distinta y la pérdida late sin rumbo en un espacio de sombras. 

La función se desarrollará paralelamente a otras actividades sobre delitos de odio, sobre el papel de la cultura en estos casos porque, además, hay veces que únicamente es a través del teatro, del cine, de la comunicación ficticia, del arte en general, la manera de despertar y abrir los ojos a estos abandonos sociales, a estos crímenes que, más de lo que quisiéramos, pasan inadvertidos, absortos como estamos en economías, noticias falsas y pensamientos vacíos. 

'Vincent River', de Philip Ridley, en versión de Manuel Benito y dirigida por Pilar Massa, en el Teatro Fernán Gómez hasta el 22 de febrero.